Lago Nam Tso, el lago sagrado
del Tíbet: una ruta entre nómadas y montañas
El lago Nam Tso, uno de los grandes lagos sagrados del Tíbet, cautiva por el azul intenso de sus aguas, la inmensidad de sus paisajes y la silueta de la cordillera Nyenchen Tanglha, que se eleva majestuosa en el horizonte.
A más de 4.700 metros de altitud, este lugar combina la belleza salvaje de la meseta tibetana con una profunda espiritualidad.
Sus orillas albergan capillas excavadas en la roca, chortens, banderas de oración y senderos de peregrinación que invitan a recorrerlo sin prisas.
Cuando las montañas se reflejan en el lago y la luz transforma el paisaje, el Nam Tso ofrece una de esas imágenes que permanecen para siempre.
En este artículo encontrarás…
- De Shigatse al lago Nam Tso:
una larga jornada por el Tíbet
- La carretera de la Amistad y el
camino hacia el Everest
- Nyemo: una parada en el Tíbet
rural
- El lago Nesum Tsok: pastores
nómadas y paisajes de montaña
- Yangpachen y la ruta al
monasterio de Tsurpu
- El paso Largen: la primera
visión del Nam Tso
- Tashi Do: dormir junto al lago
sagrado
- La kora del lago Nam Tso al
atardecer
- Consejos para visitar el lago
Nam Tso
- Nuestra impresión del lago Nam
Tso
1. De Shigatse al lago Nam Tso: una larga jornada por
el Tíbet
Salimos de
Shigatse. Nos esperaban unos 350 kilómetros hasta el
lago Nam Tso, una de las grandes maravillas naturales del Tíbet y un lugar
sagrado para los tibetanos.
Desde
Shigatse tomamos la carretera de la Amistad, en dirección este. La vía
tenía dos carriles y buen asfalto, y avanzaba paralela al río Yarlung Tsangpo,
el gran curso de agua.
2. La carretera de la Amistad y el camino hacia el
Everest
Hacia el oeste: la ruta del Everest y la frontera con
Nepal
Aunque
nuestro destino quedaba hacia el este, la carretera de la Amistad también nos
hizo recordar la ruta occidental, que conduce hacia algunos de los lugares más
conocidos del Tíbet.
En dirección oeste se encuentran, entre otros:
- El monasterio de Sakya
- Lhatse, importante cruce de caminos desde el que se abren rutas hacia el Tíbet occidental y hacia la frontera nepalesa.
- Tingri constituye uno de los accesos habituales a la región del Everest,
- Nyalam y Zhangmu se encuentran en el corredor que conduce a Nepal.
Everest o Qomolangma: la montaña del universo
Es la montaña más alta del mundo sobre el nivel del mar.
Su nombre tibetano suele traducirse como «Madre del
Mundo» o «Diosa Madre del Universo», aunque existen distintas interpretaciones
etimológicas.
La
denominación Everest fue propuesta por Andrew Waugh, sucesor de George Everest
como responsable del levantamiento topográfico de la India británica. George
Everest se había mostrado contrario a utilizar su apellido para nombrar la
montaña y prefería respetar los nombres locales. La Royal Geographical Society
adoptó oficialmente el nombre Everest en 1865.
En 1953,
Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron por primera vez la cima en una
ascensión confirmada. Antes habían fracasado numerosas expediciones. Entre las
historias más célebres figura la de George Mallory y Andrew Irvine,
desaparecidos durante un intento de ascensión en 1924. Nunca se ha podido
confirmar si llegaron a la cumbre antes de morir.
A la
pregunta de por qué escalar el Everest se atribuye a Mallory la célebre
respuesta: «Porque está ahí». Una frase que resume la fascinación que las
grandes montañas han ejercido sobre los viajeros.
Pero
nosotros no nos dirigíamos hacia el Everest. Nuestro camino continuaba hacia el
este, siguiendo el curso del Yarlung Tsangpo antes de abandonar la carretera
principal y adentrarnos en las montañas.
3. Nyemo: una parada en el Tíbet rural
Tras dejar
la carretera de la Amistad, tomamos el desvío hacia el norte. La primera parada
importante fue Nyemo, una población de carácter rural cuyo centro estaba
presidido por el monasterio de Bepumo.
Entramos en
un restaurante local. Las instalaciones eran sencillas
y las limitaciones evidentes, pero la comida resultó estupenda. Pedimos fideos
tibetanos, chow mein, arroz y momos, las tradicionales empanadillas
tibetanas.
La cuenta
fue de 48 yuanes en total, unos 10 yuanes por persona, alrededor de 1,20 euros
Después de Nyemo, los campos de cereales fueron dando paso a un paisaje más agreste.
El camino terminó convirtiéndose en una pista de montaña que serpenteaba entre valles. Era dura e incómoda, pero también extraordinariamente hermosa.
4. El lago Nesum Tsok: pastores nómadas y paisajes de
montaña
La siguiente parada fue Nesum Tsok, un lago solitario encajado entre las montañas.
Las cumbres formaban un gran circo natural y se
reflejaban en sus aguas cristalinas, creando una estampa difícil de olvidar.
Allí nos
encontramos con los drokpas, los pastores nómadas tibetanos. Algunos
habían encendido una hoguera para calentar sus teteras; otros vigilaban sus
rebaños de ovejas, cabras y yaks.
La escena
parecía ajena al paso del tiempo. El humo ascendía lentamente, los animales
pastaban en libertad y las montañas rodeaban aquel pequeño mundo.
5. Yangpachen y la ruta al monasterio de Tsurpu
Seguimos por
la pista y llegamos a Yangpachen, conocida
por su monasterio y sus aguas termales.
Desde esta zona parte una popular ruta de senderismo de varios días que une Yangpachen con el monasterio de Tsurpu, uno de los centros religiosos más importantes de la tradición Karma Kagyu.
Tsurpu está estrechamente ligado a los Karmapas,
conocidos por el uso ceremonial del sombrero negro.
Nosotros
visitaríamos el monasterio al día siguiente, utilizando nuestro vehículo.
Después
salimos a la carretera Qinghai-Tíbet, una de las principales vías de entrada al
Tíbet desde el interior de China. El tráfico de camiones y vehículos pesados
era considerable. A nuestro lado avanzaba también la línea ferroviaria, que
atraviesa la meseta tibetana.
A la izquierda se alzaba la cordillera Nyenchen Tanglha, con cumbres que superan los siete mil metros. Su perfil nos acompañaría durante buena parte del recorrido y se convertiría en el telón de fondo de nuestro destino: el lago Nam Tso.
6. El paso Largen: la primera visión del Nam Tso
Tomamos el desvío hacia el lago.
Alcanzamos el paso Largen, a unos 5.190 metros de altitud. El viento agitaba las banderas de oración y, desde aquel mirador natural, se abrían unas vistas magníficas sobre el lago.
La carretera descendía después hacia la orilla. A lo largo del camino se sucedían los campamentos de los drokpas, con sus rebaños y sus tiendas.
| A 5190m de altura |
La altitud: una precaución imprescindible
El paso se
encuentra por encima de los 5.000 metros, una altitud en la que el riesgo de
mal de altura es importante. En nuestro caso, tras ya muchos diez días recorriendo
el Tíbet, nos encontrábamos bien aclimatados y no notamos síntomas.
Eso no
significa que la aclimatación elimine el riesgo ni que exista un número de días
que garantice la seguridad. El ascenso debe hacerse progresivamente, prestando
atención a cualquier síntoma y evitando continuar hacia cotas superiores si
aparecen dolor de cabeza intenso, náuseas, mareo o dificultad respiratoria. La
confusión o la falta de aire en reposo requieren atención médica.
7. Tashi Do: dormir junto al lago sagrado
Llegamos al campamento de Tashi Do, junto a la orilla del lago y al pie
de la montaña sagrada.
El campamento era una explanada ocupada por varios barracones de aspecto bastante desangelado.
Nos instalamos
en el Sheep Hotel, donde cinco camas se apretujaban en una misma habitación.
Era un alojamiento muy básico, pero tenía una ventaja insuperable: desde el campamento apenas había que caminar cien metros para alcanzar la orilla del Nam Tso.
40 yuanes por persona, 4,5 euros.
Tomamos un
refresco en el restaurante y salimos a caminar. El cielo comenzaba a cambiar de
color y la luz de la tarde transformaba las montañas y las aguas del lago.
Frente a nosotros se levantaba la cordillera Nyenchen Tanglha, cuya silueta se reflejaba en el azul del Nam Tso.
Aquella combinación de agua, roca y nieve parecía una
postal.
8. La kora del lago Nam Tso al atardecer
En el budismo tibetano, una kora es una peregrinación ritual que consiste en caminar alrededor de un lugar sagrado, siguiendo tradicionalmente el sentido de las agujas del reloj. Puede rodear un templo, una montaña, un lago o cualquier otro espacio venerado.
El recorrido
junto al Nam Tso discurría a los pies de una colina rocosa. A lo largo del
sendero aparecían ruedas de oración, chortens, pequeñas capillas y otros
elementos religiosos que daban al paisaje una dimensión espiritual.
El monasterio de Tashi Do y las ermitas de la montaña
Uno de los lugares que descubrimos durante la caminata fue el conjunto religioso de Tashi Do, con pequeñas capillas integradas en la roca.
En la principal entramos
en una cueva donde se encontraba una imagen de Guru Rinpoche, también conocido
como Padmasambhava, una figura fundamental en la tradición budista tibetana.
Continuamos
por el sendero y encontramos más capillas escondidas entre grietas y oquedades,
pequeños rincones escogidos por los ermitaños en busca de
recogimiento.
El camino
también estaba salpicado de pinturas rupestres, chortens y manis,
piedras grabadas con mantras y símbolos religiosos.
En uno de los puntos del recorrido, dos grandes rocas se aproximaban hasta formar una abertura que recordaba a dos manos juntas en oración. La tradición local asociaba el paso entre ellas con la buena suerte. No íbamos a dejar escapar la oportunidad: atravesamos el hueco y seguimos caminando.
El atardecer sobre el Nam Tso
A medida que
avanzaba la tarde, la luz se volvió más cálida y las montañas fueron
adquiriendo tonos cada vez más profundos. El lago reflejaba el cielo y la
silueta del Nyenchen Tanglha, mientras las banderas de oración se movían con el
viento.
El paisaje
parecía inmenso y, al mismo tiempo, íntimo. A nuestro alrededor se mezclaban la
naturaleza y la espiritualidad: las aguas sagradas, las capillas excavadas en
la roca, las piedras grabadas y las montañas que dominaban el horizonte.
Regresamos al campamento ya de noche, con la sensación de haber vivido uno de esos momentos que justifican por sí solos una larga ruta.
Subir a la colina de Tashi Do
Desde el entorno del alojamiento se veía una escalera que permitía ascender hacia la colina.
No llegamos a hacerlo, pero la posibilidad
de contemplar el lago desde una perspectiva más elevada resultaba tentadora.
Cenamos en restaurante del campamento: filetes yak patatas+arroces 110Y-22Yuans pp (2.5€pp) También aquí desayunamos: tortilla y zumo naranja. 24Yuans
9. Consejos para visitar el lago Nam Tso
Aclimatarse
antes de subir. El Nam Tso
se encuentra a gran altitud y el paso Largen supera los 5.000 metros. No
conviene plantear la visita al inicio del viaje.
Consultar
los permisos y las condiciones de acceso. Durante nuestro viaje había controles y tarifas para
entrar con vehículo. Los requisitos actuales pueden ser distintos y deben
verificarse antes de salir.
Llevar ropa de abrigo. Incluso en verano, el viento y las temperaturas junto al lago pueden ser muy fríos, especialmente al anochecer.
No
subestimar la pista de montaña. Algunos tramos pueden ser incómodos y las condiciones
variar según el tiempo y el estado del firme.
Respetar los
lugares sagrados. Durante la
kora, es importante seguir las costumbres locales, no alterar las ofrendas y
pedir permiso antes de fotografiar a personas o espacios religiosos cuando
corresponda.
No confiarse
con la altitud. Encontrarse
bien tras varios días de aclimatación es positivo, pero no garantiza que no
aparezca mal de altura. Hay que evitar esfuerzos bruscos y estar atentos a los
síntomas.
Comprobar
los alojamientos. La oferta
junto al lago puede ser sencilla y estacional. Es recomendable verificar la
disponibilidad, las condiciones y los servicios antes de viajar.
Los precios
que aparecen en este relato corresponden a nuestro viaje de 2011 y se incluyen
como parte de la experiencia, no como tarifas actuales.
10. Nuestra impresión del lago Nam Tso
El lago Nam
Tso nos regaló una de las jornadas más memorables del viaje por el Tíbet. No
fue solo la belleza del destino, sino todo lo que encontramos en el camino: las
aguas tranquilas de Nesum Tsok, los pastores nómadas junto a sus rebaños, las
pistas que atravesaban valles solitarios y las cumbres de la cordillera
Nyenchen Tanglha.
La llegada
al paso Largen fue emocionante, pero el verdadero regalo llegó después, al
caminar junto a la orilla y descubrir las pequeñas capillas escondidas entre
las rocas. La kora nos permitió acercarnos al lago de una forma diferente,
siguiendo un sendero en el que cada detalle —una piedra grabada, una bandera de
oración o una ermita— parecía formar parte de un paisaje espiritual.
Y entonces
cayó el sol. El azul del agua, la montaña reflejada y el silencio de aquel
lugar se combinaron en una imagen difícil de describir sin caer en los tópicos.
El
alojamiento era precario, la jornada había sido larga y la altitud imponía
respeto. Nada de eso importaba demasiado en aquel momento.
El Nam Tso
no fue únicamente un lago que visitar, sino un paisaje que vivir y una
experiencia que permanecería en la memoria mucho después de abandonar sus
orillas.
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