Lhasa, el corazón espiritual del Tíbet
Viajar a Lhasa es adentrarse en uno de los lugares más fascinantes de Asia, una ciudad donde las banderas de oración ondean al viento, el aroma del incienso se mezcla con el de la mantequilla de yak y los peregrinos recorren las calles con sus molinos de oración entre las manos.
A más de 3.600 metros de altitud, la
capital tibetana conserva una fuerza espiritual difícil de encontrar en otros
lugares del mundo.
El majestuoso palacio del Potala, los templos centenarios y el bullicioso barrio de Barkhor nos acercan a una cultura profundamente ligada al budismo.
Pero Lhasa también sorprende por sus contrastes: junto a las callejuelas
tradicionales y los santuarios llenos de devotos, se extienden grandes
avenidas, edificios modernos y muestras evidentes de una transformación que ha
cambiado la ciudad en pocas décadas.
Nuestra llegada en tren, después de más de cuarenta horas de viaje desde Pekín, marcó el comienzo de una experiencia inolvidable. Durante varios días recorrimos sus calles, descubriendo pequeños templos escondidos, monasterios y casas de té donde la vida cotidiana parecía transcurrir al margen del tiempo.
Lhasa
no es solo una ciudad que visitar en el Tíbet: es una puerta a su historia, su
espiritualidad y sus profundas contradicciones
En este primer artículo sobre Lhasa encontrarás…
- El tren Pekín-Lhasa
- La llegada a Lhasa: el primer encuentro con el Potala.
- Historia y leyendas de la
antigua capital tibetana.
- Cómo moverse por Lhasa
- Dónde
alojarse en Lhasa
- El Barkhor: el corazón del
Tíbet tradicional.
- Los templos escondidos del
casco antiguo.
- Ramoche y los barrios de la
Lhasa más cotidiana.
1. El tren de Pekín a Lhasa: una aventura que estuvo a
punto de torcerse
Nuestro
viaje por China y el Tíbet comenzó el 28 de julio de 2011. Teníamos previsto
entrar en el Tíbet a bordo del tren que une Pekín con Lhasa.
Creíamos
tener los billetes comprados, pero, una vez en Pekín, descubrimos que no era
así. Por lo que conseguimos entender, el
dinero no había llegado correctamente al intermediario encargado de gestionar
las reservas. Logramos recuperar el importe.
Consultamos
varias agencias en Pekín, pero todas nos daban la misma respuesta: conseguir
cinco billetes con tan poco margen de tiempo era imposible.
Por
momentos, llegamos a pensar que tendríamos que quedarnos en China y renunciar
al Tíbet.
Entonces
surgió una idea sencilla: acudir directamente a la estación.
Tomamos
un taxi hasta la estación de tren oeste de Pekín y fue tan sencillo como
preguntar dónde estaba la ventanilla y solicitar cinco plazas.
—Nǐ hǎo,
hola. ¿La ventanilla para comprar billetes a Lhasa?
Una vez
allí, fuimos directos:
—¡Cinco
billetes para Lhasa, por favor!
¡Y ya está! Eso
fue todo. No nos pidieron los permisos tibetanos ni los pasaportes en la
ventanilla. Simplemente, conseguimos nuestros cinco billetes para el 4 de
agosto.
Costaron 330
yuanes por persona, unos 36 euros al cambio de entonces. Solo quedaban
asientos; las literas estaban agotadas. La salida estaba prevista para el 4 de
agosto.
No
terminábamos de comprender cómo habíamos logrado hacerlo con tanta facilidad al
final. Nos preguntábamos si los billetes serían válidos o si faltaría algún
trámite más. Pero llegó el día y el tren salió a la hora prevista.
Hoy no
recomendaríamos repetir aquella operación: las condiciones de acceso han
cambiado y los extranjeros deben contar con la documentación exigida para
viajar al Tíbet. Nuestra experiencia es una anécdota de 2011.
![]() |
| estación de tren oeste |
Cuarenta y
tres horas de tren hasta Lhasa
El día
asignado el tren partió a 20h. ¡Nuestros billetes eran correctos!
Todo fue
fácil. En el gran panel ubicado en la entrada leímos que nuestro tren era el
T27 y habíamos de ir a la sala 8.
| estacion tren Oeste |
Cruzamos un torno donde mostramos ese billete ¡y nada más!
Rellenamos un formulario sobre que asumíamos los posibles efectos del mal
de altura, ¡que luego nadie nos pidió!
A 19,45h pasamos al andén donde estaba ese largo tren, de color verde y
franja amarilla.
Atrás fuimos dejando los vagones de literas, los de las blandas y los de
las duras, ¡nosotros íbamos a la sección de asientos!
Partió puntual. ¡Estábamos de camino al Tibet!
Por delante nos quedaba esa primera noche, todo el día
siguiente; una segunda noche y llegar a Lhasa
a 16h.
¡43h de tren! Y todo, en
asiento.
Eran cómodos
y estaban distribuidos en grupos de cuatro, enfrentados alrededor de una mesa
central. Para una jornada tan larga, se agradecía. Aunque, claro, después de 43
horas la comodidad quedó atrás.
La segunda
noche, algunos pasajeros acabaron tumbándose en el suelo del compartimento para
intentar dormir algo. No fue el trayecto más cómodo de nuestra vida, pero
terminó convirtiéndose en una de esas experiencias de viaje que se recuerdan
durante años.
| vagón literas |
El paisaje de algunas etapas resultó monótono, y ni siquiera pudimos contemplar el mítico paso de Tanggula, situado a más de 5.000 metros, porque lo atravesamos de noche
Había un
vagón restaurante. Una comida consistió en sopa+arroz+ternera con judías o pollo
bambú. 6Yuans pp-1€
Para la cena
probamos una de las cajas de comida que vendían a bordo. La nuestra contenía
una combinación sencilla de arroz, tortilla, pepinillo y cebolla. Costaba 20
yuanes por persona.
| vagón restaurante |
Llegamos a Lhasa sin experimentar síntomas de mal de altura.
La estación era moderna.
Hacia calor. 23ªC.
Sorprendentemente,
tampoco tuvimos que pasar por los controles que esperábamos ni mostrar los
permisos que pensábamos que nos iban a solicitar.
Aquello fue posible en las circunstancias concretas de 2011. Hoy, la documentación y las condiciones de entrada deben comprobarse previamente.
| estacion tren Lhasa |
Llamamos a
la agencia y apareció Dhondup.
Inmediatamente
nos saludó con una amplia sonrisa y nos colocó una khata alrededor del
cuello, una bufanda ceremonial que simboliza bienvenida, respeto y buenos
deseos.
Con su
furgoneta nos llevó hasta nuestro alojamiento, el Banak Shöl, situado en una
avenida principal de la ciudad.
¡Estábamos
en Lhasa!
¡Kiki soso
la gyala! ¡Conseguido! ¡Buena suerte!
El mal de altura: nuestra experiencia
Lhasa se encuentra a unos 3.650-3.700 metros de altitud. A esa altura, incluso quienes llegan en buena forma física pueden experimentar dolor de cabeza, cansancio, náuseas, falta de apetito o alteraciones del sueño.
Antes de comenzar las visitas, entramos en una farmacia local de Beijing Donglu y compramos unas ampollas de un preparado tradicional que nos recomendaron para el mal de altura, conocido como «Solomano».
Tomé una al día durante tres días y, por fortuna, no tuve problemas importantes durante el viaje. No podemos saber si el preparado tuvo algún efecto o si simplemente nos adaptamos bien a la altitud.
Nuestra experiencia no debe interpretarse como una recomendación médica. Ningún remedio tradicional sustituye a una aclimatación adecuada ni garantiza que no aparezca el mal de altura. Lo prudente es llegar progresivamente, descansar al principio, evitar esfuerzos intensos y buscar asistencia médica si aparecen síntomas preocupantes.
2. Lhasa: la ciudad sagrada del Tíbet
La residencia de los dioses. La Roma lamaísta. Ubicada en el valle
del rio Kyusu.
Lhasa era el
lugar con el que llevábamos tiempo soñando. La ciudad del Potala, del templo de
Jokhang y del Barkhor; la capital espiritual del budismo tibetano.
Pero también
era una ciudad que había cambiado enormemente.
Junto a los
edificios tradicionales, los templos y las calles del casco antiguo aparecían
grandes avenidas, centros comerciales, edificios administrativos, fachadas de
cristal y acero, tráfico y una iluminación urbana que, en algunos puntos,
resultaba estridente.
En apenas
dos décadas, Lhasa había experimentado una transformación extraordinaria.
El antiguo
asentamiento de Shöl, a los pies del Potala, había perdido buena parte de su
carácter histórico. Frente al palacio se extendía ahora una gran plaza
monumental, presidida por el monumento conocido como Monumento a la Liberación
Pacífica del Tíbet.
2.1. El origen de Lhasa: reyes, princesas y leyendas
La historia de Lhasa está estrechamente ligada a Songtsen Gampo, uno de los grandes soberanos de la historia tibetana. Durante el siglo VII, desde el valle de Yarlung unificó un Tibet hasta entonces dividido en comunidades tribales y colocó su capital en Lhasa, construyendo un palacio que siglos después derivaría en el Potala.
Para albergar la imagen traída por Bhrikuti se alzó el templo Johkang y para la de Wencheng el templo Ramoche, imagen que luego, a la muerte del rey, fue también trasladada al Johkang.
| S. Gampo y sus dos esposas |
2.2. La leyenda de la demonio que ocupaba el Tíbet
¡ESA ES LA RAZON DE LOS PRIMEROS TEMPLOS BUDISTAS TIBETANOS!: TENER ATADO A ESE DEMONIO QUE IMPEDÍA LA EXPANSIÓN DE LA NUEVA RELIGIÓN!
Es una leyenda, no una explicación histórica demostrada, pero resulta fascinante porque revela la manera en que la cosmología tradicional interpretaba la geografía y la sacralización del territorio.
2.3. ¿Por qué Lhasa significa «tierra de los dioses»?
Para rellenar ese lago sobre el que se alzaría el templo Johkang se hizo con tierra traída a lomos de cabras.
Por esto en el siglo VII se le adjudicó el nombre RASA=TIERRA (SA) DE CABRAS (RA).
Con el tiempo, Rasa habría evolucionado a Lhasa, interpretado como «tierra de los dioses» o «lugar de los dioses».
2.4. El Potala y el regreso de la capital a Lhasa
La ciudad recuperó un papel central con el quinto Dalai Lama, Ngawang Lobsang Gyatso (1617-1682). Durante su gobierno comenzó la gran reconstrucción del palacio del Potala, sobre la colina de Marpo Ri, en el emplazamiento asociado al antiguo palacio de Songtsen Gampo.
El Potala se
convirtió en uno de los símbolos más poderosos del Tíbet: residencia de
invierno de los Dalai Lamas, centro de poder político y religioso y obra
maestra de la arquitectura tibetana.
Hoy, junto con Jokhang y el palacio de verano de Norbulingka, forma parte del conjunto histórico reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial.
- MARPO RI donde se situaba el Potala,
- CHANGPO RI, antes con la universidad medicina tibetana, hoy con una antena televisión. En ella habbía dos monasterios y muchos escultores
- PARMA RI con varios monasterios secundarios
- Nangkhor: kora interior del Johkang
- Barkhor: kora exterior del Johkang
- Lingkor: 8km
- Tsekhor: kora del Potala
3. Cómo moverse por Lhasa
Pese a su extensión y a las grandes
avenidas, buena parte de los lugares de mayor interés se podía recorrer a pie.
La ciudad histórica se organiza alrededor de varios puntos esenciales: el Potala, el Barkhor y el templo de Jokhang.
Más al oeste se encuentra Norbulingka, el
antiguo palacio de verano de los Dalai Lamas.
3.1. A pie, en autobús o en taxi
La avenida
de Beijing Donglu constituía uno de los principales ejes urbanos y nos servía
para orientarnos. Todo lo interesante se encontraba en los alrededores de esta avenida.
Para visitar Norbulingka y los monasterios de Sera y Drepung utilizamos los autobuses públicos. En 2011, el billete costaba alrededor de 1 yuan por trayecto.
Los taxis
también eran económicos y fiables. Sus conductores llevaban uniforme y licencia visible.
En cualquier
caso, caminar fue nuestra forma favorita de descubrir Lhasa. Las distancias
entre los principales monumentos eran razonables y, sobre todo, pasear nos
permitía desviarnos por calles secundarias y descubrir rincones que
probablemente habríamos pasado por alto desde un vehículo.
| Beijing Donglu |
4. Dónde alojarse
El Banak Shöl: alojamiento de estilo tibetano
Un establecimiento situado cerca del Barkhor y con una
fachada y un patio interior de estilo tradicional tibetano.
Las
habitaciones se distribuían alrededor del patio, donde también se aparcaban
los vehículos. El edificio tenía dos plantas y conservaba una atmósfera muy
distinta de la de los hoteles modernos de las grandes avenidas.
Reservamos
una habitación triple y otra doble. Eran amplias, sencillas y estaban
amuebladas al estilo local. Con baño privado.
Los precios en agosto de 2011 fueron:
- Habitación doble: 7 euros por persona.
- Habitación triple sin baño: 3 euros por persona.
Fue
precisamente en el hotel donde, por fin, nos solicitaron los permisos para
completar el registro de entrada.
Después de
43 horas de tren, una ducha larga era imprescindible. Nos quitamos de encima el
cansancio del viaje y salimos a cenar.
Otros alojamientos tradicionales:
- Snowland,
- Kirey,
- Yak hotel,
- Kyichu
| Banak shol |
5. Dónde comer en Lhasa
Nuestra primera cena fue en el restaurante Nam Tso, junto al alojamiento.
Pedimos momos
de yak, una sopa tibetana, un plato de tofu y arroz con yogur de postre.
La cuenta
fue de unos 125 yuanes para los cinco, 25 yuanes por persona (2,5€)
Durante
nuestra estancia también frecuentamos otros restaurantes que nos gustaron
especialmente:
- Nam Tso, por su proximidad al
alojamiento y su cocina.
- Mandala, en las inmediaciones de la
plaza Barkhor.
- Ganges, con una terraza estupenda
para contemplar el ambiente del casco antiguo.
- Snowland y Pentoc, que también
figuraron entre nuestros favoritos.
Los nombres
y los precios corresponden a nuestra experiencia de 2011; conviene comprobar la
ubicación y la continuidad de estos establecimientos antes de utilizarlos como
referencias para un viaje actual.
6. El Barkhor: el corazón de la Lhasa tibetana
Nuestro
primer paseo por el Barkhor fue de noche. Y fue impresionante.
Adentrarnos en aquel
barrio antiguo fue como atravesar una puerta hacia otra época. Calles
estrechas, fachadas tradicionales, pequeños comercios, templos escondidos y el
inconfundible olor del incienso.
El Barkhor
es el corazón
histórico y espiritual de Lhasa, organizado alrededor del templo de Jokhang,
uno de los santuarios más venerados del budismo tibetano.
La plaza
constituía su centro. Allí se concentraban los peregrinos, los comerciantes y
los fieles que llegaban para recorrer el circuito sagrado que rodea el templo.
En sus inmediaciones se encontraban los grandes incensarios de piedra, los
postes de oración y los puestos donde se vendían objetos rituales.
Durante
nuestra estancia regresamos al Barkhor todos los días, a distintas horas. Y
siempre nos resultó fascinante.
| plaza Barkhor |
5.1. La plaza Barkhor y el templo de Jokhang
La plaza
estaba presidida por el templo de Jokhang. En torno a él se desarrollaba la vida del
barrio.
Cuatro
grandes incensarios de piedra, conocidos como sangkang, ocupaban puntos
destacados del entorno. El humo de las ofrendas aromáticas envolvía el espacio
y creaba una atmósfera muy particular.
También
había dos postes de oración, los darchen, y numerosos puestos donde se
ofrecían khatas, rosarios, incienso, velas, pequeños molinillos de
oración llamados mani khor, objetos religiosos y las banderas
de oración o caballos del viento.
Compramos
algunas de estas banderas para llevarlas durante las caminatas por las montañas
y colocarlas en los puertos que atravesáramos.
| Templo Johkang |
5.2. Peregrinos, mantras y postraciones
Uno de los
recuerdos más intensos de aquellos días fue observar a los peregrinos que
llegaban al templo.
Muchos
caminaban lentamente, haciendo girar sus molinillos de oración y recitando el
mantra Om mani padme hum. Otros realizaban el recorrido mediante
postraciones completas.
La técnica,
conocida como chaktsal o chag tshal, exige un esfuerzo físico
considerable. El peregrino avanza unos pasos, junta las manos, las eleva, se
arrodilla y se extiende completamente sobre el suelo. Después se incorpora y
repite el movimiento, una y otra vez.
Cada
postración forma parte de una práctica de devoción y purificación espiritual.
Puede requerir días o incluso semanas de
esfuerzo.
Contemplar
aquellas escenas en medio de la actividad cotidiana de la plaza nos impresionó
profundamente.
5.3. Las calles comerciales: entre tradición y
modernidad
El Barkhor
tenía también otra cara.
Dos de sus
calles comerciales principales reflejaban muy bien la transformación que estaba
experimentando Lhasa.
Zhishenge Lu conectaba la avenida principal Beijing Donlu con la plaza. Encontramos numerosas agencias, tiendas
de recuerdos y establecimientos especializados en material de montaña.
Era un buen lugar para comprar ropa de
abrigo, forros polares y otros artículos que podían resultar útiles durante las
etapas de montaña del viaje.
| C/Zishenge Lu |
La otra
arteria, Yutuo Lu, se extendía hacia el oeste, en dirección al Potala.
Allí encontramos boutiques, anuncios luminosos, fuentes y edificios comerciales
que contrastaban con las calles tradicionales.
Algunos
elementos decorativos nos parecieron especialmente recargados: arcos
multicolores y farolas ornamentales que, a nuestro juicio, tenían poco que ver
con la sobriedad de la arquitectura tibetana.
| Yutuo Lu |
| Yutuo Lu salida al Potala |
5.4. Un laberinto de callejones y templos escondidos
Lo que más
disfrutamos del Barkhor fue descubrir sus rincones más recónditos.
Llevábamos
un mapa bastante rudimentario en el que aparecían señalados varios templos. Nos
propusimos localizarlos todos, aunque algunos se encontraban en pasajes
estrechos, patios interiores o callejones sin salida.
Íbamos de uno a otro, pasando ante casas tradicionales, generalmente de uno a tres pisos, construidas con piedra y ladrillo, con cubiertas planas y ventanas trapezoidales.
Pequeños talleres, patios
comunitarios, comercios familiares y santuarios discretos.
| calle principal del Barkhor |
| khatas |
6. Los templos del Barkhor
El casco
antiguo de Lhasa guardaba una cantidad sorprendente de pequeños santuarios.
Algunos eran conocidos, pero otros resultaban difíciles de encontrar incluso
con el mapa en la mano.
6.1. Jampa Lhakhang, Mani
Lhakhang y Meru Nyingba
Detrás del
templo de Jokhang descubrimos estos tres santuarios de ambiente recogido.
Alejados del bullicio de las calles principales, ofrecían una atmósfera íntima.
En Meru Nyingba, situado en un patio comunitario, un monje me invitó a probar una patata cocida con condimentos.
| Meru Ningba |
6.2. La plaza Mani Lhakhang y el templo Rabtse
Una calle
peatonal comunicaba la plaza Barkhor con otra más pequeña, la plaza Mani
Lhakhang, donde se encontraba un poste de oración y un santuario.
Desde allí,
a poca distancia hacia el sur, localizamos el templo Rabtse. Estaba
prácticamente oculto tras una densa cortina de humo procedente de los
incensarios.
| templo Rabtse |
6.3. La mezquita y el barrio musulmán
En el sector
meridional del casco antiguo visitamos la mezquita y recorrimos el barrio
musulmán, con sus comercios y su mercado callejero.
El mercado tenía una actividad distinta de la que encontrábamos alrededor de Jokhang. Entre puestos de alimentos y tiendas se desarrollaba una vida cotidiana que aportaba otra perspectiva sobre la diversidad cultural de la capital tibetana.
Al oeste de
la mezquita localizamos también la pequeña capilla de Lho Rigsum Lhakhang, un
rincón en el que encontramos numerosos fieles.
Más
adelante, en un callejón todavía más escondido, dimos con el pequeño santuario
de Pode Kangtsang y una curiosa pagoda situada en el
centro de la capilla.
6.4. Artesanos, talleres y vida cotidiana
Seguimos hacia Lingkhuo Nanlu descubrimos una Lhasa mucho más cotidiana.
Había
talleres de fideos, fabricantes de tambores, pintores de thangkas —las
pinturas religiosas tradicionales—, tiendas de imaginería y pequeños negocios
de artesanía.
También
encontramos sastres, puestos callejeros y talleres en los que se elaboraban
instrumentos musicales utilizados en las ceremonias religiosas.
Entre ellos
destacaban los dungchen, largas trompetas ceremoniales; los rolmo,
una especie de platillos; las campanillas rituales llamadas drilbu y los
tambores conocidos como nga y damaru.
Aquel recorrido nos permitió descubrir que el Barkhor no era un barrio convertido exclusivamente en escaparate turístico. Seguía siendo un espacio de trabajo, residencia, comercio y práctica religiosa.
6.5. Ani Tsankhung: el convento de monjas
Uno de
nuestros descubrimientos favoritos fue Ani Tsankhung, un convento budista
femenino situado en el casco antiguo.
Entrada de 40 yuanes. (2011)
El conjunto
estaba muy bien cuidado. A la entrada había incensarios y una casa de té
tradicional que invitaba a detenerse. Más allá se encontraba una amplia sala de
reuniones en la que entramos mientras varias monjas rezaban y entonaban
cánticos.
Nos impresionó la sonoridad de los rezos y la naturalidad con la
que se desarrollaba la vida del convento.
Subimos a la
azotea y pudimos ver algunas dependencias, la cocina y otros espacios del
edificio. También visitamos una sala de meditación vinculada tradicionalmente a
Songtsen Gampo y una capilla con una representación de Chenresig, el
bodhisattva de la compasión, de mil brazos.
En otra
estancia, varias monjas recortaban pequeños papeles con oraciones que después
se incorporaban a los molinillos de oración.
El convento combinaba, así, la práctica espiritual con trabajos artesanales que contribuían a mantener la comunidad.
6.6. Una casa de té inolvidable
Al salir de
Ani Tsankhung no pudimos resistirnos a la tentación de entrar en aquella casa
de té.
Estaba
concurrida. Pedimos un té dulce y unos momos caseros deliciosos.
Sentados entre los vecinos, observando cómo conversaban y compartían su tiempo, sentíamos que estábamos descubriendo otra dimensión de Lhasa.
7. Los templos al norte de Beijing Donglu
Al norte de
la gran avenida de Beijing Donglu encontramos otros santuarios que merecieron
nuestra atención.
7.1. Tsome Ling y Shide Tratsang
El templo de
Tsome Ling era uno de los cuatro complejos conocidos tradicionalmente como Ling,
vinculados a la nobleza.
Entrada 10 yuanes. (2011)
El conjunto se componía de dos templos y el palacio rojo, del XIX
Mientras callejeábamos por esta zona dimos también con Shide Tratsang, un antiguo complejo religioso que entonces se encontraba en ruinas, a pesar de haber desempeñado un papel importante en la historia de la ciudad.
7.2. Gyüme: los estudios tántricos
Siguiendo
Beijing Donglu hacia el este llegamos a Gyüme, un importante centro de estudios
tántricos.
Cerca de Gyüme encontramos el templo de Meru Sarpa, donde nos llamó la atención una figura divina con aspecto de rana.
7.3. Ramoche, el templo hermano de Jokhang
Se encuentra al norte del Barkhor y se accede por una calle comercial animada, llena de pequeños puestos y establecimientos locales.
La tradición relaciona su construcción, en el siglo VII, con la imagen de Buda que la princesa china Wencheng habría llevado al Tíbet.A la entrada
encontramos a varios fieles realizando postraciones. Junto a las figuras de los
dioses guardianes había un monje tocando un nga, un tambor suspendido
que hacía sonar con una baqueta curvada.
La escena
era poderosa, pero lo que nos esperaba en el interior todavía nos impresionó
más.
En la
capilla principal encontramos un grupo de monjes vestidos con espectaculares
trajes ceremoniales y tocados. La riqueza de las vestimentas, el sonido de los
instrumentos y el ambiente del templo componían una imagen difícil de olvidar.
El sanctasanctórum quedaba oculto tras una cota de malla metálica que los fieles frotaban en busca de la buena fortuna. Detrás estaba la imagen más sagrada custodiada por 4 reyes guardianes.
Recorrimos tanto el circuito interior como el exterior del templo.
| calle Ramoche |
7.4. Tsepak Lhakhang y el Buda de la longevidad
Junto a
Ramoche encontramos otra capilla más pequeña, Tsepak Lhakhang, que también
recibía numerosos fieles.
Su nombre
está relacionado con el Buda de la longevidad.
En el
interior encontramos varios monjes vestidos con hábitos rojos. El ambiente era
recogido, muy diferente del bullicio de las calles comerciales que rodeaban el
templo.
Al salir
continuamos por la calle Ramoche, una vía animada en la que se sucedían los
puestos y los pequeños comercios.
En su final
encontramos una casa de té tradicional con un amplio patio, bancos de madera,
mesas bajas y numerosas plantas.
También entramos en otro local muy popular, frecuentado por vecinos que se reunían para ver la televisión y conversar. Allí coincidían residentes de la ciudad con personas llegadas desde pueblos cercanos para hacer compras o realizar gestiones.
Nuestros
vecinos de mesa nos contaron que procedían de una localidad próxima al Everest.
Sus rostros estaban curtidos por el sol y la altitud, y vestían sus mejores
ropas para aquella visita a la capital.
Y así, entre templos escondidos, mercados, casas de té y encuentros casuales, fuimos descubriendo una Lhasa más allá de la imagen monumental.

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