sábado, 31 de agosto de 2019

LAGO NAM TSO

Lago Nam Tso, el lago sagrado del Tíbet: una ruta entre nómadas y montañas 

El lago Nam Tso, uno de los grandes lagos sagrados del Tíbet, cautiva por el azul intenso de sus aguas, la inmensidad de sus paisajes y la silueta de la cordillera Nyenchen Tanglha, que se eleva majestuosa en el horizonte. 

A más de 4.700 metros de altitud, este lugar combina la belleza salvaje de la meseta tibetana con una profunda espiritualidad. 

Sus orillas albergan capillas excavadas en la roca, chortens, banderas de oración y senderos de peregrinación que invitan a recorrerlo sin prisas. 

Cuando las montañas se reflejan en el lago y la luz transforma el paisaje, el Nam Tso ofrece una de esas imágenes que permanecen para siempre.


En este artículo encontrarás…

  1. De Shigatse al lago Nam Tso: una larga jornada por el Tíbet
  2. La carretera de la Amistad y el camino hacia el Everest
  3. Nyemo: una parada en el Tíbet rural
  4. El lago Nesum Tsok: pastores nómadas y paisajes de montaña
  5. Yangpachen y la ruta al monasterio de Tsurpu
  6. El paso Largen: la primera visión del Nam Tso
  7. Tashi Do: dormir junto al lago sagrado
  8. La kora del lago Nam Tso al atardecer
  9. Consejos para visitar el lago Nam Tso
  10. Nuestra impresión del lago Nam Tso

1. De Shigatse al lago Nam Tso: una larga jornada por el Tíbet

Salimos de Shigatse. Nos esperaban unos 350 kilómetros hasta el lago Nam Tso, una de las grandes maravillas naturales del Tíbet y un lugar sagrado para los tibetanos.

Desde Shigatse tomamos la carretera de la Amistad, en dirección este. La vía tenía dos carriles y buen asfalto, y avanzaba paralela al río Yarlung Tsangpo, el gran curso de agua.

2. La carretera de la Amistad y el camino hacia el Everest

Hacia el oeste: la ruta del Everest y la frontera con Nepal

Aunque nuestro destino quedaba hacia el este, la carretera de la Amistad también nos hizo recordar la ruta occidental, que conduce hacia algunos de los lugares más conocidos del Tíbet.

En dirección oeste se encuentran, entre otros:

  • El monasterio de Sakya 
  • Lhatse, importante cruce de caminos desde el que se abren rutas hacia el Tíbet occidental y hacia la frontera nepalesa. 
  • Tingri constituye uno de los accesos habituales a la región del Everest, 
  • Nyalam y Zhangmu se encuentran en el corredor que conduce a Nepal.

Everest o Qomolangma: la montaña del universo

Es la montaña más alta del mundo sobre el nivel del mar. 

Su nombre tibetano suele traducirse como «Madre del Mundo» o «Diosa Madre del Universo», aunque existen distintas interpretaciones etimológicas.

La denominación Everest fue propuesta por Andrew Waugh, sucesor de George Everest como responsable del levantamiento topográfico de la India británica. George Everest se había mostrado contrario a utilizar su apellido para nombrar la montaña y prefería respetar los nombres locales. La Royal Geographical Society adoptó oficialmente el nombre Everest en 1865.

En 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron por primera vez la cima en una ascensión confirmada. Antes habían fracasado numerosas expediciones. Entre las historias más célebres figura la de George Mallory y Andrew Irvine, desaparecidos durante un intento de ascensión en 1924. Nunca se ha podido confirmar si llegaron a la cumbre antes de morir.

A la pregunta de por qué escalar el Everest se atribuye a Mallory la célebre respuesta: «Porque está ahí». Una frase que resume la fascinación que las grandes montañas han ejercido sobre los viajeros.

Lo habitual es acceder desde Tingri, de donde parte el desvío hacia la zona del Everest y su campamento base por la vertiente tibetana. 

En nuestro viaje se hablaba de un permiso adicional y de tarifas específicas para el vehículo y los viajeros. Estos requisitos y precios son históricos: conviene comprobar las condiciones de acceso vigentes antes de organizar la visita.

Pero nosotros no nos dirigíamos hacia el Everest. Nuestro camino continuaba hacia el este, siguiendo el curso del Yarlung Tsangpo antes de abandonar la carretera principal y adentrarnos en las montañas.

El paisaje fluvial acompañó buena parte del trayecto. En la otra orilla divisamos el monasterio de Yungdrungling, vinculado a la tradición religiosa Bön, anterior a la expansión del budismo en el Tíbet.

3. Nyemo: una parada en el Tíbet rural

Tras dejar la carretera de la Amistad, tomamos el desvío hacia el norte. La primera parada importante fue Nyemo, una población de carácter rural cuyo centro estaba presidido por el monasterio de Bepumo.

Entramos en un restaurante local. Las instalaciones eran sencillas y las limitaciones evidentes, pero la comida resultó estupenda. Pedimos fideos tibetanos, chow mein, arroz y momos, las tradicionales empanadillas tibetanas.

La cuenta fue de 48 yuanes en total, unos 10 yuanes por persona, alrededor de 1,20 euros

Después de Nyemo, los campos de cereales fueron dando paso a un paisaje más agreste.

El camino terminó convirtiéndose en una pista de montaña que serpenteaba entre valles. Era dura e incómoda, pero también extraordinariamente hermosa.


4. El lago Nesum Tsok: pastores nómadas y paisajes de montaña

La siguiente parada fue Nesum Tsok, un lago solitario encajado entre las montañas. 

Las cumbres formaban un gran circo natural y se reflejaban en sus aguas cristalinas, creando una estampa difícil de olvidar.

Allí nos encontramos con los drokpas, los pastores nómadas tibetanos. Algunos habían encendido una hoguera para calentar sus teteras; otros vigilaban sus rebaños de ovejas, cabras y yaks.

La escena parecía ajena al paso del tiempo. El humo ascendía lentamente, los animales pastaban en libertad y las montañas rodeaban aquel pequeño mundo. 

5. Yangpachen y la ruta al monasterio de Tsurpu

Seguimos por la pista y llegamos a Yangpachen, conocida por su monasterio y sus aguas termales.

Desde esta zona parte una popular ruta de senderismo de varios días que une Yangpachen con el monasterio de Tsurpu, uno de los centros religiosos más importantes de la tradición Karma Kagyu.

 Tsurpu está estrechamente ligado a los Karmapas, conocidos por el uso ceremonial del sombrero negro.

Nosotros visitaríamos el monasterio al día siguiente, utilizando nuestro vehículo.

Después salimos a la carretera Qinghai-Tíbet, una de las principales vías de entrada al Tíbet desde el interior de China. El tráfico de camiones y vehículos pesados era considerable. A nuestro lado avanzaba también la línea ferroviaria, que atraviesa la meseta tibetana.

A la izquierda se alzaba la cordillera Nyenchen Tanglha, con cumbres que superan los siete mil metros. Su perfil nos acompañaría durante buena parte del recorrido y se convertiría en el telón de fondo de nuestro destino: el lago Nam Tso.

6. El paso Largen: la primera visión del Nam Tso

Tomamos el desvío hacia el lago. 

Alcanzamos el paso Largen, a unos 5.190 metros de altitud. El viento agitaba las banderas de oración y, desde aquel mirador natural, se abrían unas vistas magníficas sobre el lago.

La carretera descendía después hacia la orilla. A lo largo del camino se sucedían los campamentos de los drokpas, con sus rebaños y sus tiendas.

A 5190m de altura




La altitud: una precaución imprescindible

El paso se encuentra por encima de los 5.000 metros, una altitud en la que el riesgo de mal de altura es importante. En nuestro caso, tras ya muchos diez días recorriendo el Tíbet, nos encontrábamos bien aclimatados y no notamos síntomas.

Eso no significa que la aclimatación elimine el riesgo ni que exista un número de días que garantice la seguridad. El ascenso debe hacerse progresivamente, prestando atención a cualquier síntoma y evitando continuar hacia cotas superiores si aparecen dolor de cabeza intenso, náuseas, mareo o dificultad respiratoria. La confusión o la falta de aire en reposo requieren atención médica.

7. Tashi Do: dormir junto al lago sagrado

Llegamos al campamento de Tashi Do, junto a la orilla del lago y al pie de la montaña sagrada.

El campamento era una explanada ocupada por varios barracones de aspecto bastante desangelado. 

Nos instalamos en el Sheep Hotel, donde cinco camas se apretujaban en una misma habitación.

Era un alojamiento muy básico, pero tenía una ventaja insuperable: desde el campamento apenas había que caminar cien metros para alcanzar la orilla del Nam Tso.

40 yuanes por persona,  4,5 euros. 

Tomamos un refresco en el restaurante y salimos a caminar. El cielo comenzaba a cambiar de color y la luz de la tarde transformaba las montañas y las aguas del lago.

Frente a nosotros se levantaba la cordillera Nyenchen Tanglha, cuya silueta se reflejaba en el azul del Nam Tso. 

Aquella combinación de agua, roca y nieve parecía una postal.

8. La kora del lago Nam Tso al atardecer

En el budismo tibetano, una kora es una peregrinación ritual que consiste en caminar alrededor de un lugar sagrado, siguiendo tradicionalmente el sentido de las agujas del reloj. Puede rodear un templo, una montaña, un lago o cualquier otro espacio venerado.

El recorrido junto al Nam Tso discurría a los pies de una colina rocosa. A lo largo del sendero aparecían ruedas de oración, chortens, pequeñas capillas y otros elementos religiosos que daban al paisaje una dimensión espiritual.

El monasterio de Tashi Do y las ermitas de la montaña

Uno de los lugares que descubrimos durante la caminata fue el conjunto religioso de Tashi Do, con pequeñas capillas integradas en la roca. 

En la principal entramos en una cueva donde se encontraba una imagen de Guru Rinpoche, también conocido como Padmasambhava, una figura fundamental en la tradición budista tibetana.

Continuamos por el sendero y encontramos más capillas escondidas entre grietas y oquedades, pequeños rincones escogidos por los ermitaños en busca de recogimiento.

El camino también estaba salpicado de pinturas rupestres, chortens y manis, piedras grabadas con mantras y símbolos religiosos. 

En uno de los puntos del recorrido, dos grandes rocas se aproximaban hasta formar una abertura que recordaba a dos manos juntas en oración. La tradición local asociaba el paso entre ellas con la buena suerte. No íbamos a dejar escapar la oportunidad: atravesamos el hueco y seguimos caminando.








El atardecer sobre el Nam Tso

A medida que avanzaba la tarde, la luz se volvió más cálida y las montañas fueron adquiriendo tonos cada vez más profundos. El lago reflejaba el cielo y la silueta del Nyenchen Tanglha, mientras las banderas de oración se movían con el viento.

El paisaje parecía inmenso y, al mismo tiempo, íntimo. A nuestro alrededor se mezclaban la naturaleza y la espiritualidad: las aguas sagradas, las capillas excavadas en la roca, las piedras grabadas y las montañas que dominaban el horizonte.

Regresamos al campamento ya de noche, con la sensación de haber vivido uno de esos momentos que justifican por sí solos una larga ruta.






Subir a la colina de Tashi Do

Desde el entorno del alojamiento se veía una escalera que permitía ascender hacia la colina.

No llegamos a hacerlo, pero la posibilidad de contemplar el lago desde una perspectiva más elevada resultaba tentadora.

Cenamos en restaurante del campamento: filetes yak patatas+arroces 110Y-22Yuans pp (2.5€pp) También aquí desayunamos: tortilla y zumo naranja. 24Yuans



9. Consejos para visitar el lago Nam Tso

Aclimatarse antes de subir. El Nam Tso se encuentra a gran altitud y el paso Largen supera los 5.000 metros. No conviene plantear la visita al inicio del viaje.

Consultar los permisos y las condiciones de acceso. Durante nuestro viaje había controles y tarifas para entrar con vehículo. Los requisitos actuales pueden ser distintos y deben verificarse antes de salir.

Llevar ropa de abrigo. Incluso en verano, el viento y las temperaturas junto al lago pueden ser muy fríos, especialmente al anochecer.

No subestimar la pista de montaña. Algunos tramos pueden ser incómodos y las condiciones variar según el tiempo y el estado del firme.

Respetar los lugares sagrados. Durante la kora, es importante seguir las costumbres locales, no alterar las ofrendas y pedir permiso antes de fotografiar a personas o espacios religiosos cuando corresponda.

No confiarse con la altitud. Encontrarse bien tras varios días de aclimatación es positivo, pero no garantiza que no aparezca mal de altura. Hay que evitar esfuerzos bruscos y estar atentos a los síntomas.

Comprobar los alojamientos. La oferta junto al lago puede ser sencilla y estacional. Es recomendable verificar la disponibilidad, las condiciones y los servicios antes de viajar.

Los precios que aparecen en este relato corresponden a nuestro viaje de 2011 y se incluyen como parte de la experiencia, no como tarifas actuales.

10. Nuestra impresión del lago Nam Tso

El lago Nam Tso nos regaló una de las jornadas más memorables del viaje por el Tíbet. No fue solo la belleza del destino, sino todo lo que encontramos en el camino: las aguas tranquilas de Nesum Tsok, los pastores nómadas junto a sus rebaños, las pistas que atravesaban valles solitarios y las cumbres de la cordillera Nyenchen Tanglha.

La llegada al paso Largen fue emocionante, pero el verdadero regalo llegó después, al caminar junto a la orilla y descubrir las pequeñas capillas escondidas entre las rocas. La kora nos permitió acercarnos al lago de una forma diferente, siguiendo un sendero en el que cada detalle —una piedra grabada, una bandera de oración o una ermita— parecía formar parte de un paisaje espiritual.

Y entonces cayó el sol. El azul del agua, la montaña reflejada y el silencio de aquel lugar se combinaron en una imagen difícil de describir sin caer en los tópicos.

El alojamiento era precario, la jornada había sido larga y la altitud imponía respeto. Nada de eso importaba demasiado en aquel momento.

El Nam Tso no fue únicamente un lago que visitar, sino un paisaje que vivir y una experiencia que permanecería en la memoria mucho después de abandonar sus orillas.

 


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