Monasterio de Tsurphu, la sede
de los Karmapas: un tesoro espiritual del Tíbet
Enclavado entre las montañas, al final de una pista que serpentea por valles remotos, el monasterio de Tsurphu es uno de los grandes centros espirituales del Tíbet.
Sede histórica de los Karmapas, maestros de la escuela Karma Kagyu conocidos como los «sombreros negros»
Este conjunto monástico combina templos, capillas y viviendas de monjes en un entorno de una belleza sobrecogedora.
Visitarlo es adentrarse en una de las tradiciones más fascinantes del budismo tibetano, marcada por la meditación, los linajes de maestros reencarnados y una historia en la que espiritualidad y poder se entrelazan.
En este artículo encontrarás…
- Del lago Nam Tso al monasterio
de Tsurphu
- El monasterio de Reting y las
montañas del Tíbet
- Tsurphu, la sede de los
Karmapas
- La historia de los Karmapas y
sus reencarnaciones
- Un monasterio que parece un
pequeño pueblo
- La sala de reuniones y las
reliquias del XVI Karmapa
- El templo Lhakhang Chenmo y sus
grandes imágenes
- Regreso a Lhasa y paseo por el
Barkhor
- Nuestra impresión del
monasterio de Tsurphu
1. Del lago Nam Tso al monasterio de Tsurphu
Dejamos el
lago Nam Tso a las nueve de la mañana para dirigirnos al monasterio de Tsurphu.
Volvimos a incorporarnos a la carretera Qinghai-Tíbet, con bastante tráfico y numerosos controles policiales. Continuamos entre camiones y vehículos que recorrían una de las principales vías de comunicación de la meseta tibetana.
2. El monasterio de Reting y las montañas del Tíbet
Durante el
recorrido pasamos por el desvío hacia el monasterio de Reting, un lugar
remoto y apartado que quedó fuera de nuestra ruta de aquel día.
El
monasterio sufrió graves daños durante la Revolución Cultural y posteriormente
fue reconstruido. Su conjunto, escalonado por la ladera, incluye una gran sala
de reuniones conocida como Utse. Su historia está ligada a figuras
relevantes de la política y la religión tibetanas.
Varios
abades de Reting desempeñaron el papel de regentes durante la minoría de edad
de distintos Dalai Lamas. El propio XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso, recibió
enseñanzas de importantes maestros religiosos tibetanos.
No nos detuvimos a visitarlo, pero su ubicación aislada y su historia lo convierten en un lugar interesante para quienes quieran profundizar en el budismo tibetano y en las relaciones entre religión y poder.
3. Tsurphu, la sede de los Karmapas
A la una de
la tarde tomamos el desvío hacia el monasterio de Tsurphu. Cruzamos un
pequeño puente adornado con banderas de oración y dejamos atrás la carretera
principal.
A partir de
allí comenzó un trayecto mucho más lento. Una pista bacheada se internaba por
un valle y atravesaba varias aldeas. Durante unos 45 minutos avanzamos entre
saltos y sacudidas, mientras el paisaje se volvía cada vez más montañoso y
remoto.
Al final del camino apareció el monasterio, presidido por la bandera de los Karmapas.
Su
ubicación, rodeado de montañas y alejado de las grandes poblaciones, reforzaba
la impresión de haber llegado a un lugar especial.
Tsurphu es
la sede tradicional del linaje Karma Kagyu, una de las principales escuelas del
budismo tibetano. Su historia se remonta al siglo XII, cuando Düsum Khyenpa,
reconocido como el primer Karmapa, estableció allí su centro religioso.
Los Karmapas desempeñan un papel fundamental en la tradición tibetana por ser uno de los linajes en los que se desarrolló de manera temprana el sistema de maestros reencarnados. Su influencia religiosa se extendió mucho más allá del monasterio y llegó a comunidades budistas de numerosos países.
4. La historia de los Karmapas y sus reencarnaciones
Los Karmapas
pertenecen a la escuela Karma Kagyu, vinculada a la tradición Kagyu del budismo
tibetano. Esta corriente concede una gran importancia a la transmisión directa
de las enseñanzas entre maestros y discípulos, así como a la práctica
meditativa.
En la
historia del budismo tibetano destacan maestros como Marpa y Milarepa, figuras
esenciales en la tradición Kagyu. Atisha, por su parte, tuvo una enorme
influencia en la renovación del budismo en el Tíbet durante la segunda difusión
de esta religión.
Los Karmapas y el sistema de reencarnaciones
En el
budismo tibetano, determinados maestros son reconocidos como la reencarnación
de sus predecesores. La identificación del nuevo Karmapa se realiza mediante
procedimientos religiosos tradicionales, interpretaciones de indicaciones
atribuidas al maestro fallecido y consultas a autoridades espirituales.
Sin embargo,
el reconocimiento del XVII Karmapa dio lugar a una disputa especialmente
compleja. Tras la muerte del XVI Karmapa en 1981,
surgieron desacuerdos entre diferentes figuras de la escuela Karma Kagyu.
Dos
candidatos acabaron siendo reconocidos por distintas autoridades: Ogyen
Trinley Dorje, cuyo reconocimiento contó con el respaldo del Dalai Lama y
también fue aceptado inicialmente por las autoridades chinas, y Trinley
Thaye Dorje, reconocido por otros maestros y comunidades de la tradición
Karma Kagyu.
La historia
posterior de ambos ha seguido caminos diferentes. Ogyen Trinley Dorje abandonó
el Tíbet en 1999 y llegó a India siendo adolescente. Trinley Thaye Dorje
también ha desarrollado su actividad religiosa internacionalmente.
Los Karmapas
cuentan con numerosos seguidores y centros religiosos fuera del Tíbet,
incluidos monasterios y comunidades en Europa y Estados Unidos.
5. Un monasterio que parece un pequeño pueblo
La visita
nos descubrió un conjunto monástico precioso, casi como un pequeño pueblo
levantado en la montaña.
En lugar de
limitarse a un único edificio monumental, Tsurphu estaba formado por calles,
templos, capillas, viviendas monásticas y espacios religiosos distribuidos por
el recinto.
Había pequeñas capillas protectoras, edificios dedicados a las prácticas rituales y viviendas donde residían los monjes.
La arquitectura se adaptaba al terreno,
con construcciones que parecían crecer alrededor de los patios y de los caminos
que ascendían por la ladera.
6. La sala de reuniones y las reliquias del XVI
Karmapa
El edificio
principal era la gran sala de reuniones, corazón religioso del monasterio. En
su interior se encontraba un chorten, una estructura sagrada que
custodiaba reliquias relacionadas con el XVI Karmapa.
En la
segunda planta estaban sus antiguas dependencias privadas.
Las salas de
reunión de los monasterios tibetanos cumplen una función esencial. En ellas se
celebran ceremonias colectivas, recitaciones, enseñanzas y otras prácticas
religiosas. Suelen combinar grandes columnas, bancos para los monjes, imágenes
sagradas y una decoración cargada de simbolismo.
7. El templo Lhakhang Chenmo y sus grandes imágenes
Continuamos
paseando por las atractivas calles del monasterio y visitando otros templos.
Uno de los
edificios que más llamaba la atención era el Lhakhang Chenmo, donde una
gran imagen de Sakyamuni, el Buda histórico, ocupaba varios niveles del
edificio. La estatua alcanzaba unos veinte
metros de altura.
Comer en la cantina del monasterio
Después de la visita, a las cuatro de la tarde emprendimos el camino de vuelta.
La pista nos devolvió a la carretera principal y a las cinco y media estábamos de nuevo en Lhasa.
8. Regreso a Lhasa y paseo por el Barkhor
Nos alojamos
otra vez en el hotel Banak Shol.
Salimos a pasear por el Barkhor, el histórico
circuito de peregrinación que rodea el templo Jokhang.
Terminamos
el día cenando en el restaurante Mandala.
9. Nuestra impresión del monasterio de Tsurphu
Tsurphu nos dejó el recuerdo de un monasterio hermoso y remoto, donde las montañas, las capillas y las calles monásticas parecían formar parte de un mismo universo espiritual.
La pista que nos condujo hasta allí fue larga e incómoda, pero la llegada compensó el trayecto. Nos gustó descubrir sus edificios sin prisas, entrar en la sala de reuniones, contemplar las reliquias del XVI Karmapa y recorrer las calles que conectaban los distintos templos.
También fue una visita que nos acercó a una de las particularidades más fascinantes del budismo tibetano: la continuidad de sus linajes de maestros reencarnados y la importancia que conservan en la vida religiosa de sus seguidores.
Más allá de su arquitectura y de la historia de los Karmapas, nos llevamos la sensación de haber descubierto un rincón del Tíbet que conserva una fuerza especial, capaz de permanecer en la memoria mucho después de abandonarlo.
Y es que viajar consiste precisamente en eso: en dejarse sorprender,
descubrir mundos diferentes y regresar con la mirada un poco más abierta.
Porque, como siempre, ¡paren el mundo… que nos subimos!
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