sábado, 24 de agosto de 2019

LHASA-POTALA. TEMPLO JOHKANG. NOBURLINGA (Palacio de verano)

Lhasa, el corazón espiritual del Tíbet

Lhasa es la capital histórica del Tíbet. Una ciudad donde la arquitectura monumental, la tradición budista y la vida cotidiana de los peregrinos se entrelazan a cada paso. Aquí se alzan el legendario palacio del Potala, el templo Jokhang y la antigua plaza y barrio del Barkhor; pero también sobreviven pequeños santuarios, callejones escondidos, mercados tradicionales.

En la primera salida nos dedicamos a recorrer el antiguo barrio del Barkhor con sus calles tradicionales, sus templos. Ahora vamos a conocer algunos de sus lugares más emblemáticos: el Potala, el templo Jokhang, el palacio de verano de Norbulingka y los circuitos de peregrinación que rodean los principales santuarios. 

También hubo tiempo para descubrir galerías de arte contemporáneo, mercados y casas de té frecuentadas por los habitantes de Lhasa.

  1. Lhasa, el corazón espiritual del Tíbet

  2. El palacio del Potala: el gran símbolo del Tíbet

    • Historia del Potala y la Colina Roja

    • Cómo visitar el Potala: permisos, entradas y subida

    • El Palacio Blanco: las dependencias de los Dalai Lamas

    • El Palacio Rojo: capillas, mandalas y tumbas monumentales

  3. La kora del Potala: peregrinos y ruedas de oración

    • Qué es una kora tibetana

    • La casa de té excavada en la roca

    • Ruedas de oración y postraciones completas

    • El parque Lukang y el templo del lago

  4. El templo Jokhang y la plaza del Barkhor

    • El santuario más venerado del Tíbet

    • Incensarios, postes rituales y lámparas de mantequilla

    • El koutou: una expresión de devoción

    • El interior del Jokhang: capillas, Budas y murales

    • La azotea del Jokhang: el Potala en el horizonte

    • Comer en el Barkhor

  5. Norbulingka, el palacio de verano de los Dalai Lamas

    • Un oasis de jardines en Lhasa

    • Los palacios y la vida privada de los Dalai Lamas

  6. Arte contemporáneo tibetano: Budas, cubismo y cultura pop

  7. El Lingkhor: el gran circuito sagrado de Lhasa

    • Qué es el Lingkhor

    • Chakpori: arte religioso grabado en la roca

    • Los yaks dorados y el mercado de alimentos

    • Parmari y el templo de Gesar Ling

    • La pared de los mil Budas

  8. El Potala iluminado: una última vuelta bajo la noche tibetana

  9. Consejos para visitar Lhasa, el Potala y el Jokhang

  10. Nuestra impresión de Lhasa

1. El palacio del Potala: el gran símbolo del Tíbet

De la avenida Yutuo Lu a la Colina Roja

La mañana comenzó en la plaza del Barkhor. 

Desayunamos en el restaurante Mandala, cuya terraza ofrecía unas vistas privilegiadas de la plaza.

Pancakes, yogur con frutas y cafés costaron 112 yuanes para cinco personas, unos dos euros por cabeza. 

También comeríamos: Carne con setas+verduras salteadas+espagueti tibetanos+arroz con yogur 180Y/5p-4´5€pp

Entre los restaurantes que también merecían la pena estaban el Ganges, en la propia plaza; el Nam Tso, junto al hotel Banak Shol; el Pentoc y el Snowland.

Desde el Barkhor, la avenida Yutuo Lu conducía hacia el Potala entre arcos de colores, tiendas y edificios comerciales. Poco a poco, la silueta del palacio se hacía más presente hasta dominar por completo el paisaje.

Salida de C/Yutuo Lu-¡EL POTALA!

Aunque el Potala aparece en innumerables fotografías, contemplarlo en directo produce una impresión diferente. Sus enormes muros, sus volúmenes escalonados y la combinación de colores blancos y rojos parecen elevarlo sobre la ciudad. 

Historia del palacio del Potala

El Potala se levanta sobre Marpo Ri, la Colina Roja, y se encuentra a unos 3.700 metros de altitud.

Su historia se remonta al siglo VII, cuando el rey tibetano Songtsen Gampo estableció una residencia en esta colina. Sin embargo, el conjunto monumental actual debe su configuración principalmente a las obras emprendidas durante el siglo XVII por el quinto Dalai Lama.

La construcción del Palacio Blanco comenzó en 1645. Tras la muerte del quinto Dalai Lama, en 1682, se completó el Palacio Rojo, destinado fundamentalmente a las funciones religiosas y funerarias. Posteriormente, distintas generaciones fueron ampliando y modificando el complejo.

El Potala se convirtió en la residencia de invierno de los Dalai Lamas y en uno de los principales centros del poder político y religioso tibetano. 

Los distintos colores en su fachada ayudan a distinguir la función de ese edificio:

-Rojo-identifica buena parte de los espacios religiosos.
-Blanco-se relaciona principalmente con las dependencias administrativas y residenciales
-Amarillo-residencia Dalai Lama


Cómo visitar el Potala: permisos, entradas y subida

Obtuvimos las entradas en la taquilla situada a pies del Potala, en la avenida Beijing Donglu. 

Nuestro guía, Tsua, presentó los permisos de acceso.  (Si no tuvieras ese permiso, habrías de obtenerrlo en una agencia) 

Sólo se visitaba en un número determinado de personas/día.

Precio entrada: 100 yuanes por persona, once euros. (2011)

permiso de acceso

Desde las taquillas de el recorrido continuaba por la zona de Shöl hasta alcanzar la subida al palacio.

El barrio de Shöl

Frente al palacio se extiende hoy una gran plaza monumental. 

Allí se encontraba el antiguo barrio de Shöl, que descendía por la ladera hasta el río. 

La transformación de este entorno modificó profundamente la relación entre el palacio y la ciudad histórica. 

La explanada actual, presidida por un monumento dedicado a la llamada Liberación Pacífica del Tíbet, contrasta con el tejido urbano tradicional que existió en sus inmediaciones.


¡Llegó la primera gran prueba! 

¡Afrontar los 999 escalones del Potala! Con las condiciones de la altura de Lhasa: 3700m.

La subida resultó menos agotadora de lo esperado. Los escalones eran suaves, espaciados, intercalados con tramos de rampas.

La verdadera taquicardia procedía de la emoción de estar allí, frente a uno de los monumentos más extraordinarios.

La visita se realizaba desde la parte superior e ir descendiendo.

Consejo: conviene subir despacio, detenerse cuando sea necesario y evitar esfuerzos innecesarios. 

El Palacio Blanco: las dependencias de los Dalai Lamas

La visita comenzó en el Palacio Blanco, conocido en tibetano como Karpo Potrang. 

Tras atravesar una puerta decorada con figuras protectoras, se accedía al patio de Deyang Shar, rodeado por la arquitectura característica del conjunto.

A partir de allí comenzaba un recorrido por un auténtico laberinto de estancias: salas de recepción, dependencias residenciales, bibliotecas, capillas, pasillos estrechos y escaleras empinadas.

El interior no podía fotografiarse.

Entre los espacios visitados figuraban las dependencias relacionadas con el decimotercer y el decimocuarto Dalai Lama, la sala del trono y las estancias destinadas a las recepciones.

Más que un palacio convencional, el Potala parecía una ciudad vertical, construida para albergar simultáneamente funciones administrativas, residenciales y religiosas.

patio del palacio blanco

palacio blanco

El Palacio Rojo: capillas, mandalas y tumbas monumentales

La siguiente parte de la visita transcurría por el Palacio Rojo, Marpo Potrang, dedicado principalmente a las actividades religiosas y ceremoniales.

En su interior se sucedían capillas, salas de meditación, mandalas, espacios de oración y tumbas monumentales de varios Dalai Lamas. Entre ellas destacaban las de figuras como el quinto, el séptimo y el decimotercer Dalai Lama.

La riqueza ornamental de algunas de estas estructuras funerarias resulta extraordinaria. Los metales preciosos, las piedras, las esculturas y los elementos ceremoniales reflejan la importancia religiosa y política de las personas a las que están dedicadas.

El recorrido descendía de una planta a otra, entre salas que parecían multiplicarse sin fin. 

2. La kora del Potala-el Tsekhor: peregrinos y ruedas de oración

Qué es una kora tibetana

La palabra kora designa el recorrido ritual que los peregrinos realizan alrededor de un lugar sagrado. Puede rodear un templo, un monasterio, una montaña o un palacio religioso. Caminar en el sentido tradicional del circuito, recitando mantras y haciendo girar ruedas de oración, forma parte de una práctica espiritual muy extendida en el budismo tibetano.

Tras visitar el interior del Potala, el recorrido continuó por su circuito exterior, conocido como Tsekhor.

El primer tramo discurría por la amplia avenida Beijing Donglu, junto a una hilera de columnas rojas.

Cerca se encontraban dos estupas blancas. Una era el chorten occidental, sustituto de la antigua puerta occidental que antaño daba paso a la ciudad sagrada. 




chorten occidental

Una casa de té excavada en la roca

Uno de los rincones más curiosos se encontraba bajo el Potala, en la ladera de Marpo Ri. Era una casa de té excavada en la roca, cuyo interior parecía adentrarse en las entrañas de la colina.

El lugar era frecuentado por peregrinos tibetanos.

Probamos el cha ngama, un té tibetano dulce que se servía en un termo del que cada persona podía servirse directamente. 

A su lado había un establecimiento donde vendían yogur de yak.

Ruedas de oración y postraciones completas

El circuito continuaba junto a largas hileras de ruedas de oración. Los peregrinos las hacían girar una tras otra mientras avanzaban, en ocasiones acompañando el movimiento con la repetición de mantras.

Algunos realizaban postraciones completas. Desde la posición erguida, se arrodillaban y extendían el cuerpo sobre el suelo, con los brazos hacia delante, para después incorporarse y repetir el gesto.

Estas postraciones, denominadas chaktsal en tibetano, expresan devoción, respeto y entrega espiritual. También se relacionan con la purificación de las aflicciones mentales que el budismo describe tradicionalmente como los cinco venenos: apego, ignorancia, envidia, orgullo y odio.



El parque Lukang y el templo del lago

El recorrido conducía hasta el parque Lukang, donde se encontraban tres chortens blancos y un gran incensario, conocido como sangkang.

También había un lago con una pequeña isla central, accesible mediante un puente.

En ella estaba el templo Lukang, pequeño, recogido, alzado por el sexto Dalai Lama para apaciguar a los Lu o nagas (seres acuáticos y subterráneos representados a menudo como serpientes o dragones)

Su entorno, con el agua y la vegetación, contrastaba con la monumentalidad del Potala.


Completamos el kora, entre pequeñas imágenes, altares y ruedas de oración, dándole así la vuelta totalmente al Potala. 


Otro día realizamos ese kora al anochecer. ¡Aún más mágico! ¡Y qué decir del Potala iluminado!



3. El templo Jokhang y la plaza del Barkhor

El santuario más venerado del Tíbet

Si el Potala representa la grandeza arquitectónica y política del Tíbet histórico, el Jokhang constituye uno de los grandes centros de su vida religiosa.

Situado en el corazón del barrio antiguo, junto a la plaza del Barkhor, el templo es considerado uno de los santuarios más sagrados del budismo tibetano. 

Su fundación se remonta al siglo VII, durante el reinado de Songtsen Gampo, aunque el edificio ha experimentado numerosas ampliaciones y transformaciones a lo largo de su historia.

Su origen se relaciona tradicionalmente con las dos esposas del monarca: la princesa nepalesa Bhrikuti y la princesa china Wencheng. La tradición vincula a ambas con la introducción de importantes imágenes budistas en el Tíbet. Para albergarlas, se alzaron estos templos.

La imagen más venerada del Jokhang es Jowo Sakyamuni, una representación de Buda Shakyamuni como joven príncipe, que la tradición asocia a la princesa Wencheng. 

El Jokhang ha atravesado periodos difíciles, especialmente durante la Revolución Cultural, cuando sufrió graves daños y dejó de cumplir normalmente sus funciones religiosas. Posteriormente fue restaurado y recuperó su papel como centro de culto.

La entrada: incensarios, postes rituales y lámparas de mantequilla

La entrada principal se abría hacia la plaza del Barkhor. Frente a ella se encontraban grandes incensarios, (sangkars), postes rituales y una sala donde los fieles encendían lámparas alimentadas con mantequilla de yak.

El olor del incienso y de la mantequilla caliente impregnaba el ambiente. 

Lo más impresionante era la cantidad de peregrinos que se concentraban frente a la fachada.

sala lamparillas

Esa mantequilla de yak se vendía en los puestos, en unos paquetes amarillos.



                                                                                           

El koutou: una expresión de devoción

Muchos fieles practicaban postraciones frente al muro del Johkang.

Sin moverse de un punto, se inclinaban, arrodillaban y extendían el cuerpo por completo sobre el suelo. Repetidas veces. 

Estas prácticas expresan reverencia ante las imágenes sagradas. 


El interior del Jokhang: capillas, Budas y murales

La entrada costaba 85 yuanes-9€(2011)

Tras pasar junto a las figuras de los dioses guardianes, se accedía a un patio interior decorado con imágenes y motivos religiosos. Allí se encontraba el trono ceremonial del Dalai Lama, además de las escaleras hacia las plantas superiores y el acceso al núcleo sagrado.

El templo estaba organizado en torno a numerosas capillas. En ellas se acumulaban imágenes de Buda, maestros religiosos, personajes históricos y divinidades protectoras, acompañadas de murales, mandalas y ofrendas.

La iluminación era tenue. Las lámparas de mantequilla proyectaban una luz cálida sobre las imágenes, mientras el incienso impregnaba el aire.

En el centro del santuario se encontraba Jowo Sakyamuni, la imagen más venerada del templo. 

Después de recorrer las capillas, la subida a la planta superior permitía descubrir nuevos espacios religiosos y llegar finalmente a la azotea, con unas vistas fabulosas.

trono DL


La azotea del Jokhang: el Potala en el horizonte

Desde el tejado se contemplaban el patio interior, la plaza del Barkhor y los tejados de la ciudad antigua. A lo lejos, dominando el horizonte, aparecía el Potala.

En la cubierta destacaba la rueda del Dharma, con sus ocho radios, flanqueada por dos ciervos. 

La rueda representa las enseñanzas de Buda y el camino óctuple; los ciervos recuerdan el primer sermón que impartió en el parque de los Ciervos de Sarnath, en la India.

El Jokhang reunía así, en un mismo espacio, arquitectura, arte, historia y espiritualidad. 

Cenar en el Barkhor

Tras la visita, el paseo por las calles del barrio antiguo permitió regresar al ambiente cotidiano de la plaza.

La cena tuvo lugar en el restaurante Nam Tso. El menú incluía empanadillas de yak, arroz con verduras y platos de pollo al curry y cerdo. La cuenta fue muy económica

El día había reunido dos de los lugares más importantes de Lhasa: el Potala y el Jokhang más el barrio de Barkhor. Pero la ciudad todavía tenía mucho que ofrecer fuera de sus grandes monumentos.

4. Norbulingka, el palacio de verano de los Dalai Lamas

Un oasis de jardines en Lhasa

Norbulingka, cuyo nombre suele traducirse como «jardín del tesoro» o «parque de la joya», fue la residencia de verano de los Dalai Lamas. 

Se encuentra al oeste del Potala y constituye uno de los grandes conjuntos históricos de Lhasa.

Su construcción comenzó en el siglo XVIII, bajo el séptimo Dalai Lama, y las generaciones posteriores fueron añadiendo palacios, pabellones y jardines. El conjunto terminó convirtiéndose en un importante centro residencial, político y cultural.

El trayecto desde el centro se realizó en autobús público, por un yuan y unos quince minutos de trayecto. Lo tomamos en la avenida Beijing Donlou.

A pie, el recorrido suponía aproximadamente media hora.

La entrada costó 65 yuanes por persona.

No estaba permitido fotografiar los interiores.

Tras cruzar un arco flanqueado por dos grandes leones tibetanos, se accedía a un entorno de jardines,  estanques y pabellones rodeados de vegetación.

bus al pº verano


entrada al palacio de verano

Los palacios y la vida privada de los Dalai Lamas

Tras pasar el arco de entrada flanqueado por dos grandes leones tibetanos,  pasamos a esos jardines y enseguida nos encontramos el palacio del octavo Dalai lama (1758-1804) Exquisito, refinado.

El recorrido continuaba por el Nuevo Palacio de Verano, construido durante el siglo XX para el decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso. Este complejo, levantado entre 1954 y 1956, conserva espacios vinculados a su vida antes del exilio.

En sus dependencias se encontraban la sala de audiencias, los salones de reunión, el dormitorio y el trono. También se mostraban objetos asociados a los últimos días de su estancia en Lhasa.

En 1959, el decimocuarto Dalai Lama abandonó el Tíbet y huyó a la India, donde establecería su residencia en el exilio. 


trono Dalai Lama

En la esquina noroeste había otros dos palacios, en medio de unos grandes estanques: El Tuzin y el del 13º Dalai Lama.



5. Arte contemporáneo tibetano: Budas, cubismo y cultura pop

De vuelta al Barkhor, el almuerzo tuvo lugar en el restaurante Mandala. Esta vez el menú incluía hamburguesas vegetarianas, momos —empanadillas tradicionales— y chapatis. La cuenta fue de 215 yuanes para cinco personas, incluidos Tsua y su mujer.

Después llegó una sorpresa: una galería de arte situada en la segunda planta de una de las casas tradicionales con patio interior.

Algunas obras eran atrevidas y rompedoras. Había representaciones de Budas con rostros inspirados en Mickey Mouse o Batman, junto a pinturas de influencia cubista y otras que recordaban al arte pop de Andy Warhol.

Entre los artistas que figuraban en las notas estaban Songlang Tsering, nacido en Lhasa en 1977, y Gade, también nacido en Lhasa, en 1971.

Junto a estas propuestas contemporáneas había obras clásicas y realistas. 

El contraste mostraba que el arte tibetano no se limita a reproducir iconos religiosos tradicionales: también puede reinterpretarlos, cuestionarlos y establecer diálogos con los lenguajes artísticos internacionales.

Aquella visita aportaba una mirada distinta sobre Lhasa, una ciudad donde tradición y modernidad conviven de manera compleja.







6. El Lingkhor: el gran circuito sagrado de Lhasa

Qué es el Lingkhor

Es el gran circuito exterior de peregrinación de la antigua Lhasa. Históricamente conectaba espacios sagrados y recorridos rituales relacionados con el Jokhang, el Potala y las colinas de los alrededores.

A diferencia de la kora del Barkhor, que rodea el templo Jokhang, o del Tsekhor, que circunda el Potala, el Lingkhor abarcaba un territorio mucho más amplio.

Unos ocho kilómetros, aunque la distancia depende del trazado y de los tramos que se incluyan.

El paseo comenzó junto al chorten occidental, en la esquina suroeste del palacio, detrás de la gran pantalla de la avenida.

El itinerario permitió descubrir templos pequeños, espacios de culto escondidos y rincones sorprendentes.

lo iniciamos en el chorten occidental

Chakpori: arte religioso grabado en la roca

Enseguida llegamos a las laderas de la colina Chakpori 

Estaban salpicadas de grabados, bajorrelieves de Buda, mantras en piedra, astas de yak grabadas...

También se encontraban artesanos dedicados a trabajar la piedra y elaborar imágenes religiosas.

El recorrido pasó junto al convento de Drubthub y continuó hacia Palha Lupuk, un pequeño santuario-cueva vinculado por la tradición a Songtsen Gampo.

Su ambiente era recogido, muy diferente del de los grandes monasterios. 

Este tramo terminaba en un fondo de saco, por lo que fue necesario regresar al chorten occidental para continuar por la avenida Beijing Donglu.

Los yaks dorados y el mercado de alimentos

A medio camino apareció una estatua de yaks dorados, levantada para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la llamada liberación pacífica del Tíbet.

Frente a ella se encontraba un gran mercado chino de alimentos. Entrar en él suponía cambiar por completo de ambiente: de las capillas y los senderos de peregrinación se pasaba a un espacio comercial lleno de productos frescos y actividad cotidiana.


Parmari y el templo de Gesar Ling

Alcanzamos la colina de Parmari, donde visitamos el templo de Gesar Ling.

En la planta superior había imágenes budistas, mientras que en la inferior aparecían figuras relacionadas con distintas tradiciones religiosas y culturales, entre ellas representaciones de Confucio y del legendario héroe tibetano Gesar, asociado con Guandi, una divinidad guerrera de la tradición china.

En una esquina había una piedra sobre la que algunos visitantes se frotaban la espalda, atribuyéndole propiedades curativas.

Cerca se encontraba el monasterio de Kunde Ling, con su patio interior colorido y dos templos.


La pared de los mil Budas

Más adelante, un incensario situado en mitad de la calle parecía señalar la continuación del circuito. El camino se internaba por un callejón descuidado, con grafitis y paredes deterioradas.

Ya pensábamos que nos habíamos equivocado cuando en su final nos apareció una puerta monumental y tras ella… ¡qué impresionante!:

Una enorme pared rocosa cubierta de imágenes de Buda.

Frente a ella se levantaba un chorten amarillo, de forma triangular, construido con un entramado de listones de madera que sostenía numerosas piedras mani pintadas.

El sendero continuaba por la otra vertiente de Chakpori, junto a nuevas paredes con bajorrelieves de Buda y representaciones de caballos del viento. Aquí y allá aparecían piedras grabadas con mantras, astas de yak, huesos inscritos y pequeñas figuras religiosas de barro conocidas como tsa-tsa.

Sin embargo, el camino volvió a convertirse en un callejón deteriorado. 

Finalmente desembocó en una esquina de Jiangsu Donglu, donde terminó aquel tramo del recorrido.

Desde allí, el regreso al centro transcurrió en paralelo al río Kyichu, que en esa zona rodea la isla de Taiyang, conocida como la isla del Sol.

El Lingkhor había mostrado una Lhasa más escondida y sorprendente.

7. El Potala iluminado: una última vuelta bajo la noche tibetana

La jornada terminó con una cena en Dicos, una hamburguesería situada en la avenida Yutuo Lu, entre el Potala y el Barkhor.

Pero todavía quedaba una última experiencia: regresar al Potala para contemplarlo iluminado y repetir el circuito de peregrinación.

El entorno adquiría un carácter más íntimo. Las luces del palacio, las velas y los fanales, junto con la presencia de peregrinos que continuaban caminando y haciendo girar las ruedas de oración, convertían el recorrido en una experiencia especialmente evocadora.

La imagen del Potala iluminado permanecía como una de las estampas más poderosas de la estancia en Lhasa.

8. Consejos para visitar Lhasa, el Potala y el Jokhang

Aclimatarse a la altitud

Lhasa se encuentra a unos 3.650 metros sobre el nivel del mar. Es importante reservar tiempo para aclimatarse, caminar despacio y evitar esfuerzos intensos durante los primeros días. La subida al Potala y las escaleras de los monasterios pueden resultar exigentes.

Organizar la visita al Potala con antelación

El acceso está sujeto a normas de reserva, horarios y aforo que pueden cambiar. Es recomendable comprobar los procedimientos oficiales antes del viaje y confirmar si se necesita documentación o autorización adicional.

Respetar las normas de los templos

En los espacios religiosos hay que respetar las indicaciones sobre fotografías, vestimenta y comportamiento. En algunas capillas no está permitido fotografiar el interior. Conviene evitar tocar imágenes y objetos rituales y no interrumpir las prácticas de los peregrinos.

Llevar agua y calzado cómodo

Las visitas incluyen escaleras, patios y recorridos a pie. El calzado cómodo y el agua son esenciales, especialmente durante las caminatas alrededor del Potala y el Lingkhor.

Consultar los precios actuales

Las cantidades que aparecen en este artículo corresponden al viaje realizado en 2011 y se ofrecen como referencia histórica. No deben utilizarse como tarifas actuales para entradas, transporte, restaurantes o alojamiento.

Reservar tiempo para caminar sin rumbo fijo

Los grandes monumentos son imprescindibles, pero algunos de los mejores momentos aparecen en los callejones del Barkhor, las casas de té, los pequeños mercados y los rincones religiosos menos conocidos. 

9. Nuestra impresión de Lhasa

Lhasa deja una impresión que va mucho más allá de sus monumentos. El Potala asombra por su arquitectura y por la historia que encierra; el Jokhang conmueve por la intensidad de la devoción que lo rodea; Norbulingka ofrece una mirada más íntima sobre la vida de los Dalai Lamas.

Pero también permanecen en la memoria los detalles aparentemente menores: el té dulce servido en un termo, el yogur de yak, los peregrinos haciendo girar las ruedas de oración, las piedras grabadas con mantras o aquella pared cubierta de Budas que apareció inesperadamente al final de un callejón.

Lhasa es una ciudad de contrastes. Conviven en ella los grandes espacios monumentales y los pequeños santuarios, las tradiciones religiosas y las expresiones artísticas contemporáneas, la vida cotidiana y la solemnidad de los lugares sagrados.

Junto a una tercera perspectiva: avenidas modernas, con edificios vanguardistas, arcos y farolas llamativas.

Conocerla exige algo más que visitar sus principales monumentos. Hay que caminar, observar y dedicar tiempo a comprender el significado de los lugares que se atraviesan. Y, sobre todo, integrarse con su gente. amable, simpática, hospitalaria.

El Tíbet todavía tenía mucho que mostrar, pero estas dos jornadas habían permitido acercarse a la esencia de Lhasa: una ciudad donde el paisaje, la historia y la espiritualidad van de la mano.


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