domingo, 11 de agosto de 2019

TÍBET-LA MÍTICA SHANGRI-LÁ

Tíbet: qué ver, cómo viajar y consejos para descubrir el techo del mundo

Tashi delek! Así nos saluda un tibetano. 

Tashi significa buenos augurios y delek, bienestar o buena fortuna. Es una forma de desearnos lo mejor. Y, a continuación, puede ofrecernos una khata, una banda de tela blanca que se entrega como muestra de respeto, bienvenida o agradecimiento.

¡No está nada mal empezar un viaje así!

El Tíbet es una tierra que despierta nuestra imaginación incluso antes de conocerla. El techo del mundo, el país de las nieves, una civilización envuelta durante siglos en leyendas y misterios.

Monasterios perdidos entre montañas, peregrinos que recorren kilómetros postrándose en el suelo, nómadas que viven con sus rebaños en una de las mesetas más altas del planeta y ciudades que durante mucho tiempo parecían inaccesibles para los viajeros extranjeros.

Durante años, llegar hasta Lhasa fue el sueño de aventureros que se enfrentaban a enormes dificultades para alcanzar aquella ciudad remota. Historias como las de Alexandra David-Néel o Heinrich Harrer contribuyeron a alimentar esa fascinación por un territorio que parecía pertenecer a otro mundo.

Y así, entre leyendas, curiosidad y muchas ganas de descubrir, nos propusimos viajar al Tíbet.

Fuimos en el verano de 2011. El acceso ya era complicado entonces y nuestra llegada a Lhasa estuvo a punto de convertirse en una aventura fallida. Los permisos, una agencia que no consiguió resolver todos nuestros trámites y unos billetes de tren que nunca llegaron a nuestras manos nos hicieron pensar que nos quedaríamos en Pekín.

Pero, a veces, las cosas salen adelante cuando uno menos lo espera.

Terminamos recorriendo el Tíbet central, visitando monasterios fascinantes, caminando por la meseta a más de 5.000 metros de altitud y compartiendo momentos con familias nómadas. Descubrimos un mundo que nos dejó recuerdos imborrables.

En este artículo encontrarás nuestra experiencia de viaje, los lugares imprescindibles que visitamos, cómo fue la organización de la ruta y qué debes tener en cuenta hoy para preparar un viaje al Tíbet.

Una guía para descubrir el Tíbet, cómo organizar el viaje, qué permisos se necesitan actualmente, cómo afrontar la altitud y cuáles son los lugares más interesantes. 

Lhasa, las rutas hacia Gyantse y Shigatse, los paisajes del Tíbet oriental y occidental, el sagrado monte Kailash...

En este artículo encontrarás…

  • Cómo viajar al Tíbet: permisos, restricciones de acceso y nuestra aventura para llegar a Lhasa.
  • Qué ver en el Tíbet: el palacio de Potala, el casco antiguo de Lhasa, los grandes monasterios, los lagos sagrados y los valles tibetanos.
  • Cómo llegar a Lhasa en tren: nuestra experiencia en el trayecto desde Pekín y las diferencias con las condiciones actuales.
  • El mal de altura: qué supone viajar por encima de los 3.500 metros y cómo prepararse.
  • Los monasterios tibetanos: las koras, las ruedas de oración, los rituales y la iconografía budista.
  • La vida tradicional tibetana: los nómadas, los yaks, la gastronomía, las costumbres familiares y las creencias sobre la muerte.
  • El monte Kailash: la montaña sagrada de cuatro religiones y una peregrinación que quedó pendiente.
  • Consejos prácticos para viajar al Tíbet: qué ha cambiado desde nuestro viaje y qué conviene comprobar antes de organizar el tuyo.

1. El Tíbet: una tierra de leyendas y misterios

Shangri-La. Shambhala. El techo del mundo. El país de las nieves.

Pocos lugares han acumulado tantos nombres evocadores como el Tíbet. Durante siglos, las noticias que llegaban a Europa sobre esta región mezclaban relatos de viajeros, creencias religiosas y leyendas que alimentaban la imaginación.

Shangri-La se convirtió en el símbolo de un paraíso escondido entre montañas, un lugar aislado del mundo donde reinaban la armonía y la longevidad. Sus habitantes parecían vivir en una felicidad permanente.

Shambhala, por su parte, pertenece a la tradición budista y representa un reino espiritual asociado a la sabiduría y a la iluminación. Un reino espiritual oculto.

A esa fascinación contribuyeron relatos sobre monjes capaces de soportar temperaturas extremas mediante prácticas de meditación, viajeros que se disfrazaban para alcanzar Lhasa y monasterios que parecían guardar secretos inaccesibles para los extranjeros.

Conocer el Tíbet permite descubrir una cultura con una identidad propia, una profunda tradición religiosa y una forma de vida condicionada por una geografía extraordinaria.

Un territorio inmenso, con grandes diferencias entre sus regiones, donde las distancias, el clima y la altitud han marcado durante siglos la vida de sus habitantes.





 
                                                                                               
2. Los primeros viajeros y exploradores

Durante siglos, el Tíbet fue para muchos viajeros una tierra casi inaccesible. Las noticias que llegaban desde aquellas montañas hablaban de una civilización singular, de monasterios remotos y de prácticas religiosas que en Europa apenas se conocían.

Los relatos de viajeros y comerciantes que recorrían Asia contribuyeron a extender noticias sobre aquellas tierras, aunque no siempre procedían de experiencias directas.

Marco Polo, por ejemplo, describió aspectos del Tibet pero no debe considerarse un testigo directo. Hasta ahí no llegó. Sus noticias las obtuvo de los lamas que arribaban a la corte de Kublai Kham en China.

En el siglo XVII, llegó el primer extranjero: el misionero jesuita portugués António de Andrade, a la región de Tsaparang, en el reino de Guge, y contribuyó a difundir información sobre el Tíbet entre los europeos.

Más tarde, durante los siglos XIX y XX, otros viajeros intentaron acceder a un territorio prohibido que seguía despertando una enorme fascinación.

2.1. Alexandra David-Néel, una viajera extraordinaria

Entre los personajes más fascinantes de esta historia destaca Alexandra David-Néel, nacida en París en 1868. 

Con 20 años ya había recorrido en bici España, Italia, Suiza, estudiado teofisica. Con 25: India y Túnez donde estudió el Corán. En Kumbum, China, se interesó por los manuscritos budistas.

Escritora, exploradora y estudiosa del budismo, dedicó buena parte de su vida a viajar por Asia y a conocer las tradiciones religiosas de la región.

En 1924 llegó a Lhasa disfrazada de peregrina tibetana, después de recorrer largas distancias en condiciones muy difíciles. Su estancia en la ciudad fue breve, pero la convirtió en una de las primeras mujeres occidentales que lograron acceder a ella de forma clandestina.

Sus experiencias quedaron recogidas en libros como Viaje a Lhasa y Místicos y magos del Tíbet, que contribuyeron a alimentar el interés occidental por la cultura tibetana.

Su vida estuvo marcada por una curiosidad inagotable. Continuó escribiendo y estudiando durante décadas y murió en Francia en 1969, a punto de cumplir 101 años. Poco antes de su muerte, acudió a renovar su pasaporte, “porque nunca se sabe”… 

En 1973, sus cenizas fueron arrojadas al río Ganges.


2.2 Heinrich Harrer y los siete años en el Tíbet

Otro nombre inseparable de la historia de los exploradores del Tíbet es Heinrich Harrer, conocido por el libro y la película Siete años en el Tíbet.

Harrer era un alpinista austríaco que formó parte de una expedición al Himalaya en 1939. El estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó su internamiento en un campo de prisioneros británico en la India.

Tras varios intentos de fuga, consiguió escapar junto a Peter Aufschnaiter. Ambos atravesaron territorios montañosos y alcanzaron Lhasa después de un largo recorrido.

Harrer permaneció allí durante varios años y llegó a conocer al joven dalái lama, con quien mantuvo una relación de amistad y aprendizaje. Su estancia terminó en 1951, cuando abandonó el Tíbet en un momento de profundos cambios políticos.

Con estos antecedentes, resulta fácil comprender la emoción que puede despertar la idea de viajar al Tíbet. 

Y nuestra propia aventura para alcanzar Lhasa estuvo a punto de terminar antes de empezar.


3.El origen del Tíbet: entre la leyenda y la historia

Según cuenta la mitología tibetana, en el origen de los tiempos el Tíbet estaba cubierto por las aguas. Cuando estas se retiraron, la tierra emergió y dejó al descubierto los valles de la región de Tsetang, en el Tíbet central. Fue allí donde comenzó la historia del pueblo tibetano.

Sus primeros protagonistas fueron un mono y un demonio femenino que, de su unión, tuvieron descendientes que dieron origen a los tibetanos. Con el paso del tiempo, se multiplicaron y se dividieron en seis grandes clanes, considerados el origen mítico de los principales linajes del pueblo tibetano.

el demonio del Tibet

La bandera tibetana recoge elementos de esta tradición. Adoptada durante el gobierno del XIII dalái lama, presenta seis franjas rojas relacionadas con los seis clanes originarios y seis franjas azules asociadas a las divinidades protectoras. 

Naturalmente, esta es la explicación que ofrece la leyenda. Desde una perspectiva histórica, la formación del pueblo tibetano fue un proceso paulatino. Los tibetanos provienen de tribus nómadas que emigraron del norte y se tornaron sedentarios en los valles del Tíbet cultivándolos. A lo largo de los siglos, muchas comunidades desarrollaron formas de vida adaptadas a las duras condiciones de las grandes altitudes, combinando el pastoreo nómada con la agricultura en los valles más fértiles.

Pero también la leyenda tiene su fundamento. Hace millones de años, la región formaba parte de un paisaje muy diferente, relacionado con el antiguo océano de Tetis. La colisión entre la placa tectónica de la India y la euroasiática provocó el levantamiento de enormes masas y la formación de algunos de los relieves más impresionantes del planeta. Este proceso dio lugar al Himalaya y contribuyó a elevar la meseta tibetana, conocida como el techo del mundo.
 

 4. El Tíbet: geografía, paisajes y el techo del mundo

El Tíbet es una de las regiones más elevadas del planeta. Una geografía, dura, hostil, que marca totalmente su historia, su cultura y su particular forma de vida.

Situada en el corazón de Asia, la meseta tibetana se extiende entre grandes cordilleras, valles profundos, lagos de altura y extensas llanuras donde la presencia humana ha tenido que adaptarse durante siglos a unas condiciones extremas.

Con una altitud media que ronda los 4.000 metros, el territorio está dominado por el Himalaya al sur y por otras grandes cadenas montañosas que se prolongan hacia el interior de Asia. 

La altitud condiciona prácticamente todo: el clima, la vegetación, los desplazamientos y hasta el ritmo de las actividades cotidianas. En Lhasa, la capital histórica tibetana, se superan los 3.600 metros sobre el nivel del mar. Y, cuando se abandona la ciudad para recorrer las carreteras de montaña, no es extraño atravesar puertos situados por encima de los 5.000 metros.

El paisaje cambia considerablemente según la zona que se visite. 

En el centro, Lhasa y los grandes monasterios concentran buena parte del patrimonio religioso e histórico.

Hacia el oeste, el territorio se vuelve más árido y yermo. Un desierto de gran altura. 

Al este, los valles y las regiones boscosas ofrecen un paisaje muy diferente.

4.1. Los grandes ríos de Asia

Tíbet también es una de las grandes reservas de agua del continente. De sus montañas nacen ríos fundamentales como el Indo, el Yangtsé, el Mekong o el río Yarlung Tsangpo,  que atraviesa el sur del Tíbet y continúa hacia la India, donde recibe el nombre de Brahmaputra.

La población se concentra especialmente en los valles abiertos por estos ríos, donde las condiciones para la agricultura y los asentamientos humanos son más favorables. 

Entre ellos destacan el valle de Kyichu, donde se encuentra Lhasa, y el valle de Yarlung, de gran importancia histórica para el desarrollo político, religioso y cultural del Tíbet. Con ciudades como Gyatse, Shigatse, Samye...

Además de los recursos hídricos, con su potencial hidroeléctrico y geotérmico, su otra riqueza está en los minerales: oro, plata, cobre, cromo, uranio, silice, boro... Y en sus extensas hectáreas de bosque virgen.

Qué ver en el Tíbet: rutas, monasterios y paisajes imprescindibles

El Tíbet es un territorio inmenso, de dimensiones comparables a las de buena parte de Europa. 

De oeste a este se extiende aproximadamente 2.700 kilómetros, una distancia similar a la que separa Barcelona de Helsinki. 

Las grandes cordilleras que lo rodean han contribuido a mantenerlo aislado durante siglos.

Para organizar un viaje conviene distinguir entre sus grandes áreas históricas y culturales: 

  • Ü-Tsang, en el centro y oeste; 
  • Amdo, al nordeste; 
  • Kham, al este; 
  • Ngari, en el extremo occidental. 

Cada una ofrece un paisaje diferente. En torno a Lhasa se concentran algunos de los monasterios y monumentos más importantes; hacia el sur se suceden lagos sagrados, pasos de montaña y ciudades históricas; el este sorprende por sus valles verdes y sus bosques, mientras que el remoto oeste presenta extensas mesetas áridas, lagos de altura y montañas veneradas por millones de peregrinos.


Cómo organizar una ruta por el Tíbet

La extensión del territorio hace difícil abarcarlo en un solo viaje. Las distancias son enormes, las carreteras atraviesan puertos de montaña y la altitud condiciona tanto los desplazamientos como las actividades. Por eso, para una primera visita, lo más razonable es centrarse en Lhasa y el Tíbet central, y añadir, si el tiempo y los permisos lo permiten, la ruta hacia Gyantse y Shigatse.

En nuestro viaje, el núcleo principal fue precisamente esa región central, donde se encuentran muchos de los lugares más representativos de la historia y la cultura tibetanas. El Tíbet oriental y el occidental quedaban para una expedición más larga, con trayectos mucho más exigentes.

Las principales vías de acceso

Tradicionalmente, las rutas terrestres de entrada al Tíbet se han organizado en torno a cuatro grandes corredores:

  • Desde el norte: el paso de Quianghai. Por donde discurre la carretera y la línea ferroviaria que une Pekín con Lhasa, atravesando el altiplano tibetano y la región de Amdo.

  • Desde el sur: la histórica carretera de la Amistad, que conecta Lhasa con la frontera nepalí y atraviesa ciudades como Shigatse, Gyantse, Baber (acceso al campamento base del Everest) o Tingri.

  • Desde el oeste: por la cordillera Ladak, desde Leh, el pequeño Tibet, en India

  • Desde el este: desde Chengdu en la provincia china de Sichuan, permite acceder a las regiones orientales.

No todos estos pasos pueden estar abiertos o ser utilizables por turistas extranjeros. Las condiciones de acceso pueden cambiar por motivos administrativos, políticos, meteorológicos o de seguridad.

Antes de organizar el viaje, hay que confirmar la situación con una agencia autorizada y con las autoridades correspondientes. 

1.El Tíbet central: Lhasa y sus alrededores

El Tíbet central es el mejor punto de partida para una primera aproximación. 

Lhasa concentra algunos de los grandes símbolos del país y permite organizar excursiones a monasterios, lagos y valles cercanos.

Qué ver en Lhasa: el corazón histórico y espiritual del Tíbet

Situada a unos 3.650 metros de altitud, reúne algunos de los monumentos más importantes del budismo tibetano y conserva espacios donde la vida cotidiana sigue girando alrededor de las peregrinaciones, los templos y las antiguas tradiciones.

La ciudad también muestra contrastes evidentes entre el casco histórico, con sus callejuelas, comercios y lugares de culto, y las zonas modernas que se han extendido a su alrededor. 

La capital espiritual del Tíbet reúne varios de los lugares más importantes de cualquier itinerario:

  • El palacio de Potala, símbolo de Lhasa

    Es la imagen más reconocible del Tíbet. Su silueta domina la ciudad desde una colina y constituye uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes. 

    Tradicionalmente fue la residencia de invierno de los dalái lamas y un importante centro político y religioso. Su estructura se divide en dos grandes conjuntos: el Palacio Blanco, vinculado a las dependencias administrativas y residenciales, y el Palacio Rojo, que alberga capillas, salas ceremoniales y estupas funerarias de antiguos dalái lamas.

    En su interior se conservan pinturas murales, esculturas, manuscritos y numerosos objetos religiosos.

    La visita exige subir escaleras y recorrer espacios situados a gran altitud. Por ello, merece la pena tomársela con calma, especialmente durante los primeros días del viaje.

    Consejo práctico: el acceso puede estar sujeto a reserva previa, cupos y horarios concretos. Conviene comprobar las condiciones vigentes con la agencia que organiza el viaje, sin dar por válidos los horarios o precios de visitas anteriores.

  •  Jokhang, el templo más sagrado del Tíbet

    En el casco antiguo de Lhasa se encuentra el templo de Jokhang, uno de los centros espirituales más importantes del budismo tibetano. Su origen se remonta al siglo VII y su historia está estrechamente vinculada a los primeros tiempos de la consolidación del budismo en el Tíbet.

    Para muchos peregrinos, Jokhang es el verdadero corazón religioso de la ciudad. El templo conserva importantes imágenes sagradas y reúne una arquitectura en la que confluyen influencias tibetanas, indias, nepalíes y chinas.

    La experiencia no consiste únicamente en contemplar sus edificios. En sus alrededores se observa a peregrinos que recorren el circuito ritual, hacen girar ruedas de oración o realizan postraciones como expresión de devoción. Es una de las mejores oportunidades para acercarse, con respeto, a la dimensión viva de la religión tibetana.

    El interior del templo está formado por capillas y espacios de culto, mientras que sus cubiertas doradas ofrecen una buena perspectiva característica del casco antiguo. 

  • Barkhor, un paseo entre peregrinos y comercios tradicionales

Alrededor de Jokhang se extiende Barkhor, el histórico barrio que rodea el templo, con calles comerciales, peregrinos y talleres tradicionales.

Caminar por Barkhor permite observar una faceta distinta de la ciudad. A lo largo del recorrido aparecen peregrinos con rosarios y ruedas de oración, personas que se detienen ante pequeños altares y visitantes que recorren las tiendas en busca de objetos relacionados con la cultura tibetana. También es un buen lugar para detenerse en una casa de té y observar el ritmo cotidiano de la ciudad. 

Su circuito es a la vez una ruta de peregrinación y una zona comercial, donde los establecimientos tradicionales conviven con puestos de recuerdos, artesanía y productos de uso cotidiano.

En el budismo tibetano, las circunvalaciones rituales suelen realizarse en el sentido de las agujas del reloj. Conviene respetar el flujo de los peregrinos y recordar que no se trata simplemente de una calle turística, sino de un espacio sagrado para muchas personas.
  • Norbulingka, el palacio de verano

    Norbulingka fue la residencia de verano de los dalái lamas y ofrece una imagen diferente de la arquitectura tibetana. Frente al carácter monumental y defensivo de Potala, aquí destacan los jardines, los pabellones y los espacios abiertos.

    El conjunto se desarrolló a partir del siglo XVIII y combina edificios palaciegos con jardines. Su función histórica estuvo relacionada tanto con la vida privada de los dalái lamas como con actividades ceremoniales y políticas.

2. Los grandes monasterios en las cercanías de Lhasa

A poca distancia de la capital se encuentran tres de los monasterios más destacados del budismo tibetano:

  • Sera, uno de los grandes monasterios de Lhasa

    A las afueras de la ciudad se encuentra el monasterio de Sera, uno de los grandes centros monásticos de la tradición gelug del budismo tibetano. Fundado en el siglo XV, fue un importante lugar de estudio religioso y filosófico.

    Su visita permite recorrer patios, salas de reunión, capillas y espacios donde todavía se conserva la actividad monástica. Uno de los aspectos más conocidos es el debate filosófico entre monjes, una práctica tradicional de enseñanza en la que los participantes argumentan y ponen a prueba sus conocimientos realizando grandes aspavientos.

    Los gestos, las palmadas y la intensidad de las intervenciones forman parte de una dinámica de aprendizaje con reglas propias, no de una discusión improvisada.

  • Drepung, el gran monasterio de la montaña

    Drepung es otro de los monasterios fundamentales para entender la historia religiosa del Tíbet. Fundado en el siglo XV, llegó a convertirse en uno de los mayores centros monásticos de la región y tuvo una gran importancia en la formación de monjes y en la vida política tibetana.

    Construido en la ladera de una montaña, el conjunto se extiende por un amplio espacio de edificios blancos, patios, salas de oración y dependencias monásticas. La disposición del monasterio, adaptada al terreno, ofrece además vistas sobre el valle de Lhasa.

  • Junto a Drepung se encuentra Nechung, asociado históricamente al oráculo estatal tibetano.

Es fácil llegar a ellos con bus público

¡NO PERDERSE SERA Y DEPRUNG!


3.Al norte de Lhasa: 

La región situada al norte de la capital ofrece algunos lugares de gran valor espiritual y paisajístico:

  • Monasterio de Tsurphu 

    Vinculado a la tradición de los karmapas, este monasterio es una de las principales escuelas del budismo tibetano.

  • Monasterio de Reting

  • Igualmente importante en la historia religiosa tibetana. Su abad fue el tutor del 14 Dalai Lama.

  • El lago Namtso, un paisaje de altura

    Un gran lago de altura rodeado de montañas, considerado sagrado y conocido por sus paisajes abiertos y su ambiente de peregrinación. Su nombre se traduce como «lago celestial» y tiene un importante significado espiritual.

    Es una de las excursiones más conocidas para quienes desean descubrir la naturaleza tibetana más allá de sus ciudades y monasterios.

    La circunvalación ritual de un lugar sagrado se conoce como kora. En Namtso, el paisaje del agua y la montaña convierte esta práctica en una experiencia especialmente evocadora. No obstante, las condiciones de altitud, el clima y la accesibilidad hacen necesario comprobar la situación de la ruta antes de emprenderla.

  • El paraje se encuentra a una altitud muy elevada, cercana a los 4.700 metros. Por este motivo, la visita debe planificarse con especial atención a la aclimatación y a las condiciones meteorológicas. Si aparecen síntomas de mal de altura, no se debe continuar ascendiendo ni insistir en la excursión. La organización del viaje debe contemplar la posibilidad de modificar el plan.

4.Al este de Lhasa: Drak Yerpa, el valle de Lhundrub, Ganden

  • Drak Yerpa, cuevas y lugares de meditación

A 17km, Drak Yerpa es un conjunto de cuevas, ermitas y pequeños templos situado en un paisaje rocoso al noreste de Lhasa. Su tradición religiosa está asociada a la meditación y a la presencia de maestros budistas que utilizaron estas cuevas como lugares de retiro.

El interés de Yerpa reside también en su emplazamiento. Los edificios y espacios de culto se distribuyen entre las rocas, en un entorno que transmite una sensación de aislamiento y recogimiento.

  • El VALLE DE LHUNDRUB con monasterios como el de Talung. 

  • Ganden, un monasterio sobre las montañas

  • El monasterio de Ganden, situado en una zona montañosa al este de Lhasa, a 50km, es uno de los centros históricos de la escuela gelug. Su fundación se remonta a comienzos del siglo XV.

    El emplazamiento es uno de sus grandes atractivos. Los edificios se adaptan a las laderas y permiten contemplar un paisaje amplio de montañas y valles. 

    Desde Ganden realizamos un treking fantástico de 3 días hasta el monasterio de Samye. (Las rutas de senderismo pueden alcanzar cotas elevadas. Antes de realizarlas hay que valorar la aclimatación, el estado físico, la meteorología y las condiciones de acceso)

  • Mas al este, a 120km de Lhasa, Monasterio Dripung Til junto al convento de Tidrum


5.Al sureste de Lhasa: el valle del Yarlung Tsangpo

Siguiendo el curso del río Yarlung Tsangpo, conocido como Brahmaputra cuando entra en India.

Entre sus principales lugares destacan, en este orden:

  • Gongkar: con su monasterio y su fortaleza.

  • Chitoso, clásico pueblo tibetano

  • Monasterio de Mindroling: uno de los centros religiosos importantes de la tradición nyingma.

  • Monasterio de Samye: considerado tradicionalmente el primer monasterio budista establecido en el Tíbet. Imprescindible. Nosotros llegamos a él de una manera excepcional, mediante un treking de 3 días desde el monasterio de Ganden, atravesando pasos de más de 5000m.

  • Tsetang y el valle de Yarlung: la cuna del Tibet. Una región asociada a los relatos sobre los primeros reyes tibetanos y los orígenes de la civilización tibetana.

  • Monasterio de Trandruk: uno de los centros religiosos históricos de la zona.

  • Yumbulagang: una fortaleza-monasterio situada sobre una colina, vinculada por la tradición a los primeros reyes del Tíbet.

  • Valle de Chongye: conocido por las tumbas de antiguos monarcas tibetanos.

  • El lago sagrado Lhamo La-tso también forma parte de las tradiciones religiosas y oraculares tibetanas. 


6.Al oeste de Lhasa: La carretera de la Amistad: de Lhasa al Everest

La carretera de la Amistad es una de las rutas más conocidas del Tíbet. En su recorrido hacia la frontera nepalí enlaza paisajes de alta montaña, lagos de aguas intensamente coloreadas, monasterios y ciudades históricas.

Hay 865km de Katmandu a Lhasa. 

El itinerario incluye Gyantse, Shigatse, Sakya, antes de continuar hacia el oeste y el acceso a la región del Everest.

El paso Kamba La y el lago Yamdrok Tso

Una de las primeras grandes paradas de la ruta tradicional desde Lhasa hacia Gyantse es el lago Yamdrok Tso. 

Rodeado de montañas, el lago tiene también un profundo significado religioso. Como ocurre con otros espacios naturales del Tíbet, su valor no se limita al paisaje: forma parte de una geografía sagrada en la que montañas, lagos y ríos poseen una dimensión espiritual.

Desde los miradores de la carretera se contemplan sus brazos y bahías.

El paso de Kamba La ofrece una de las panorámicas más bonitas. 

Su nombre suele traducirse como «lago turquesa», en referencia al color que pueden adquirir sus aguas según la luz y las condiciones meteorológicas.

El paso Karo La

La carretera continúa por el paso de Karo La, rodeado de montañas elevadas. 

La altitud y las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente.

Gyantse: monasterio, Kumbum y barrio tibetano

Gyantse es una de las localidades históricas más interesantes de la ruta. Su posición estratégica favoreció durante siglos el comercio y las comunicaciones entre el centro del Tíbet y las regiones del Himalaya.

La ciudad conserva un patrimonio arquitectónico que permite acercarse a la historia religiosa y política de la región. 

Entre sus principales atractivos destaca el monasterio de Pelkor Chode, conocido por el extraordinario Kumbum, una construcción escalonada con capillas decoradas con imágenes y pinturas budistas.

La ciudad conserva también un antiguo barrio tibetano y la fortaleza de Gyantse Dzong, situada sobre una colina. 

Shigatse y el monasterio de Tashilhunpo

Shigatse es uno de los centros urbanos más importantes de la región y una parada habitual en los itinerarios que continúan hacia el Everest. 

Situada a mayor altitud que Lhasa, combina la vida cotidiana de una ciudad tibetana con un importante patrimonio religioso.

Su principal monumento es el monasterio de Tashilhunpo, uno de los grandes centros del budismo tibetano y sede histórica de los panchen lamas.

Fundado en el siglo XV, Tashilhunpo se extiende por una amplia superficie de edificios, patios y salas de oración. Sus muros blancos y sus cubiertas doradas destacan sobre la ladera.

La visita permite comprender mejor la importancia de los grandes monasterios como centros religiosos, educativos y culturales. Durante siglos no fueron únicamente lugares de oración, sino también instituciones que desempeñaron un papel fundamental en la organización de la sociedad tibetana.

Sakya 

Desde Shigatse se puede continuar hacia el monasterio de Sakya, uno de los centros históricos de la escuela sakya del budismo tibetano. 

Llatsé.

BABER/SHEGAR donde se suele pasar noche antes de acceder al campamento base del Everest. Allí se ubica el Monasterio de Rongphu. Requiere permiso especial.

El monasterio de Rongbuk se encuentra en una región de gran altitud y está estrechamente vinculado a la historia de las expediciones al Everest. La visita suele asociarse a la contemplación de la cara norte del Everest. 

La ruta continúa hacia el oeste. Los pueblos se encuentran más separados, las montañas adquieren mayor protagonismo y los puertos de altura marcan el ritmo del viaje.

TINGRI, pequeña localidad a 140km de Llatsé. Hay una popular caminata de 4 dias entre Tingri y el campamento base Everest. Y unas fuentes termales perfectas para recuperarse de las caminatas

NYALAM,  a 150km de Tingri y 30km de la frontera nepalí

ZHANGMU. Este tramo de 30km en descenso vertiginoso, gargantas, cascadas

FRONTERA. Allí se puede obtener visado Nepal. Y en dirección contraria ya deberías llevar el permiso entrada Tíbet. Hay buses hasta Barabise y de aquí a Katmandú.

   

¿Se puede visitar actualmente el Everest desde el Tíbet?

La posibilidad de acceder al entorno del Everest puede cambiar por razones administrativas, meteorológicas, de seguridad o por daños en las carreteras. Las restricciones pueden afectar tanto a las visitas como a los permisos y a los desplazamientos por la región.

En septiembre de 2026 se publicaron avisos contradictorios sobre la reanudación de los permisos y el acceso turístico después de las graves inundaciones que afectaron a zonas del oeste del Tíbet y a la región fronteriza con Nepal. Por ello, no es prudente afirmar que el acceso está garantizado.

Antes de contratar el recorrido, hay que pedir a la agencia una confirmación específica para las fechas previstas. También conviene comprobar si la ruta incluye el monasterio de Rongbuk, los miradores autorizados y el área turística a la que se permite llegar.

Consejo práctico: si el Everest es uno de los objetivos principales del viaje, no conviene dejar su visita como una decisión de última hora. Los permisos, el estado de las carreteras y la altitud hacen necesario organizar la excursión con antelación. 

7. El Tíbet oriental: montañas, monasterios y valles verdes

El Tíbet oriental presenta un paisaje muy diferente del que suele asociarse a la meseta tibetana. En lugar de extensas llanuras áridas, aparecen montañas cubiertas de bosques, valles profundos, ríos caudalosos y zonas de pastoreo.

Esta diversidad geográfica se refleja también en la cultura. Las regiones históricas de Kham y otras áreas orientales han mantenido tradiciones propias, con diferencias lingüísticas, arquitectónicas y sociales respecto a las zonas centrales.

Las distancias son largas y algunas áreas tienen restricciones especiales para visitantes extranjeros, por lo que el itinerario debe confirmarse con una agencia autorizada.

Entre los lugares más destacados se encuentran:
  • Drak Yerpa-Monasterio Ganden-las localidades de MEDRO GONGKAR, RUTOK y  BAYI
  • Drigung Til, un importante centro monástico

    Monasterio histórico levantado en una posición elevada, vinculado a la tradición kagyu. Su historia se remonta al siglo XII y ocupa un lugar destacado dentro de esta escuela religiosa.

  • Tidrum y sus aguas termales

    Tidrum es conocido por sus aguas termales y por su entorno montañoso y monástico. 

    Las fuentes termales han atraído tradicionalmente a visitantes locales, aunque las instalaciones y las condiciones de acceso pueden variar. Antes de incluirlas en una ruta conviene comprobar si están abiertas y qué servicios se encuentran disponibles.

  • El lago Basum Tso

    También conocido como Draksum Tso, es uno de los lagos más conocidos del Tíbet oriental. Sus aguas se encuentran rodeadas de montañas y bosques.

    En sus inmediaciones se encuentran espacios de culto y lugares vinculados a las tradiciones budistas de la región.

  • Bönri

  • montaña sagrada para los seguidores de la tradición bön.

  • Lunang: 

  • zona de paisaje verde y construcciones tradicionales de piedra.

  • el paso Zar gama-la (4600m) con sus 72 curvas

  • Chamdo: LA ENTRADA ESTE AL TIBET. Una ciudad grande. A 1000km de Lhasa y 1200km de Chendu (China) Destacaba su monasterio

Las grandes distancias hacen que el Tíbet oriental sea más apropiado para un viaje específico que para una simple extensión desde Lhasa. Además, los permisos y las condiciones de circulación deben confirmarse para cada itinerario.

8. El Tíbet occidental: el reino de Guge y el monte Kailash

El oeste tibetano, predominan los paisajes áridos, las mesetas inmensas, las montañas y los lagos de altura. En algunos sectores aparecen incluso formaciones arenosas y dunas.

Viajar por esta zona exige una planificación más compleja que recorrer Lhasa y sus alrededores. Los desplazamientos pueden durar muchas horas y algunos itinerarios necesitan permisos adicionales, especialmente cuando se aproximan a zonas fronterizas o áreas restringidas.

A cambio, el Tíbet occidental permite descubrir lugares de enorme importancia espiritual e histórica, entre ellos el monte Kailash, el lago Manasarovar y las ruinas del antiguo reino de Guge.

El nacimiento de los grandes ríos

La región del Kailash se encuentra cerca de las fuentes de varios grandes sistemas fluviales asiáticos. Entre los más importantes están el Indo, el Yarlung Tsangpo —que se convierte en el Brahmaputra—, el Sutlej y el Karnali, afluente del sistema del Ganges.

No todos nacen exactamente en el mismo punto. Es más preciso hablar de una zona de nacimiento de grandes ríos que de una única fuente común.

El antiguo reino de Guge

Se establece que la cuna del Tíbet es el valle de Yarlung ¡pero en esta región ya antes hubo reinos como el de Guge! Desde acá se extendió la religión bön al resto del país.

Este antiguo reino, en el oeste del Tíbet, es conocido por sus ruinas y por los vestigios de una cultura que tuvo un papel importante.

Acá llegó el primer extranjero: el misionero jesuita Antonio de Andrade, y el rey de Guge fue quien accedió a que se alzara la primera iglesia cristiana del Tíbet.

La desaparición del reino estuvo relacionada con diversos conflictos políticos y militares.

El lago Manasarovar 

El lago Manasarovar es uno de los lugares sagrados más importantes del Tíbet. Situado cerca del monte Kailash, ocupa un lugar destacado en las tradiciones religiosas de varias culturas.

Para los hindúes, el lago está relacionado con Shiva y con la purificación espiritual. En el budismo tibetano también tiene un profundo significado religioso. Además, el lugar es venerado dentro de las tradiciones jainista y bon.

El paisaje está dominado por el agua, las montañas y el cielo abierto. La sensación de aislamiento es parte de su atractivo.

El monte Kailash

El monte Kailash es uno de los lugares más venerados de Asia. Con una altura aproximada de 6.638 metros, su silueta aislada y su importancia religiosa lo convierten en un destino excepcional.

Su cima por sagrada, no ha sido hollada. Su valor principal es espiritual. 

La montaña es venerada por cuatro grandes tradiciones religiosas:

  • Hinduismo: se considera la morada del dios Shiva.

  • Budismo: se relaciona con el monte Meru, centro simbólico del universo, y con importantes figuras de su cosmología.

  • Jainismo: está vinculado a la liberación espiritual de uno de sus maestros

  • Bön: es uno de los principales espacios sagrados de esta tradición religiosa tibetana. 

La kora del Kailash

Uno de los principales motivos para viajar hasta esta región es realizar la kora, la peregrinación a pie alrededor de la montaña. 

El circuito tradicional tiene aproximadamente 52 kilómetros y suele completarse en tres días, aunque el tiempo necesario depende de la preparación, la aclimatación y las condiciones meteorológicas.

La ruta atraviesa paisajes de gran belleza, pero también alcanza altitudes considerables. El paso de Drolma La supera los 5.600 metros, por lo que la caminata no debe confundirse con una excursión sencilla.

Muchos peregrinos realizan el circuito como acto de devoción. En el budismo tibetano suele recorrerse en el sentido de las agujas del reloj, mientras que algunas tradiciones, como la bon, siguen el sentido contrario.

La peregrinación exige una preparación física adecuada y una aclimatación previa. Es importante llevar ropa de abrigo, protección frente al sol, agua y los elementos necesarios para una caminata de varios días. También hay que contar con la posibilidad de que el tiempo cambie repentinamente.

Darchen es el principal punto de partida para la peregrinación. Tradicionalmente ha sido el lugar donde los viajeros organizan la logística del recorrido y contratan los servicios necesarios. 

 9. ¿Qué ruta elegir para un primer viaje al Tíbet?

Para quienes visitan el Tíbet por primera vez, una ruta equilibrada puede ser:

  1. Lhasa y sus alrededores: palacio de Potala, Jokhang, Barkhor, Norbulingka y los monasterios de Sera, Drepung y Ganden.

  2. El Tíbet central: el valle de Yarlung, Samye, Yamdrok Tso, Gyantse y Shigatse.

  3. Una extensión opcional: la región del Everest, el Tíbet oriental o el Tíbet occidental, cada una con necesidades logísticas diferentes.



Los monasterios del Tíbet: cómo visitarlos, las koras y sus símbolos sagrados

Los monasterios son, sin duda, una de las principales señas de identidad del Tíbet. 

Son mucho más que edificios religiosos: constituyen auténticos centros de vida espiritual, cultura, aprendizaje y convivencia.

Visitar uno de ellos es adentrarse en un universo de capillas oscuras, imágenes sagradas, lámparas de mantequilla, mantras y peregrinos que recorren sus patios haciendo girar las ruedas de oración. Para comprender lo que se ve, conviene conocer algunas de sus costumbres y símbolos.

Cómo es un monasterio tibetano

Los grandes monasterios tibetanos son casi pequeños pueblos. Dentro de sus recintos pueden encontrarse templos, capillas, salas de reunión, escuelas monásticas, bibliotecas y residencias para los monjes. Algunos llegaron a albergar a miles de religiosos y contaban con importantes propiedades agrícolas y ganaderas.

Históricamente, muchos monasterios desempeñaron funciones que iban mucho más allá de la religión: fueron centros de enseñanza, administración, producción artística y actividad económica. 

Las principales estancias

  • Lhakang: Lugar de la divinidad. Templo o santuario dedicado a una divinidad o figura sagrada.
  • Dukhang: sala de asambleas donde los monjes se reúnen para las oraciones, los rituales y las enseñanzas.
  • Gonkhang: capilla dedicada a las deidades protectoras, que suele tener una atmósfera especialmente solemne y, en ocasiones, una iluminación muy tenue.
  • Dratsang: institución o comunidad monástica, frecuentemente organizada en torno al estudio y la formación religiosa.
  • Khangtsen: unidad residencial o sección de una comunidad monástica, especialmente en grandes monasterios de determinadas tradiciones.

Cada monasterio tiene su propia distribución y no todos reúnen necesariamente estos espacios.

Siempre nos fue fascinante pasar y ver las diversas capillas, las figuras religiosas, contemplar el fervor, las postraciones, entre penumbras, velas, olores, rezos, mantras, las lámparas de mantequilla… 

La visita se ha de hacer con respeto. Se ha de llevar ropa discreta que cubra hombros y rodillas, quitarse el calzado cuando así se indique, hablar en voz baja y pedir permiso antes de fotografiar. Algunas capillas prohíben las fotografías, incluso sin flash. Las normas locales tienen prioridad.


Cómo visitar un monasterio: las koras

Hay una palabra que conviene aprender antes de viajar al Tíbet: kora. 

Designa el recorrido ritual que los peregrinos realizan alrededor de un lugar sagrado, como un monasterio, un templo, una estupa, una montaña o un lago.

La kora puede transcurrir por el interior de un recinto, por su perímetro exterior o por un itinerario mucho más largo que rodea una montaña sagrada. 

En el budismo tibetano, estos recorridos se realizan habitualmente en el sentido de las agujas del reloj. En otras tradiciones, como la religión bön, el sentido ritual puede ser el contrario. 

Para los fieles, caminar alrededor de un lugar sagrado es una práctica de devoción que permite acumular sonam, es decir, méritos espirituales. También puede expresar el deseo de obtener bendiciones, purificar acciones negativas y favorecer el bienestar propio y el de los demás. La palabra tashi se relaciona con lo auspicioso y la buena fortuna.

No se trata, por tanto, de una simple vuelta turística. Es un acto religioso que puede repetirse una y otra vez, a veces durante horas o incluso días.

Las ruedas de oración: rezar mientras se camina

Durante una kora es habitual encontrar grandes ruedas de oración instaladas a lo largo del recorrido. Los peregrinos las hacen girar con la mano al pasar. En su interior suelen contener rollos con mantras u oraciones, y su movimiento forma parte de una práctica devocional.

También existen ruedas individuales y portátiles, con un mango, conocidas habitualmente como mani khor o ruedas de oración de mano. Los fieles las hacen girar mientras caminan, recitan mantras o mantienen una actitud de meditación.

 Cada vez que le das una vuelta "se reza". ¡Las ruedas rezan por ti!

manikhar

La kora interior: un recorrido entre capillas

Al entrar en un monasterio, el visitante puede encontrarse con un mundo que contrasta con la luminosidad del paisaje exterior. En algunas capillas reina la penumbra; las lámparas de mantequilla iluminan las imágenes, el incienso impregna el ambiente y las voces de los monjes se mezclan con los rezos de los peregrinos.

Las paredes y los altares están cubiertos de pinturas, esculturas, ofrendas y símbolos cuyo significado no siempre resulta fácil de descifrar. Es una iconografía compleja.

La experiencia resulta especialmente intensa cuando se contempla el fervor de los fieles: las postraciones, los mantras murmurados, el giro constante de las ruedas de oración y la devoción ante las imágenes sagradas.

La kora exterior: un camino lleno de símbolos

El recorrido exterior puede revelar otra cara del monasterio. A lo largo del camino aparecen piedras grabadas con mantras, conocidas como mani; banderolas de oración; pequeños santuarios; escaleras que conducen a lugares de retiro y rincones donde los peregrinos se detienen a rezar.

En algunos monasterios también existen grandes muros destinados a exhibir un thangka monumental durante determinadas festividades. Un thangka es una pintura religiosa tradicional, realizada generalmente sobre tela, que puede representar budas, maestros, mandalas o escenas de la tradición budista.

Estos recorridos muestran que la vida espiritual tibetana no queda encerrada entre los muros de los templos: continúa por los caminos, las montañas y los espacios que los fieles consideran sagrados.

Las postraciones: una forma extraordinaria de peregrinación

Una de las escenas más impresionantes que puede contemplarse durante una peregrinación es la de los fieles que avanzan postrándose repetidamente sobre el suelo.

En la práctica conocida como postración completa, el peregrino se inclina, se tiende en el suelo con los brazos extendidos y vuelve a levantarse para repetir el movimiento unos pasos más adelante. Algunos lo hacen durante largas distancias, siguiendo un recorrido sagrado a lo largo de kilómetros.

Es una práctica físicamente exigente que expresa humildad, devoción y entrega espiritual. 

La iconografía tibetana: quién es quién en los templos

La primera impresión al entrar en una capilla puede ser de auténtico desconcierto. Hay tantas figuras, colores, rostros y atributos que resulta difícil saber dónde mirar. Sin embargo, muchas de estas imágenes siguen convenciones iconográficas que permiten identificar a los personajes.

No todas las figuras representan a un dios en el sentido occidental. En el budismo tibetano aparecen budas, bodhisattvas, maestros históricos, protectores y otras figuras vinculadas a diferentes tradiciones y prácticas.

¡Aturdía tanta imagen, y tan única!


  • Los budas

Los budas representan distintos aspectos de la iluminación y de la enseñanza budista. Algunos de los más habituales son:

  • Sakyamuni: el Buda histórico, Siddhartha Gautama, fundador de la tradición budista. Suele aparecer sentado sobre un trono de loto, con las piernas cruzadas y una mano extendida hacia la tierra.
  • Amitabha: el Buda de la Luz Infinita. 
  • Bhaisajyaguru: el Buda de la Medicina, asociado a la curación espiritual y al bienestar. Se representa habitualmente con atributos relacionados con la medicina.
  • Maitreya: el Buda del Futuro, que según la tradición aparecerá en el mundo cuando llegue el momento de renovar la enseñanza.
  • Dipankara: uno de los budas del pasado, venerado en diversas tradiciones budistas.

Las posturas, los gestos de las manos y los objetos que sostienen ayudan a distinguir unas representaciones de otras.

  • Los bodhisattvas: compasión y sabiduría

Los bodhisattvas son figuras que representan el ideal de alcanzar la iluminación para beneficiar a todos los seres. 

Entre los más importantes destacan:

  • Chenresig o bodhisattva de la compasión. Es una de las figuras más veneradas en el Tíbet. La tradición tibetana considera a los dalái lamas reencarnaciones de Chenresig.
  • Manjushri: representa la sabiduría y suele aparecer con una espada que simboliza la capacidad de cortar la ignorancia.
  • Tara: figura femenina asociada a la compasión, la protección y la actividad liberadora. Se representa en numerosas formas.
  • Vajrapani: representa la fuerza y el poder espiritual. Puede aparecer con aspecto colérico, de color azul y rodeado de llamas, con un vajra —un objeto ritual que simboliza la fuerza indestructible de la iluminación— en la mano.

  • Las deidades protectoras

Las imágenes de los protectores suelen ser las más sobrecogedoras. Tienen expresiones feroces, ojos muy abiertos, colmillos, llamas y posturas amenazantes. Algunas aparecen pisando figuras que simbolizan la ignorancia o los obstáculos espirituales.

Su aspecto no debe interpretarse simplemente como una representación del mal. En el budismo tibetano, estas figuras simbolizan fuerzas protectoras que ayudan a superar los obstáculos que dificultan el camino espiritual.

Entre ellas destacan:

  • Los cuatro reyes guardianes: protegen los cuatro puntos cardinales y aparecen con frecuencia en las entradas de templos y monasterios.
  • Yamantaka: forma colérica relacionada con Manjushri y con la superación de la muerte y la ignorancia. Su iconografía puede ser especialmente compleja.
  • Palden Lhamo, también conocida como Shri Devi: una de las principales protectoras del Tíbet y figura especialmente vinculada a los dalái lamas y a la escuela gelugpa. Suele representarse con aspecto feroz, montada sobre una mula o un asno, según la representación.

  • Los grandes maestros y personajes históricos

Junto a las figuras sagradas aparecen retratos de maestros, reyes y personalidades fundamentales para la historia del budismo tibetano.

  • Guru Rinpoche o Padmasambhava: figura esencial en la introducción y consolidación del budismo en el Tíbet. Se le representa a menudo con bigote, sombrero ritual y un vajra en la mano.
  • Tsongkhapa: maestro y reformador religioso del siglo XIV, fundador de la escuela gelugpa. Suele aparecer con el característico sombrero amarillo de esta tradición.
  • Songtsen Gampo: rey tibetano del siglo VII, asociado a la expansión del reino tibetano y a los relatos tradicionales sobre la llegada del budismo. En el arte religioso puede aparecer junto a sus dos esposas, la princesa nepalesa Bhrikuti y la princesa china Wencheng.
  • Trisong Detsen: rey del siglo VIII que desempeñó un papel decisivo en el establecimiento del budismo en el Tíbet.

Reconocer estas figuras convierte la visita en algo más que un paseo por salas llenas de imágenes: permite descubrir la historia, las creencias y las distintas escuelas que han dado forma a la cultura tibetana.

Los caballos del viento: las banderas de oración

Si hay una imagen que acompaña al viajero por todo el Tíbet, es la de las banderas de oración agitándose al viento. Se encuentran en los tejados, los monasterios, los puertos de montaña, los puentes y las cumbres. Sus colores contrastan con la aridez de las montañas y el azul intenso del cielo.

Una de las variedades más conocidas recibe el nombre de lungta, que significa literalmente «caballo del viento». 

Se trata de banderas de tela impresas con mantras, oraciones, símbolos auspiciosos y, con frecuencia, la imagen de un caballo que transporta una joya.

Según la creencia tradicional, el viento que mueve las banderas propaga las oraciones y sus bendiciones, extendiendo sus buenos deseos a todos los seres. No se trata únicamente de un elemento decorativo: forman parte de la vida espiritual cotidiana.

El significado de los cinco colores

Las banderas tradicionales suelen utilizar cinco colores, relacionados con los elementos de la cosmología tibetana:

  • Azul: espacio o cielo.
  • Blanco: aire o viento.
  • Rojo: fuego.
  • Verde: agua.
  • Amarillo: tierra.

En algunas banderas aparecen también animales simbólicos, como el león, el dragón, el garuda y el tigre, que acompañan al caballo del viento y enriquecen su significado.

El lungta: el caballo que lleva los buenos deseos

El caballo del viento suele aparecer en el centro de la composición, portando una joya que simboliza la prosperidad espiritual y los deseos auspiciosos. 

Representa la vitalidad, la energía y la capacidad de superar los obstáculos.

Las banderas se desgastan y pierden sus colores con el paso del tiempo, pero esa transformación forma parte de su presencia en el entorno. Su mensaje no depende de que permanezcan nuevas, sino de las oraciones y los buenos deseos que contienen.

Consejos para visitar monasterios tibetanos

Para acercarse a estos lugares con respeto y aprovechar mejor la experiencia, conviene tener presentes algunas recomendaciones:

  1. Viste con discreción. Es preferible llevar hombros y rodillas cubiertos y evitar prendas demasiado llamativas.
  2. Observa antes de actuar. Si no sabes cómo recorrer un templo o una kora, fíjate en los peregrinos y pregunta si tienes dudas.
  3. Respeta el sentido de la kora. En los circuitos budistas suele caminarse en el sentido de las agujas del reloj, pero las tradiciones locales pueden ser diferentes.
  4. Pregunta antes de fotografiar. Algunas salas, ceremonias e imágenes no se pueden fotografiar. Respeta también la intimidad de los fieles.
  5. Mantén el silencio en las capillas. Los monasterios son lugares de culto, no solo monumentos turísticos.
  6. No toques las imágenes ni los objetos rituales. Tampoco interrumpas las oraciones ni bloquees el paso de los peregrinos.
  7. Ten paciencia. Los monasterios no se comprenden únicamente mirando sus edificios. Dedicar tiempo a observar los rituales y la vida cotidiana permite apreciar mejor su significado.

Visitar un monasterio tibetano es acercarse a una cultura en la que la religión forma parte del paisaje y de la vida diaria. Las capillas, las ruedas de oración, las postraciones y las banderas que flamean en las montañas hablan de una espiritualidad que se expresa tanto en los grandes rituales como en los gestos más sencillos.

Y quizá sea esa la mejor manera de recorrer estos lugares: mirar con curiosidad, caminar sin prisas y recordar que, detrás de cada imagen y cada oración, existe una tradición cuyo significado va mucho más allá de lo que un viajero puede comprender en una sola visita.


Costumbres del Tíbet: nacimiento, bodas, muerte y gastronomía tradicional

Una cultura marcada por el budismo y la montaña

El Tíbet es mucho más que monasterios, banderas de oración y paisajes de alta montaña. Su cultura está profundamente ligada al budismo tibetano, a las creencias sobre la reencarnación y a una forma de vida que, durante siglos, ha tenido que adaptarse a unas condiciones geográficas y climáticas extremas.

Desde los rituales que acompañan el nacimiento de un niño hasta las ceremonias funerarias, pasando por las bodas tradicionales y una gastronomía basada en la cebada, la carne y los productos lácteos, las costumbres tibetanas reflejan una manera particular de entender la vida, la muerte y la relación entre el ser humano y el universo.

Algunas de estas tradiciones han cambiado considerablemente con el paso del tiempo. Otras continúan presentes, aunque con diferencias según la región, la comunidad y las circunstancias familiares.

Conocerlas permite acercarse a una cultura fascinante, pero también compleja, que merece ser comprendida más allá de los tópicos que a menudo rodean al Tíbet.

  1. El nacimiento: proteger al recién nacido.
  2. La mujer en la sociedad tibetana: tradición y cambio.
  3. La muerte en el Tíbet: distintas formas de despedida.
  4. El funeral celeste: devolver el cuerpo a la naturaleza.
  5. El Bardo Thödol: el conocido Libro tibetano de los muertos.
  6. Las bodas tibetanas: astrología, rituales y buena fortuna.
  7. La gastronomía tibetana: sabores de la alta montaña.

1. El nacimiento: proteger al recién nacido

En la cultura tibetana tradicional, el nacimiento de un niño estaba acompañado de diversos rituales destinados a protegerlo de las enfermedades, alejar las influencias negativas y favorecer una vida larga y próspera.

Unos días después del nacimiento, los amigos y la familia presentan para felicitar a los padres y conocer al recién nacido. En determinadas descripciones etnográficas aparece el término bangse, “conjuro de la mala suerte”, asociado a rituales protectores frente a la mala fortuna. 

La primera salida al exterior

Alrededor del primer mes se celebra una ceremonia para la primera salida del bebé. La fecha se elige teniendo en cuenta las creencias astrológicas y religiosas de la familia.

En algunos casos, la madre acude a un templo para rezar por la salud y la longevidad de su hijo. También se coloca una pequeña mancha de hollín en la nariz del bebé, como protección simbólica frente a las miradas dañinas o los espíritus malignos. 

Durante el viaje vimos muchos niños con esa mancha de hollín en la nariz.

Elegir el nombre del niño

La elección del nombre también podía estar vinculada a la religión, la astrología y los deseos de los padres. En algunas familias se recurría a un lama o a una persona respetada por su conocimiento espiritual para que propusiera un nombre adecuado.

Muchos nombres tibetanos tienen significados relacionados con la buena fortuna, la longevidad, la compasión o las cualidades espirituales. Entre los ejemplos habituales se encuentran Tashi, "buena fortuna" o Tsering, relacionado con una larga vida.

También existían nombres vinculados al día de nacimiento o a las circunstancias familiares. Si el niño ha nacido un jueves, se le puede llamar Phubu y Nyima si nace un martes.

Algunos padres quieren dar nombres que evoquen sus propios sentimientos como Gorkkyai, “Nacido para responder a mi deseo”

Una mujer que haya perdido a varios de sus hijos podría ponerle al recién nacido el nombre de Kyag, “Caca de perro”, con la esperanza de que las fuerzas malignas podrían así perder el interés por el pequeño.

Estas prácticas no son universales ni deben interpretarse como una regla de la sociedad tibetana actual. 

2. La mujer en la sociedad tibetana: tradición y cambio

La posición de la mujer en el Tíbet ha variado a lo largo de la historia y presenta diferencias importantes según la región, la clase social, el entorno rural o urbano y la organización familiar.

Matrimonio y organización familiar

En determinadas comunidades tibetanas existieron distintas formas de matrimonio, entre ellas la monogamia, la poliginia —un hombre con varias esposas— y la poliandria fraterna, en la que varios hermanos compartían esposa.

Esta última práctica se relacionaba especialmente con la conservación de las tierras y del patrimonio familiar. Al mantener una propiedad dentro de una misma unidad doméstica, se evitaba dividirla entre varios herederos y se favorecía la continuidad económica del hogar.

La poliginia, por su parte, también podía responder a estrategias familiares, sucesorias o de posición social. Ninguna de estas formas fue exclusiva de todo el territorio tibetano.

Hoy lo habitual es un núcleo familiar monógamo. 

Educación, trabajo y vida cotidiana

La educación femenina y el acceso de las mujeres al trabajo han experimentado transformaciones importantes durante los últimos siglos. En muchas comunidades tradicionales, las posibilidades de escolarización eran limitadas, especialmente en las zonas rurales y para las familias con menos recursos.

Actualmente, las mujeres tibetanas estudian, trabajan y participan en numerosos ámbitos de la vida social. Sin embargo, las oportunidades y las condiciones concretas dependen del lugar de residencia, la situación económica y el contexto político y cultural.

El embarazo y el parto

Las creencias tradicionales también influyeron en la forma de entender el embarazo y el nacimiento. En algunas comunidades el parto se consideraba un acto impuro y se producía lejos del espacio doméstico, a la intemperie, en establos.  

Hoy el parto tiene lugar en centros sanitarios o en el hogar, asistidos por una comadrona, dependiendo de las circunstancias y del acceso a los servicios médicos.

3. La muerte en el Tíbet: distintas formas de despedida

En el budismo tibetano, la muerte no se entiende necesariamente como el final definitivo de la existencia, sino como una transición dentro del ciclo de renacimientos. 

Las acciones realizadas durante la vida y las prácticas espirituales adquieren una gran importancia en esta concepción.

Los rituales funerarios tienen como finalidad acompañar al difunto, ayudar a la conciencia en su tránsito y favorecer las condiciones para un buen renacimiento o, desde una perspectiva espiritual más elevada, la liberación del ciclo de existencias.

Tradicionalmente, en el Tíbet han coexistido diversas formas de disponer del cuerpo, condicionadas por las creencias religiosas, la posición social, las circunstancias de la muerte y las posibilidades materiales.

Las principales prácticas funerarias

  • Funeral celeste o sepultura aérea. El cuerpo se entrega ritualmente a las aves carroñeras. Es una de las prácticas funerarias más conocidas del Tíbet.
  • Inhumación. El cuerpo se deposita en la tierra. Para los muertos por enfermedades contagiosas, así como para ladrones y criminales.
  • Cremación. Se reserva tradicionalmente para determinadas personas, entre ellas algunos maestros religiosos y figuras de especial relevancia espiritual.
  • Depósito de las cenizas o reliquias en estupas. Las estupas, conocidas en el Tíbet como chörten, son monumentos religiosos que pueden custodiar reliquias o restos de personas veneradas. Algunos grandes maestros han recibido sepulturas monumentales

El funeral celeste: devolver el cuerpo a la naturaleza

El funeral celeste, también llamado sepultura aérea, es una de las tradiciones tibetanas que más curiosidad despierta entre los viajeros occidentales.

Su explicación está estrechamente relacionada con la visión budista de la impermanencia. El cuerpo físico es temporal; la continuidad de la existencia no depende de conservarlo después de la muerte. 

¿Cómo se desarrolla un funeral celeste?

Los detalles varían según la comunidad y el ritual, pero el proceso tradicional puede incluir varias etapas.

1. Los rezos y la preparación espiritual. Tras el fallecimiento, el cuerpo se conserva envuelto en una sábana blanca unos días, durante los cuales los monjes recitan los textos sagrados, (el libro del bardo), para separar el alma del cuerpo.

2. La elección del momento. La fecha y la hora de las exequias pueden determinarse teniendo en cuenta las circunstancias del fallecimiento y las indicaciones de especialistas religiosos o astrológicos.

3. El traslado al lugar ceremonial. El cuerpo se lleva a un espacio específico, conocido como durtrö, donde se desarrolla el ritual.

4. La preparación del cuerpo. Los especialistas funerarios, llamados rogyapas, realizan el trabajo ritual necesario para que las aves puedan consumir los restos. La preparación puede incluir el desmembramiento del cuerpo.

5. La entrega a las aves. Los restos se ofrecen a los buitres y a otras aves carroñeras. En determinadas prácticas, los restos óseos se trituran y se mezclan con harina de cebada tostada, conocida como tsampa.

Se trata de un ritual que requiere respeto y discreción. Los lugares donde se celebran funerales celestes no son atracciones turísticas: son espacios sagrados para las comunidades que los utilizan.

¿Por qué se practica el funeral celeste?

Además de su significado religioso, la geografía ayuda a comprender esta costumbre. En amplias zonas de la meseta tibetana, el suelo puede ser rocoso o estar permanentemente helado, lo que dificulta la inhumación. La escasez de madera también puede hacer que la cremación resulte menos accesible.

5. El Bardo: el conocido libro tibetano de los muertos

Pocos textos religiosos han despertado tanta fascinación en Occidente como el llamado Libro tibetano de los muertos. Su título original, Bardo Thödol Chenmo, suele traducirse como «La gran liberación mediante la escucha en el estado intermedio».

No es exactamente un manual universal sobre lo que ocurre después de morir. Se trata de un conjunto de enseñanzas rituales del budismo tibetano, especialmente vinculado a la tradición nyingma, que se recitan para ayudar a la conciencia durante el proceso de la muerte y el estado intermedio.

Da instrucciones para comportarte más allá de la muerte, quitándote miedos y la confusión

Un texto atribuido a Padmasambhava

Según la tradición religiosa, las enseñanzas fueron transmitidas por Padmasambhava, maestro fundamental en la introducción del budismo en el Tíbet durante el siglo VIII. 

Estuvo escondido 7 siglos y se rescubrió en 1350. 

Occidente no lo conoció hasta 1920, cuando Walter Evans lo tradujo. En  1964 se realizó una nueva traducción por Leary.

Su difusión creció durante el siglo XX, cuando distintos autores comenzaron a interpretarlo desde perspectivas religiosas, filosóficas y psicológicas.

¿Qué es el bardo?

La palabra bardo significa, de manera general, un estado intermedio o de transición. 

Después de morir volvemos a nacer en otro lugar. Entre tanto, hay una etapa intermedia: bardo.

“Experimentareis tres Bardos que deberéis reconocer”:

-el bardo de la luz.
-el bardo de las deidades pacíficas. Estos te guían, pero podría ser una trampa. Hay que mantener la concentración, no dejarse conducir por la suave luz de los dioses, por los placeres. Estos son un obstáculo para la iluminación. Hay que buscar la liberación, no los placeres
-el bardo de las deidades iracundas. Aquí el alma puede sentir miedo y perderse. 

Estas imágenes no deben entenderse simplemente como seres externos que intentan conducir o engañar al difunto. En el contexto de estas enseñanzas, su reconocimiento está relacionado con la posibilidad de comprender la naturaleza de la propia experiencia y alcanzar la liberación.

El miedo, el apego y la confusión pueden impedir ese reconocimiento. Por eso, las instrucciones rituales insisten en mantener la claridad y no dejarse arrastrar por las apariencias.

Yama, el señor de la muerte

Esa etapa finaliza con el encuentro con YAMA, El SEÑOR DE LA MUERTE. Distintas narraciones populares dicen que analiza las obras de esa alma poniendo guijarros blancos (acciones buenas) y negros (malas)

El libro permite escapar del juicio de Yama: “No temáis al señor de la muerte, es una alucinación, seguid vuestro camino”

Si continúas se pasa a la parte más erótica. 

La última prueba: “Oh alma, entra en la matriz y pasa al mundo de los hombres”. 

Si no se alcanza la liberación, las enseñanzas budistas contemplan la continuidad del ciclo de renacimientos. El proceso puede culminar en una nueva existencia, asociada simbólicamente a la entrada en un vientre materno.

Del budismo tibetano a la contracultura de los años sesenta

Durante la década de 1960, el texto también despertó el interés de algunos autores vinculados a la contracultura y a la experimentación psicodélica. Timothy Leary, Ralph Metzner y Richard Alpert publicaron en 1964 The Psychedelic Experience, una reinterpretación inspirada en el Bardo Thödol.

Aquellos autores establecieron paralelismos entre las visiones descritas en el texto y determinadas experiencias psicodélicas. 


6. Las bodas tibetanas: 

Antaño las bodas eran acordadas. Entre miembros de una misma clase. 

Podían implicar complejas negociaciones entre familias, consultas astrológicas y ceremonias destinadas a garantizar la prosperidad de la nueva pareja.

La consulta al astrólogo

En algunas ceremonias tradicionales, antes de formalizar el compromiso se consultaba a un astrólogo o a un lama para comprobar la compatibilidad de los futuros esposos.

Entre los datos que podían tenerse en cuenta figuraban la fecha y la hora de nacimiento, además de otros elementos del calendario astrológico.

Si los augurios se consideraban favorables, las familias podían continuar con los preparativos. De lo contrario, el compromiso podía aplazarse o cancelarse.

El khata, símbolo de respeto y buenos deseos

Uno de los elementos más reconocibles de las ceremonias tibetanas es el khata, una bufanda ceremonial que se ofrece como muestra de respeto, bienvenida y buenos deseos.

Puede entregarse a familiares, maestros religiosos, invitados y personas a quienes se desea honrar. Su presencia en una boda simboliza la voluntad de establecer una relación favorable entre las familias.

El cortejo nupcial

Podían realizarse ceremonias de despedida de la novia,  cantos y diferentes augurios relacionados con el camino hacia el hogar del novio.

Encontrarse con alguien que transportara agua o leña podía interpretarse como una señal favorable, mientras que otras situaciones se consideraban de mal augurio.

También se describen despedidas en las que la familia de la novia expresaba simbólicamente su resistencia a que abandonara el hogar. O que la novia llorase durante la despedida, como expresión del vínculo con su familia.

El comienzo de una nueva vida

En las ceremonias tradicionales podían intercambiarse regalos, ofrecerse tejidos ceremoniales y establecerse acuerdos familiares. Algunas bodas incluían un contrato matrimonial cuya lectura formalizaba determinados compromisos.

Actualmente, las bodas por amor son cada vez más numerosas.
Eso sí, siguen realizándose antiguos rituales y ceremonias: antes de realizar oficialmente la petición todavía se consulta al astrólogo y se ofrece un khata a la familia de la joven. Si las dos partes están de acuerdo, se elige un día favorable y se establece el contrato de matrimonio.

7. La gastronomía tibetana: 

La cocina tibetana es inseparable del entorno en el que se ha desarrollado. La altitud, el frío y las dificultades para cultivar una gran variedad de productos han favorecido una gastronomía basada en alimentos energéticos, fáciles de conservar y adaptados a las condiciones de la meseta.

La cebada, la carne de yak y de otros animales, los productos lácteos y el té ocupan un lugar destacado. 

La tsampa: el alimento tradicional por excelencia

La tsampa es harina de cebada tostada y constituye uno de los alimentos básicos de la dieta tibetana tradicional. 

La cebada se adapta relativamente bien a las condiciones de cultivo de altura y su harina resulta práctica para transportar y conservar.

Puede mezclarse con agua, té o mantequilla hasta formar una pasta de consistencia variable. 

Se añade al yogur, a carne o queso... Tanto de desayuno, almuerzo, cena.

Se trata de un alimento saciante y energético que tradicionalmente ha acompañado a pastores, viajeros y peregrinos.

tsampa

Los momos: empanadillas tibetanas

Son pequeñas empanadillas rellenas de carne o verduras, que pueden prepararse al vapor o fritas. 

momos

La carne de yak

El yak es un animal fundamental para la vida en las regiones de gran altitud. Proporciona leche, mantequilla, queso, lana y carne.

Su aprovechamiento responde a la adaptación histórica a un entorno donde la agricultura puede resultar limitada.

La carne se prepara de distintas formas, desde guisos hasta preparaciones secas o curadas.

El po cha: té tibetano con mantequilla

Es una de las bebidas más características del Tíbet.

Se prepara tradicionalmente con té concentrado, mantequilla de yak, sal, leche y agua caliente. Los ingredientes se baten hasta conseguir una bebida de textura cremosa y sabor salado.

Su sabor recuerda más a un caldo que a una infusión convencional.

Además de aportar energía, el té caliente ayuda a combatir el frío y forma parte de la hospitalidad tradicional. Ofrecer una taza a los invitados es una forma cotidiana de recibirlos.


El cha ngamo: té dulce con leche

Frente al sabor salado del po cha, el cha ngamo es una variedad de té dulce con leche.

Las casas de té son espacios importantes de encuentro y conversación. 

La thukpa: la sopa tibetana.

La thukpa es una sopa caliente de fideos que puede llevar verduras, carne y diferentes condimentos. Es una comida reconfortante, especialmente adecuada para las bajas temperaturas de la meseta.

Existen numerosas variantes según la región y la tradición familiar. 

Otros platos y bebidas que conviene conocer

  • Chang: bebida tradicional fermentada elaborada generalmente a partir de cebada u otros cereales, con variaciones regionales.
  • Ganbanmian: denominación utilizada para distintos platos de fideos secos.
  • Empanadillas de yak: variantes de los momos rellenas de carne de yak.
  • Platos de tallarines con carne: preparaciones sencillas y contundentes, frecuentes en la cocina cotidiana.

La gastronomía del Tíbet no pretende impresionar con elaboraciones sofisticadas. Su principal virtud está en la relación directa entre los ingredientes, el territorio y las necesidades de quienes han vivido durante generaciones en uno de los entornos habitados más exigentes del planeta.

sopa tibetana

casa de te
empanadas yak




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