Ruta por los castillos de
Selandia: Fredensborg, Frederiksborg, Kronborg y Roskilde
La ruta más espectacular de Dinamarca
Si
Copenhague representa el alma cosmopolita de Dinamarca, el norte de la isla de Selandia
permite descubrir su pasado más noble. A lo largo de apenas doscientos
kilómetros se suceden algunos de los castillos más impresionantes del país,
palacios reales, pueblos marineros, museos vikingos y paisajes costeros que
convierten esta ruta en una de las excursiones más recomendables desde la
capital.
En un solo
día es posible recorrer la llamada Riviera Danesa, visitar las
residencias de la monarquía, adentrarse en el castillo que inspiró el Hamlet
de Shakespeare y terminar contemplando auténticos barcos vikingos con más de
mil años de historia.
A todo ello
hay que añadir pequeños pueblos con encanto, excelentes restaurantes junto al
mar y alojamientos rurales llenos de personalidad.
Índice
- La Riviera Danesa
- Parque de los Ciervos
(Dyrehaven)
- Bakken, el parque de
atracciones más antiguo del mundo
- La casa de Karen Blixen
- Museo Louisiana
- Palacio de Fredensborg
- Castillo de Frederiksborg
- Castillo de Kronborg
- Helsingør
- Gilleleje
- Roskilde
- Museo de Barcos Vikingos
- Ledreborg y Lejre
- Trelleborg
- Dragsholm
- Nuestros alojamientos
- Consejos para la ruta
La Riviera Danesa
Abandonamos
Copenhague rumbo al norte de Selandia en dirección a Helsingør, situada
a unos cincuenta kilómetros de la capital.
Los primeros
kilómetros transcurren por una cómoda autopista, pero pronto decidimos
abandonarla para recorrer la carretera costera, conocida como la Riviera
Danesa.
Fue todo un
acierto.
El paisaje
cambia completamente: pequeñas playas, puertos deportivos, bosques, elegantes
urbanizaciones y un ambiente mucho más relajado acompañan el trayecto hasta
Helsingør.
A lo largo
del recorrido hicimos varias paradas que, por sí solas, ya justifican recorrer
esta carretera.
Parque de los Ciervos
(Jægersborg Dyrehave)
Nuestra
primera parada fue Jægersborg Dyrehave, declarado Patrimonio Mundial por
la UNESCO.
Este enorme
bosque, de unas mil hectáreas, fue creado en el siglo XIII como coto de caza
del rey Valdemar II y hoy constituye uno de los espacios naturales más
apreciados por los habitantes de Copenhague.
Nada más entrar comenzaron a aparecer ciervos. Paseaban tranquilamente entre los árboles, completamente acostumbrados a la presencia de personas.
En el centro
del parque se encuentra el Palacio del Ermitage, un elegante pabellón de
caza mandado construir por Christian VI en el siglo XVIII.
Bakken, el parque de atracciones más antiguo del mundo
Junto al
Parque de los Ciervos se encuentra Bakken, considerado el parque de
atracciones en funcionamiento más antiguo del mundo.
Abrió sus
puertas en 1583, más de dos siglos antes que Tivoli.
Aunque
dispone de modernas atracciones, conserva un aire clásico muy diferente al de
otros parques europeos.
Nos
limitamos a pasar por su lado, ya que nuestro
objetivo principal era continuar hacia los palacios del norte de Selandia.
La casa de Karen Blixen
A pocos
kilómetros de allí se encuentra Rungstedlund, la residencia donde vivió Karen
Blixen, autora de Memorias de África.
La casa,
situada frente al mar y rodeada de jardines, se ha convertido en un interesante
museo dedicado a la escritora.
Merece la pena acercarse para contemplar el entorno que inspiró buena
parte de su obra.
La siguiente
parada fue el Museo Louisiana de Arte Moderno.
Su colección
incluye obras de Picasso, Giacometti, Calder, Francis Bacon, Henry Moore y
muchos otros artistas fundamentales del siglo XX.
Sin embargo,
aquel día encontramos una larguísima cola para acceder.
Decidimos
cambiar los cuadros por el paisaje.
Bajamos
hasta la pequeña playa situada bajo el museo y disfrutamos de las vistas del
mar y de los jardines, donde ya podían contemplarse algunas esculturas al aire
libre.
Fue una
magnífica alternativa.
Nuestra
opinión
Aunque finalmente no visitamos el museo, el entorno nos pareció espectacular. Si dispones de tiempo y no coincide con un día de máxima afluencia, creemos que merece mucho la pena incluirlo en la ruta.
Palacio de Fredensborg, la
residencia de verano de la familia real
Abandonamos
la costa durante unos ocho kilómetros para dirigirnos hacia el interior de Selandia,
donde nos esperaba Fredensborg, una tranquila localidad conocida por
albergar una de las residencias favoritas de la monarquía danesa.
El
protagonista absoluto del pueblo es el Palacio de Fredensborg,
construido entre 1719 y 1722 por orden del rey Federico IV. Su nombre, que
significa «Castillo de la Paz», conmemora el final de la Gran Guerra del
Norte.
A diferencia
de otros palacios históricos, Fredensborg continúa utilizándose como residencia
oficial de la familia real durante la primavera y el verano. Por ese motivo,
gran parte del edificio solo puede visitarse en determinadas fechas.
Aunque el
acceso al interior estaba restringido, el paseo por el exterior ya merece la
pena. El edificio, de elegantes proporciones barrocas, se integra perfectamente
en el paisaje que forman el lago Esrum y los extensos jardines que lo rodean.
El cambio de guardia
Llegamos justo cuando comenzaba el cambio de guardia.
Siempre resulta curioso comprobar cómo una ceremonia militar puede convertirse en un atractivo turístico. Uniformes impecables, marchas perfectamente sincronizadas y solemnidad.
Los jardines del palacio
Tras
contemplar el relevo de la guardia paseamos por los jardines.
Grandes
avenidas arboladas, esculturas, estanques y parterres perfectamente cuidados
descienden suavemente hasta la orilla del lago.
Es un lugar
pensado para caminar sin prisas y disfrutar de la tranquilidad.
Consejo
viajero
Aunque el
interior no siempre puede visitarse, recomendamos acercarse igualmente hasta
Fredensborg. El entorno y los jardines justifican la parada.
El pueblo de Fredensborg
La calle
principal parte prácticamente desde el palacio.
Encontramos un pueblo pequeño, muy cuidado y tranquilo.
En la plaza nos
llamó la atención una antigua cabina telefónica reconvertida en biblioteca
pública, donde cualquiera podía coger un libro o dejar otro.
Es uno de
esos pequeños detalles que reflejan perfectamente la confianza y el civismo que
caracterizan a los países nórdicos.
Aprovechamos
para comer en una cafetería del centro. Elegimos unos kebabs, hamburguesas y
refrescos por 110 coronas danesas.
Apenas dos
kilómetros separan Fredensborg de Hillerød, donde se encuentra el que,
para nosotros, fue uno de los castillos más impresionantes de todo el viaje.
El Castillo
de Frederiksborg parece sacado de un cuento.
Construido sobre tres pequeños islotes en medio de un lago, combina puentes, fosos, torres y tejados de cobre verde formando una de las imágenes más icónicas de Dinamarca.
Un palacio reconstruido por Christian IV
El primer
castillo fue levantado por Federico II durante el siglo XVI.
Años
después, el gran impulsor de la arquitectura danesa, Christian IV,
decidió derribarlo casi por completo para construir una residencia mucho más
ambiciosa, reflejo del poder de la monarquía.
El resultado
fue el edificio que contemplamos hoy.
Tras un
grave incendio en 1859 volvió a reconstruirse respetando fielmente su aspecto
original.
Actualmente alberga el Museo de Historia Nacional de Dinamarca.
El tratado de paz de 1720 entre Dinamarca y Suecia se firmó aquí.
Qué ver en Frederiksborg
Aunque es
posible visitar los salones históricos, nosotros preferimos dedicar más tiempo
a recorrer el exterior.
Los patios
interiores permiten apreciar la riqueza decorativa del edificio, mientras que
los jardines barrocos ofrecen algunas de las mejores vistas del conjunto.
Canales,
fuentes, esculturas y grandes avenidas geométricas convierten el parque en una
auténtica prolongación del palacio.
Fue una de esas visitas que invitan simplemente a disfrutar del lugar.
Nuestra
opinión
Si solo
pudieras visitar un castillo en Dinamarca, probablemente elegiríamos
Frederiksborg.
Su ubicación, su arquitectura y los jardines forman uno de los conjuntos monumentales más bellos del país.
Helsingør, la puerta del
Báltico
Desde
Hillerød continuamos hacia Helsingør, situada a unos quince kilómetros.
Durante siglos esta ciudad controló el tráfico marítimo que atravesaba el estrecho de Øresund, obligando a los barcos a pagar un impuesto para continuar hacia el mar Báltico. Gracias a ello llegó a convertirse en una de las ciudades más prósperas del reino.
Hoy conserva
un atractivo casco histórico de calles empedradas, fachadas de colores y
animadas terrazas.
Pero el
verdadero motivo de nuestra visita nos esperaba junto al mar.
Castillo de Kronborg, el
castillo de Hamlet
Pocas
fortalezas poseen una ubicación tan espectacular como Kronborg.
Levantado
sobre un estrecho promontorio frente al mar, domina el paso entre Dinamarca y
Suecia, separadas aquí por apenas cuatro kilómetros de agua.
Decenas de
ferris cruzan continuamente el estrecho, recordando la enorme importancia
estratégica que tuvo este lugar durante siglos.
La fortaleza
fue construida por Federico II en el siglo XVI y posteriormente ampliada por
Christian IV.
En el año
2000 fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
El castillo de Shakespeare
Aunque
históricamente el castillo siempre fue Kronborg, muchos lo
conocen como el castillo de Hamlet.
William
Shakespeare eligió este escenario —al que llamó Elsinore— para situar
una de las tragedias más célebres de la literatura universal.
Gracias a
ello, el castillo se ha convertido en un lugar de peregrinación para amantes de
la historia y de la literatura.
Holger Danske, el héroe que duerme
En las
galerías subterráneas se encuentra una de las esculturas más queridas por los
daneses.
Se trata de Holger
Danske, el héroe legendario que, según la tradición, permanece dormido bajo
Kronborg.
La leyenda
afirma que despertará únicamente cuando Dinamarca se encuentre amenazada por un
grave peligro.
Sentado, con
la espada apoyada y el enorme escudo a su lado, transmite una sensación de
fuerza y serenidad que impresiona incluso a quienes desconocen la historia.
Fue, sin
duda, uno de los rincones que más nos sorprendió del castillo.
Paseando alrededor de Kronborg
Antes de
abandonar la fortaleza decidimos rodearla completamente.
Por la parte
posterior descubrimos una pequeña playa frecuentada por pescadores locales.
Desde allí
se obtienen magníficas vistas del estrecho de Øresund y de la costa sueca.
A veces los
mejores recuerdos no están dentro de los monumentos, sino en los paseos que los
rodean.
Fue exactamente lo que nos ocurrió aquí.
Nuestra valoración
Kronborg
reúne historia, arquitectura, literatura y paisaje en un mismo lugar.
Si
Frederiksborg nos pareció el castillo más hermoso, Kronborg fue, sin duda, el
más emocionante por todo lo que representa.
Para
nosotros, ambos forman una visita absolutamente imprescindible en cualquier
viaje por Dinamarca.
Helsingør, Gilleleje y
Roskilde: del castillo de Hamlet a la capital vikinga de Dinamarca
Helsingør, mucho más que el castillo de Kronborg
Después de
visitar Kronborg dedicamos un tiempo a recorrer el casco histórico de Helsingør,
una ciudad que suele quedar eclipsada por su famoso castillo y que, sin
embargo, merece una visita pausada.
Sus calles
empedradas, dispuestas en una cuadrícula, las casas de colores, las plazas tranquilas y el animado puerto
conservan el ambiente de una antigua ciudad comercial que prosperó gracias al
control del estrecho de Øresund.
Durante
siglos, todos los barcos que querían acceder al mar Báltico debían pagar aquí
el llamado «Peaje del Sund», una de las principales fuentes de riqueza
de la Corona danesa.
El puerto
Nos
acercamos hasta el puerto deportivo, lleno de pequeños veleros y embarcaciones
de recreo.
En el puerto se situa un museo con la forma de un barco vikingo y “HAN” “EL SIRENITO” sentado en la punta del espigón.
Desde el
muelle parten continuamente ferris hacia la ciudad sueca de Helsingborg,
situada a tan solo cuatro kilómetros.
Contemplar
ambas orillas al mismo tiempo hace comprender la enorme importancia estratégica
que siempre tuvo este estrecho.
Nuestra
opinión
Si dispones
de tiempo, no abandones Helsingør nada más visitar Kronborg. El centro
histórico es pequeño, muy agradable y permite descubrir una cara mucho más
auténtica de la ciudad.
Continuamos
nuestra ruta siguiendo la costa norte de Selandia hasta llegar a Gilleleje,
uno de los puertos pesqueros con más encanto de Dinamarca.
Las casas blancas con tejados rojizos, las pequeñas embarcaciones amarradas junto al puerto y el ambiente tranquilo transmiten la sensación de haber retrocedido varias décadas.
En el puerto encontramos un FABULOSO PATIO DE COMIDAS. Las mesas en el centro y los diversos puestos a su alrededor. NOS TOMAMOS UNA MARISCADA, (gambas, mejillones, langosta, camarones). Con las cervezas 168DKK
Un pueblo con historia
Durante la
Segunda Guerra Mundial, Gilleleje desempeñó un papel fundamental en el rescate
de numerosos judíos daneses, que fueron trasladados clandestinamente desde este
puerto hasta la vecina Suecia.
Hoy varios monumentos recuerdan aquel episodio de solidaridad.
Rumbo a Roskilde,
Después de
recorrer la costa iniciamos el camino hacia el oeste de la isla.
Nuestro
siguiente destino era Roskilde, una de las ciudades con mayor
importancia histórica de Dinamarca.
Su nombre significa “manantial de Ro”
Es una mediana ciudad, más antigua que Copenhague. Se remonta a los vikingos, al 998.
Durante la Edad Media fue la capital del reino, sede episcopal e importante centro comercial. Todavía hoy conserva algunos de sus monumentos más emblemáticos.
Sus calles comerciales desembocan en la gran protagonista de la visita: la Catedral de Roskilde, visible desde numerosos puntos de la ciudad gracias a sus altas torres de ladrillo rojo. Alberga el PANTEÓN DE LOS REYES DANESES
Catedral de Roskilde
Declarada Patrimonio
Mundial por la UNESCO, la Catedral de Roskilde constituye uno de los
edificios religiosos más importantes de Escandinavia.
Construida
entre los siglos XII y XIII, está considerada uno de los primeros grandes
templos góticos levantados en ladrillo del norte de Europa.
Pero su
verdadera importancia radica en otra circunstancia.
Aquí
descansan la mayoría de los reyes y reinas de Dinamarca desde el siglo XV.
En su
interior pueden contemplarse decenas de capillas funerarias pertenecientes a
las distintas dinastías que gobernaron el país.
Pasear por ellas supone realizar un auténtico recorrido por la historia de la monarquía danesa.
Paseando por el centro
histórico
Tras la
visita a la catedral recorrimos tranquilamente las calles del centro.
Encontramos
numerosas cafeterías, pequeñas tiendas y plazas muy agradables donde hacer una
pausa.
Roskilde
transmite una sensación de calma difícil de encontrar en las grandes capitales.
Museo de Barcos Vikingos
Si hay una
visita imprescindible en Roskilde, además de la catedral, es el Museo de
Barcos Vikingos.
Pocas veces
un museo supera las expectativas con tanta claridad.
Los barcos
fueron hundidos deliberadamente hacia el año 1070 para bloquear la entrada al
puerto y proteger la ciudad de posibles ataques.
Tras siglos
bajo el agua fueron recuperados y cuidadosamente restaurados.
Hoy constituyen una de las colecciones vikingas más importantes del mundo.
En otras salas se exponían objetos vikingos,
En otra podías probarte sus trajes, colocarte sus cascos, subir a la reproducción de un drakkar.
En la planta baja se mostraban las labores de recuperación.
Mucho más que un museo
Lo que hace
especial este lugar es que no se limita a exponer piezas arqueológicas.
En los
talleres anexos trabajan artesanos especializados en reproducir embarcaciones
utilizando exactamente las mismas técnicas empleadas hace mil años.
Durante
nuestra visita pudimos observar cómo daban forma a la madera con herramientas
tradicionales.
También es posible navegar en réplicas de barcos vikingos durante la temporada estival, una experiencia muy recomendable para quienes viajan con niños.
Al caer la tarde emprendimos el camino hacia nuestro alojamiento.
Había sido un día intenso, repleto de castillos, palacios, pueblos marineros y vestigios vikingos.
Mirando
atrás, comprendimos que el norte de Selandia ofrece mucho más que una simple
excursión desde Copenhague.
Es un
recorrido por la historia de Dinamarca, desde la época de los reyes
renacentistas hasta el legado de los navegantes vikingos, pasando por algunos
de los paisajes más bellos del país.
Dónde alojarse durante la ruta por Selandia
Uno de los aspectos que más recordamos de este viaje no fueron únicamente los castillos o los paisajes, sino también los lugares donde nos alojamos.
En lugar de optar por grandes hoteles, preferimos buscar pequeños establecimientos familiares. Esa decisión nos permitió conocer una Dinamarca mucho más cercana y auténtica.
En ocasiones, el alojamiento termina formando parte del propio viaje.
Eso fue exactamente lo que nos ocurrió en esta etapa.
LA CASA DE SANANDA: Una casa con mucho encanto
Aquella noche nos alojamos en una pequeña casa rural situada en plena naturaleza.
Situada en la ALDEA DE HVALSO, a 22km de Roskilde. C/ Tollosevef 66.
250DKK-17€pp
Nada más llegar comprendimos que no se trataba de un alojamiento cualquiera.
El jardín y la peculiar decoración de la casa parecía un pequeño universo propio: esculturas orientales, árboles centenarios, estanques, pavos reales paseando libremente, loros, gatos y multitud de flores creaban un ambiente casi mágico.
La propietaria, Sananda, nos recibió con una enorme amabilidad y nos hizo sentir como si llegáramos a casa de unos amigos.
Mientras nos enseñaba el alojamiento nos fue contando algunas historias sobre la finca y su forma de entender la vida.
Una hospitalidad difícil de olvidar
A menudo se habla de monumentos o paisajes, pero pocas veces se menciona a las personas que uno encuentra durante el viaje.
Sin embargo, son precisamente esos encuentros los que acaban marcando la diferencia.
Sananda nos abrió las puertas de su casa con una naturalidad extraordinaria.
Compartimos recomendaciones sobre Dinamarca, hablamos de nuestros viajes y terminamos pasando un buen rato conversando antes de retirarnos a descansar.
Fue uno de esos momentos imposibles de planificar.
Después de completar esta ruta, estos son los consejos que consideramos más útiles:
- Reserva al menos un día completo; dos si quieres visitar los interiores de los castillos con calma.
- Recorre la Riviera Danesa en lugar de utilizar siempre la autopista.
- Dedica tiempo a pasear por los jardines de Frederiksborg.
- No visites únicamente el castillo de Kronborg: reserva también un rato para conocer la ciudad donde se ubica: Helsingør.
- Incluye Roskilde y el Museo de Barcos Vikingos en el itinerario.
- Si viajas en verano, reserva con antelación las entradas a los principales castillos.
- Busca alojamientos rurales: forman parte de la experiencia.
Presupuesto orientativo
Los precios pueden variar según la temporada, pero como referencia:
| Concepto | Precio aproximado |
|---|---|
| Entrada Frederiksborg | 90-120 DKK |
| Entrada Kronborg | 95-145 DKK |
| Museo Barcos Vikingos | 160 DKK |
| Comida en restaurante | 180-300 DKK |
| Smørrebrød | 40-80 DKK por unidad |
| Café | 35-50 DKK |
¿Merece la pena esta ruta?
Sin ninguna duda.
Muchos viajeros dedican todo su tiempo a Copenhague y regresan sin conocer una de las regiones más interesantes del país.
Selandia reúne castillos renacentistas, residencias reales, pueblos marineros, museos de primer nivel y algunos de los paisajes más agradables de Dinamarca.
Además, las distancias son cortas, las carreteras están en excelente estado y conducir resulta muy sencillo.
Si dispones de dos o tres días adicionales, creemos que esta ruta es una de las mejores excursiones que pueden hacerse desde la capital.
¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer la ruta?
Lo ideal son dos días, aunque es posible visitar los principales lugares en una jornada muy intensa.
¿Es necesario alquilar un coche?
Sí. Aunque algunos destinos son accesibles en transporte público, el coche ofrece mucha más libertad para detenerse en pueblos, playas y miradores.
¿Qué castillo merece más la pena?
Si buscas el más espectacular, elegiríamos Frederiksborg. Si prefieres el más simbólico e histórico, Kronborg ocupa el primer lugar.
¿Es recomendable para viajar con niños?
Sí. Los jardines, los castillos, Bakken y el Museo de Barcos Vikingos convierten la ruta en una excelente opción para familias.
Nuestra valoración
Después de recorrer Selandia entendimos que Dinamarca es mucho más que Copenhague.
Los castillos impresionan por su belleza, los pueblos costeros conservan un encanto especial y Roskilde permite descubrir el extraordinario legado vikingo del país.
Pero, por encima de todo, nos quedamos con la sensación de haber conocido una Dinamarca tranquila, cercana y auténtica, donde cada carretera secundaria, cada pequeño puerto y cada conversación inesperada terminaban formando parte del viaje.
Sin duda, volveríamos a recorrer esta ruta.

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