jueves, 30 de enero de 2014

QUÉ VER EN GUADALAJARA. RUTA RECOMENDADA. MAPA. CHARREADAS, LUCHA LIBRE Y MARIACHIS

Guadalajara en 2 días: qué ver, excursión a Tequila, mariachis, charreadas y lucha libre

Guadalajara, la capital de Jalisco

Hay ciudades que representan un país entero. Guadalajara es una de ellas.

Capital del estado de Jalisco y segunda ciudad más importante de México, aquí nacieron algunos de los grandes símbolos de la identidad mexicana: el mariachi, el tequila y la charrería. Pero Guadalajara también sorprende por su magnífico patrimonio colonial, sus plazas llenas de vida, sus mercados tradicionales y una intensa actividad cultural que la convierte en una de las ciudades más interesantes del país.

Durante nuestra ruta de 31 días por México, dedicamos dos jornadas completas a descubrirla. El primer día recorrimos su centro histórico. El segundo estuvo reservado para vivir tres experiencias profundamente mexicanas: asistir a una auténtica charreada, vibrar con una sesión de lucha libre y terminar la jornada escuchando mariachis mientras cenábamos al aire libre.

Además, aprovechamos nuestra estancia para realizar una de las excursiones imprescindibles desde Guadalajara: visitar el pueblo de Tequila, cuna de la bebida más famosa de México y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Si estás organizando una ruta por el país y te preguntas qué ver en Guadalajara en dos días, aquí encontrarás un itinerario completo, consejos prácticos, restaurantes recomendados, alojamiento y nuestra experiencia personal para aprovechar al máximo la visita.

Qué encontrarás en esta guía

  • Qué ver en Guadalajara en 2 días.
  • Cómo llegar a Guadalajara.
  • Dónde alojarse.
  • Dónde comer.
  • Ruta completa por el centro histórico.
  • Excursión a Tequila.
  • Cómo asistir a una charreada.
  • Dónde ver lucha libre mexicana.
  • Zapopan y Tlaquepaque.
  • Consejos prácticos para organizar la visita.

Nuestro itinerario de 2 días

Día 1

  • Llegada desde Zacatecas.
  • Recorrido por el centro histórico.
  • Catedral.
  • Plaza de Armas.
  • Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.
  • Teatro Degollado.
  • Mercado San Juan de Dios.
  • Plaza de los Mariachis.

Día 2

  • Excursión a Tequila.
  • Hospicio Cabañas.
  • Charreada.
  • Lucha libre mexicana. 

¿Por qué visitar Guadalajara?

Pocas ciudades conservan sus tradiciones con tanta naturalidad como Guadalajara.

Aquí los mariachis siguen llenando de música las plazas; los charros continúan compitiendo en las charreadas con el mismo orgullo de hace generaciones; las destilerías de tequila mantienen vivo un proceso artesanal con siglos de historia y la lucha libre sigue reuniendo cada semana a familias enteras que viven cada combate como si fuera una final.

Pero Guadalajara también sorprende por su patrimonio artístico.

Su centro histórico reúne algunos de los edificios más importantes de México, como la Catedral Metropolitana, el Teatro Degollado, el Palacio de Gobierno o el impresionante Hospicio Cabañas, declarado Patrimonio de la Humanidad y considerado una de las grandes obras maestras del muralismo mexicano.

Es una ciudad donde cada paseo permite descubrir un nuevo rincón, una terraza llena de vida o un mercado popular repleto de aromas, colores y sabores.

Un consejo importante

Si puedes elegir las fechas del viaje, intenta que tu estancia coincida con un domingo.

Ese día Guadalajara muestra su lado más auténtico.

Por la mañana podrás asistir a una charreada, el deporte nacional de México; por la tarde disfrutar de una sesión de lucha libre mexicana y, al caer la noche, escuchar mariachis en directo mientras cenas en una terraza de El Parián de Tlaquepaque.

Difícilmente encontrarás otra jornada que concentre tantas tradiciones mexicanas.

Una gran ciudad con alma colonial

El área metropolitana de Guadalajara supera los 4,5 millones de habitantes. A sus habitantes se les conoce como tapatíos.

Como ocurre en muchas grandes ciudades latinoamericanas, el extrarradio es inmenso, muy disperso y, en ocasiones, caótico. Sin embargo, esa sensación desaparece al llegar al centro histórico.

Aquí todo invita a caminar.

En apenas unos minutos se suceden plazas arboladas, edificios coloniales, iglesias barrocas, soportales, mercados tradicionales y elegantes avenidas peatonales.

La Catedral, el Palacio de Gobierno, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, el Teatro Degollado y el Hospicio Cabañas forman un conjunto monumental que puede recorrerse cómodamente a pie.

Dos barrios imprescindibles

Aunque el centro histórico concentra la mayor parte de los monumentos, Guadalajara cuenta con dos barrios que merecen una visita.

Zapopan

Al oeste de la ciudad se encuentra Zapopan, una de las zonas más elegantes y prósperas del área metropolitana.

Su gran atractivo es la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan, uno de los santuarios marianos más importantes de México. El ambiente relajado de sus plazas, jardines y terrazas convierte el barrio en un excelente lugar para pasear.

San Pedro Tlaquepaque

Si existe un rincón con encanto en Guadalajara, ese es San Pedro Tlaquepaque.

Aunque hoy forma parte de la gran ciudad, conserva el aspecto de un pequeño pueblo colonial.

Sus calles empedradas, las fachadas de vivos colores, las galerías de arte, las tiendas de artesanía y las terrazas llenas de música crean una atmósfera completamente distinta a la del centro.

Su ambiente recuerda mucho al barrio de Coyoacán, en Ciudad de México.

Aquí se encuentra El Parián, donde los mariachis recorren continuamente las mesas interpretando rancheras, boleros y sones tradicionales.

Tanto Zapopan como Tlaquepaque pueden visitarse cómodamente utilizando los autobuses urbanos que parten desde el centro histórico.






Cómo llegar a Guadalajara

Guadalajara está perfectamente comunicada con las principales ciudades mexicanas tanto por carretera como por avión.

Nosotros llegamos desde Zacatecas utilizando un autobús de la compañía Chihuahuenses.

  • Duración: 5 horas y 30 minutos. (De 16h a 21´30h)
  • Precio: 391 pesos (unos 23 €).
  • Paradas: Aguascalientes y San Juan de los Lagos.

Una vez más comprobamos el excelente nivel del transporte de larga distancia en México.

Los autobuses resultan modernos, cómodos y puntuales. Disponen de amplias butacas reclinables, aire acondicionado, baño, televisión y, en muchas compañías, incluso ofrecen un pequeño refrigerio durante el trayecto.

La estación central de autobuses se encuentra alejada del centro histórico.

Para llegar a nuestro alojamiento utilizamos un autobús urbano que nos dejó junto a la Plaza de Armas. 11 pesos.

Dónde alojarse en Guadalajara

Nos alojamos en el Hotel Casa Vilasanta, una opción con una excelente relación calidad-precio.

Situado en la calle Rayón, a unos quince minutos a pie de la Catedral, ocupa una agradable casa tradicional organizada alrededor de un patio colonial.

Las habitaciones son sencillas pero cómodas, todas con baño privado, y el establecimiento dispone de una cocina completamente equipada, lavandería, conexión wifi y varias salas comunes decoradas con mobiliario de estilo mexicano.

Habitación doble con baño. 12 € por persona.

Además, su ubicación resultó perfecta para recorrer el centro histórico caminando.

A escasos minutos se encuentra el Templo y la Plaza Expiación, rodeado por numerosos puestos de comida donde probamos unos excelentes burritos durante nuestra primera noche en Guadalajara.

Hotel Casa Vilasanta

salones-patio-comedor
Dónde comer en Guadalajara

Guadalajara ofrece una excelente gastronomía y abundan los restaurantes con buena relación calidad-precio.

Estos fueron algunos de nuestros favoritos:

  • La Rinconada, situado junto al Teatro Degollado. Un precioso patio colonial, cocina tradicional jalisciense y precios muy razonables.
  • Los Faroles, una popular taquería de la calle Corona frecuentada por los propios tapatíos.
  • La Gorda, justo enfrente de Los Faroles, especializada en cocina casera mexicana.
  • Pastelería OK, una magnífica sorpresa para hacer una pausa con un capuchino acompañado de alguno de sus excelentes pasteles.
  • Las terrazas de la Plaza de los Mariachis y de El Parián de Tlaquepaque, donde la cena siempre viene acompañada por música en directo.

Día 1: recorrido por el centro histórico de Guadalajara

Inicio: Plaza de Armas: el corazón de Guadalajara

Con su ambiente agradable. Bancos a la sombra de los árboles, músicos, vendedores ambulantes y familias paseando.

Nos llamaron la atención las elegantes calandrias, los tradicionales coches de caballos que esperan a los visitantes frente a la plaza y hacer un recorrido por el centro histórico.

Plaza de Armas

La plaza estaba rodeada de impresionantes edificios históricos.

La Catedral Metropolitana de Guadalajara es el gran símbolo de la ciudad. Con sus inconfundibles torres neogóticas.

Aunque comenzó a construirse en el siglo XVI, diversos terremotos obligaron a reconstruir parte del edificio, motivo por el cual mezcla diferentes estilos arquitectónicos.

Catedral de Guadalajara

Frente a la Catedral se encuentra uno de los edificios más interesantes de Guadalajara: el Palacio de Gobierno de Jalisco.

La entrada es gratuita y únicamente hay que registrarse en el acceso.

Muchos visitantes entran atraídos por el espectacular mural de José Clemente Orozco, pero el edificio merece bastante más tiempo.

En sus salas se presentan exposiciones dedicadas a la historia de Guadalajara, al desarrollo del estado de Jalisco y a dos de sus grandes símbolos culturales: el agave y el tequila.

Sin embargo, la verdadera sorpresa aparece al subir la gran escalinata.

El impresionante mural de José Clemente Orozco

Presidiendo la escalera principal se encuentra una de las grandes obras del muralismo mexicano.

José Clemente Orozco representó al cura Miguel Hidalgo, iniciador de la Guerra de Independencia de México, sosteniendo una antorcha mientras parece enfrentarse a todas las formas de opresión y totalitarismo.

No es un mural decorativo. Es una poderosa declaración de principios.

La intensidad de los colores, la fuerza de las figuras y la expresividad del personaje principal hacen que resulte imposible apartar la vista.

Fue nuestra primera toma de contacto con la obra de Orozco, aunque todavía nos esperaba lo mejor.

 palacio de gobierno

mural de Orozco en escalinata

El Congreso del Estado

Pocos visitantes saben que también puede accederse al Congreso del Estado de Jalisco, situado en la planta superior del Palacio.

Su hemiciclo conserva nuevos murales de Orozco que ayudan a comprender mejor el pensamiento del artista antes de visitar al día siguiente el Hospicio Cabañas, donde alcanzó la cima de su carrera.

congreso

murales de Orozco 

Cinco plazas que forman un gran conjunto monumental

La plaza de Armas forma parte de un conjunto urbano excepcional compuesto por cinco plazas que se enlazan unas con otras y crean un enorme espacio peatonal.

Desde la Plaza de Armas basta cruzar unos metros para encontrarse con la Plaza de Guadalajara, presidida por una elegante fuente y la iglesia de Las Mercedes.

Muy cerca aparece la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, donde descansan los restos de algunos de los personajes más importantes de la historia del estado de Jalisco. Las esculturas de bronce repartidas por la plaza recuerdan a escritores, científicos, artistas y políticos que contribuyeron al desarrollo de la región.

Continuando el paseo se llega a la Plaza de la Liberación, un amplio espacio abierto que sirve de antesala al majestuoso Teatro Degollado en la Plaza Tapatía.

Todo el conjunto resulta muy armonioso y convierte el centro histórico de Guadalajara en uno de los más agradables para recorrer caminando.

Teatro Degollado

Su fachada neoclásica, inspirada en los grandes teatros europeos, destaca por el amplio pórtico de columnas corintias y el frontón coronado por la inscripción:

"Que nunca llegue el rumor de la discordia."




teatro Degollado

Paseo hacia el Hospicio Cabañas

Desde el Teatro Degollado parte una amplia avenida peatonal que conduce directamente hasta el Hospicio Cabañas.

Es uno de los paseos más agradables del centro histórico.

A ambos lados aparecen comercios tradicionales, cafeterías, restaurantes y pequeños puestos callejeros que llenan de vida esta zona durante todo el día.

Uno de los restaurantes era La Rinconada, que ocupa un precioso patio colonial

Y uno de sus mercados era el de San juan de dios, un moderno centro comercial, popularmente llamado “Taiwan de Dios” debido a la enorme cantidad de artículos electrónicos que pueden encontrarse en muchos de sus puestos.

El escudo de Guadalajara

Continuando el paseo encontramos una gran escultura que reproduce el histórico escudo de la ciudad.

Los dos leones apoyados sobre un árbol recuerdan el emblema concedido por el rey Carlos I en el siglo XVI y constituyen otro de los símbolos de Guadalajara.

Plaza de los Mariachis

Pasado el HOSPICIO CABAÑOS, al que le reservaríamos la mañana siguiente, unos minutos después llegamos a la Plaza de los Mariachis.

Más que una gran plaza, se trata de una callejuela donde numerosos grupos de mariachis esperan a quienes desean escuchar una ranchera o dedicar una serenata.

Escudo de Guadalajara
En la calle peatonal que desemboca en el Hospicio Cabañas (al fondo)

Rumbo a Tequila

Nuestra jornada todavía no había terminado.

Desde la Plaza de los Mariachis caminamos hasta la antigua estación de autobuses para tomar el transporte que nos llevaría al pueblo de Tequila. (O se toma uno de los numerosos peseros en el centro)

Tomamos el bus A TEQUILA a 12h y regresamos a Guadalajara a 21h. 


Día 2: el Hospicio Cabañas, la obra maestra de José Clemente Orozco

Habíamos leído que el Hospicio Cabañas era Patrimonio de la Humanidad y que albergaba los murales de José Clemente Orozco.

Pensábamos visitar un museo.

Salimos convencidos de haber contemplado una de las obras cumbre del arte del siglo XX.

El edificio: mucho más que un museo

Antes incluso de cruzar la puerta impresiona la monumentalidad del conjunto.

El Hospicio Cabañas ocupa varias manzanas del centro histórico y constituye uno de los edificios neoclásicos más importantes de América.

Fue construido entre 1805 y 1810 siguiendo el proyecto del arquitecto valenciano Manuel Tolsá, por encargo del obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, cuya intención era crear un gran centro benéfico para atender a huérfanos, ancianos y personas sin recursos.

Durante muchos años funcionó como hospicio.

Aquí crecieron cientos de niños abandonados. Muchos llegaban sin nombre, depositados en una cesta a las puertas del edificio. El obispo decidió entonces que todos llevaran su apellido: Cabañas. Una tradición que, durante mucho tiempo, continuó en la institución.

Hoy el edificio alberga el Instituto Cultural Cabañas, dedicado a exposiciones y actividades culturales, aunque su auténtico tesoro espera en el interior de la antigua capilla.

El conjunto sorprende por su perfecta simetría.

Alrededor del gran patio central se distribuyen otros 23 patios menores, conectados mediante largos corredores que crean una sensación de orden y equilibrio.

La inmensa cúpula central simbolizaba la Corona española, bajo cuyo reinado comenzó la construcción.

Ya solo por su arquitectura, la visita estaría plenamente justificada.

Pero entonces aparecen los murales.

Y todo cambia.

Hospicio Cabañas

No lo visites por libre: haz la visita guiada

Hay un consejo que daría a cualquiera que viaje a Guadalajara.

No recorras el Hospicio Cabañas por libre.

La entrada incluye visitas guiadas en diferentes horarios.

Aprovecha una de ellas.

Porque los murales de Orozco no son fáciles.

No cuentan una historia de manera evidente.

No buscan decorar.

No pretenden agradar.

Obligan a pensar.

Y cuando alguien te explica su significado, empiezas a descubrir un universo completamente nuevo.

Nos ocurrió exactamente eso.

Lo que al principio parecían escenas difíciles de interpretar terminó convirtiéndose en una apasionante reflexión sobre el poder, la violencia, la religión, la historia y el ser humano.

José Clemente Orozco: el muralista que hacía pensar

México cuenta con tres grandes nombres del muralismo: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Después de visitar Ciudad de México ya habíamos disfrutado de los coloridos murales de Diego Rivera.

Sin embargo, Orozco juega en otra liga.

Mientras Rivera suele representar escenas populares llenas de color y optimismo, Orozco resulta mucho más profundo, crítico e incómodo.

No pinta para decorar paredes. Pinta para remover conciencias. Su obra habla de fanatismo, injusticia, guerras, dictaduras, explotación y deshumanización. Cada fresco es una pregunta lanzada al espectador. Nunca una respuesta.

Como escribió Octavio Paz:

«Orozco no cuenta ni relata; tampoco interpreta; confronta los hechos, los interroga y busca en ellos una revelación.»

Esa frase resume perfectamente la experiencia de recorrer el Hospicio Cabañas.

Un viaje por la historia de México

Los primeros murales recorren algunos de los grandes episodios históricos del país.

Orozco admiraba la grandeza de las antiguas civilizaciones mesoamericanas, pero también denunciaba sus sacrificios humanos y la violencia de sus rituales.

Tampoco idealiza la conquista española.

Para él existieron dos conquistas. La militar y la religiosa.

En sus frescos aparecen soldados, frailes, indígenas, armas, cruces y símbolos enfrentándose constantemente.

Nada es completamente bueno. Nada es completamente malo. Todo invita a reflexionar.

La modernidad aplasta el pasado

Uno de los murales que más nos llamó la atención parecía, a primera vista, completamente caótico.

Tres escenas independientes. Objetos dispersos. Una gran rueda dentada dominándolo todo.

La explicación del guía transformó nuestra forma de verlo.

En la parte inferior aparecían códices y elementos del mundo indígena. En el centro, los tesoros de las antiguas civilizaciones. Sobre ellos, una inmensa rueda industrial.

El mensaje era demoledor: La modernidad aplasta la cultura antigua.

A partir de ese momento dejamos de mirar los murales. Empezamos a leerlos.

La cruz que libera... y también domina

Otro de los grandes temas de Orozco es la religión.

Su visión está muy lejos del blanco o negro.

La cruz representa el conocimiento. La alfabetización. La apertura hacia una nueva cultura. Pero también puede simbolizar imposición, sometimiento y violencia.

Solo un religioso recibe un tratamiento claramente positivo.  El obispo Cabañas. El fundador del hospicio. Porque dedicó su vida a proteger a los más desfavorecidos.

En cambio, otro fraile aparece representado con gesto severo mientras un indígena permanece sometido bajo enormes letras.

El mensaje resulta evidente. "La letra con sangre entra."

El mural de los alambres

Otro conjunto fascinante está formado por tres frescos unidos por un sencillo elemento: Un alambre.

En el primero representa la esclavitud. En el segundo, el poder del opresor. En el tercero, esos alambres terminan rompiéndose.

¿Quién los rompe? No la violencia. No la guerra. ¡La cultura! El conocimiento. La educación. Las artes.

Es uno de los mensajes más optimistas de todo el conjunto.

La perspectiva poliédrica: el gran secreto de Orozco

Hasta entonces pensábamos que lo más impresionante eran las ideas. Pero todavía quedaba descubrir su increíble dominio técnico.

El guía nos pidió que observáramos un fresco del techo desde diferentes puntos de la sala.

De repente ocurrió algo inesperado. Las figuras cambiaban. Una espada parecía desplazarse. Un caballo modificaba completamente su postura. Las proporciones variaban.

Era la llamada perspectiva poliédrica, una complejísima técnica pictórica mediante la cual una imagen cambia según el lugar desde donde la contempla el espectador.

Y aquello solo era un anticipo del gran final.

El Hombre de Fuego

Llegó el momento de colocarnos bajo la gran cúpula. Entonces levantamos la cabeza.

Y apareció él. El Hombre de Fuego.

Una figura envuelta en llamas asciende —o quizá desciende— rodeada por otras siluetas que representan las artes, la creación y los cuatro elementos de la naturaleza.

No existe una interpretación única.

Para algunos simboliza el renacimiento del ser humano.

Otros lo relacionan con Prometeo, castigado por entregar el fuego a la humanidad.

También hay quien ve en él la eterna destrucción y reconstrucción de las civilizaciones.

Tal vez esa sea precisamente la grandeza de la obra. Cada visitante encuentra un significado diferente.

El escorzo más espectacular que hemos visto

Hay otro detalle que convierte esta pintura en una auténtica proeza.

Da igual desde dónde la observes. Si caminas alrededor de la cúpula, la figura sigue orientándose hacia ti. Nunca pierde la perspectiva. Nunca se deforma. Siempre parece estar frente al espectador.

Lograr ese efecto sobre una superficie curva, pintando al fresco y a tantos metros de altura resulta sencillamente extraordinario.

Nuestra experiencia

De todos los lugares que visitamos en Guadalajara, ninguno nos impresionó tanto como el Hospicio Cabañas.

No solo por la calidad artística de sus murales. Sino porque obliga a detenerse. A observar. A pensar. A mirar varias veces la misma pintura hasta descubrir un detalle nuevo.

Si solo dispones de tiempo para visitar un museo en Guadalajara, que sea éste.

Y, sobre todo, hazlo con un guía.

Comprenderás que Orozco no pintó simplemente paredes.

Pintó preguntas que, casi un siglo después, siguen esperando respuesta.















la modernidad aplasta la cultura antigua







EL HOMBRE DE FUEGO


La experiencia más mexicana: charreada, lucha libre y mariachis

Hay ciudades que se visitan. 

Y hay ciudades que se viven.

Guadalajara pertenece al segundo grupo.

Nuestro último día en la ciudad estuvo dedicado a tres experiencias que resumen como pocas la identidad de Jalisco: asistir a una charreada, disfrutar de una auténtica lucha libre mexicana y terminar la jornada escuchando mariachis mientras cenábamos al aire libre.

Si visitas Guadalajara un domingo, intenta organizar el día de esta forma. Difícilmente encontrarás un plan más completo.

La charreada: el rodeo mexicano.

Después de visitar el Hospicio Cabañas nos dirigimos hacia el Lienzo Charro, situado junto al Parque Agua Azul.

Desde el centro histórico se puede llegar caminando en unos veinte minutos o utilizando alguno de los autobuses urbanos que recorren la avenida Independencia.

Tomamos el bus 52 hasta el parque Agua Azul 

Mucho más que un rodeo

A menudo se compara la charreada con el rodeo norteamericano. Sin embargo, esa comparación se queda corta.

La charrería forma parte de la historia de México 

Nació en las antiguas haciendas ganaderas y conserva muchas de las habilidades que los charros desarrollaban en su trabajo diario con el ganado.

Hoy continúa siendo una tradición profundamente arraigada, especialmente en el estado de Jalisco.

Un ambiente completamente familiar

Lo primero que nos sorprendió fue el ambiente. Encontramos una auténtica fiesta popular. Padres, abuelos y niños llenaban las gradas.

Muchos pequeños, con apenas cuatro o cinco años, acudían vestidos con impecables trajes de charro: botas camperas, enormes sombreros, cinturones con vistosas hebillas y pequeñas espuelas.

Era evidente que allí no se trataba simplemente de un deporte. Era una tradición que iba pasando de generación en generación.

Comienza el espectáculo

Mientras una banda de música interpretaba canciones populares, el locutor iba presentando cada una de las pruebas con un entusiasmo contagioso.

Aunque al principio apenas entendíamos algunos términos, (jineteo de cola, enlazadas, feria de redondas...) enseguida nos dejamos llevar por el ambiente.

Los equipos competían en diferentes suertes charras, donde se valoraban la destreza con el caballo, el dominio del lazo y la habilidad para controlar el ganado.

Cada ejercicio arrancaba aplausos y comentarios entre un público que conocía perfectamente las normas.

El arte del lazo

Una de las pruebas más espectaculares fue el floreo del lazo.

Los charros hacían girar la reata con una precisión extraordinaria, dibujando figuras sobre sus cabezas mientras el narrador describía cada movimiento con una jerga tan curiosa como musical:

—«¡Levanta el espejo!... ¡Cruza la cañada!... ¡Cambio!... ¡Lado natural!... ¡Qué buena lazada!»

El coleadero

Otra de las pruebas consistía en perseguir un novillo al galope y derribarlo sujetándolo por la cola.

La velocidad, la precisión y el dominio del caballo hacían que cada intento levantara exclamaciones entre el público.

Caballos, toros y jinetes

A lo largo de la mañana se sucedieron exhibiciones de doma, montas de caballos broncos, lazos por equipos y diferentes ejercicios ecuestres.

Lo que más llamó nuestra atención fue la extraordinaria compenetración entre jinete y caballo. Se movían como si ambos formasen un solo cuerpo.







Una michelada entre charros

Mientras seguían las competiciones, numerosos vendedores recorrían continuamente las gradas.

Era imposible resistirse a pedir una cerveza bien fría o una refrescante michelada.

Aquello hacía que el ambiente resultara todavía más distendido.

En un momento dado vimos a un niño muy pequeño manejando el lazo con una habilidad sorprendente.

Comentamos con su padre que aquel chaval prometía. Su sonrisa de orgullo fue una de esas pequeñas escenas que solo regala un viaje.



Lucha libre mexicana: puro espectáculo

Después de la charreada y comer unos tacos regresamos tranquilamente hacia el centro.

Hicimos una parada en la magnífica Pastelería OK, en la calle Corona, donde disfrutamos de un excelente capuchino acompañado de unos pasteles realmente deliciosos.

La siguiente cita prometía emociones fuertes. A las seis de la tarde comenzaba la sesión familiar de lucha mexicana en la Arena Coliseo.

Sesiones: martes y domingo (“sesión familiar” a 18h)















Elegir bien el asiento

Las entradas tenían distintos precios según la cercanía al cuadrilátero.

140$ (fila 1-3) 
120$ (fila 4-6) 
80$ (fila 7-9)
De la 10 a la 15; 40$ en balcón (es la peor zona), 
20$ en gradas, que también es buena zona pero no estás “dentro”, en el meollo.

Nosotros elegimos filas 7-9. Desde allí podíamos seguir perfectamente cada combate y sentirnos parte del espectáculo.

Rudos contra técnicos

Hay luchadores del tipo “rudos” y “técnicos”, distintas llaves... 

Todo el pabellón animaba a unos y abucheaba a otros.

Enseguida nos unimos al jolgorio. 

Hay que tomárselo como un teatro. Son atletas, actores. Interpretan.

Aunque en verdad algunas volteretas eran impresionantes y, por mucho que estén entrenados y coreografiados, algunos golpes fueron considerables.

Un combate tras otro. Individuales, por parejas, tríos. 
Salían del cuadrilátero y luchaban entre las gradas, provocaban al publico y este les provocaba a ellos. Saltos, volatines, sonoras tortas... 
La mayoría de asistentes llevaba sus características máscaras.

El público también participa

Aquello era una auténtica fiesta.

Chavales y adultos se entregan, conocen a sus ídolos, les vitorean, se meten con el arbitro (al que llamaban el referí)

¡Padrísimo!





La mejor despedida: mariachis al caer la noche

¿Se puede completar más un día tan mexicano?

La respuesta es sí. Escuchando mariachis.

Nos dirigimos hasta la Plaza de los Mariachis, donde elegimos una terraza para cenar.

Pedimos una parrillada con carne de res, pollo, chorizo, nopales, quesadillas, frijoles y cebolletas asadas.

Mientras, los mariachis cantaban rancheras.

¿Plaza de los Mariachis o El Parián?

Aunque disfrutamos mucho de la cena, debemos reconocer que esperábamos encontrar un ambiente más animado.

Era domingo por la noche y apenas había algunas mesas ocupadas.

Si tu objetivo es vivir una auténtica noche de mariachis, creemos que El Parián de Tlaquepaque ofrece un ambiente mucho más animado y pintoresco.



Nuestra experiencia

Guadalajara nos enseñó que las tradiciones no pertenecen a los museos. Aquí siguen formando parte de la vida cotidiana.

Los niños continúan soñando con ser charros.

Las familias llenan el lienzo charro cada domingo.

Los luchadores mantienen viva una pasión que atraviesa generaciones.

Y los mariachis siguen poniendo banda sonora a las noches de Jalisco.

Si Ciudad de México nos había permitido descubrir la grandeza histórica del país, Guadalajara nos enseñó su lado más festivo y tradicional. Pocas ciudades consiguen transmitir con tanta naturalidad el orgullo por su cultura.

Por eso, cuando alguien nos pregunta qué lugar representa mejor el México más tradicional, siempre respondemos lo mismo:

Guadalajara.


Consejos prácticos para visitar Guadalajara

Después de pasar dos días completos recorriendo Guadalajara, estas son las recomendaciones que creemos que pueden ayudarte a organizar mejor el viaje.

¿Cuántos días hacen falta para visitar Guadalajara?

Lo ideal es dedicar dos días completos.

El primero permite recorrer con calma el centro histórico, visitar sus principales monumentos y disfrutar de su ambiente.

El segundo puede dedicarse al impresionante Hospicio Cabañas y a vivir algunas de las tradiciones más representativas de Jalisco, como la charreada, la lucha libre o una velada de mariachis.

Si dispones de un tercer día, merece mucho la pena realizar la excursión al pueblo de Tequila o visitar con más tranquilidad Zapopan y San Pedro Tlaquepaque.


¿Cuál es la mejor época para viajar a Guadalajara?

Guadalajara puede visitarse durante todo el año gracias a su agradable clima.

Si puedes elegir las fechas, intenta que tu estancia incluya un domingo.

Ese día coinciden algunas de las experiencias más auténticas que ofrece la ciudad:

  • Charreadas.
  • Lucha libre mexicana.
  • Mariachis en El Parián de Tlaquepaque.

Si además viajas durante septiembre, podrás vivir las celebraciones de la Independencia de México, cuando la ciudad se llena de música, desfiles y ambiente festivo.


¿Es segura Guadalajara?

Durante nuestra estancia recorrimos el centro histórico caminando, utilizamos autobuses urbanos y nos desplazamos por diferentes barrios sin sufrir ningún incidente.

Como en cualquier destino, conviene aplicar el sentido común:

  • Evitar calles poco transitadas durante la noche.
  • Llevar únicamente el dinero necesario.
  • No exhibir objetos de gran valor.
  • Utilizar taxis oficiales o aplicaciones de transporte cuando sea necesario.

Nos sentimos cómodos durante toda la visita.


Presupuesto aproximado para dos días en Guadalajara

Estos fueron nuestros gastos:

Concepto

Precio

Autobús Zacatecas – Guadalajara

391 pesos

Bus urbano desde la estación

11 pesos

Hotel Casa Vilasanta

12 € por persona

Hospicio Cabañas

70 pesos

Charreada

Variable según el evento

Lucha libre

Desde 20 hasta 140 pesos

Cena en Los Faroles

4 €

Restaurante La Rinconada

Precio económico

Pastelería OK

Muy recomendable

En general, Guadalajara nos pareció una ciudad con una excelente relación calidad-precio.


Excursión recomendable

  • Pueblo de Tequila.

Lo mejor de Guadalajara

Si tuviéramos que elegir únicamente cinco experiencias imprescindibles serían estas:

  • Contemplar El Hombre de Fuego de José Clemente Orozco en el Hospicio Cabañas.
  • Pasear por el elegante centro histórico.
  • Asistir a una auténtica charreada.
  • Vivir una sesión de lucha libre mexicana.
  • Escuchar mariachis mientras cae la noche en Tlaquepaque.

¿Merece la pena visitar Guadalajara?

Sin ninguna duda.

Es una ciudad que combina patrimonio histórico, gastronomía, tradiciones y cultura como pocas en México.


¿Qué es lo más famoso de Guadalajara?

Los mariachis, el tequila, la charrería, el Hospicio Cabañas, el Teatro Degollado y su magnífico centro histórico.


¿Qué excursión hacer desde Guadalajara?

La más recomendable es Tequila, aunque también merecen mucho la pena Zapopan y San Pedro Tlaquepaque.


¿Se puede recorrer el centro histórico a pie?

Sí.

La mayor parte de los monumentos se encuentran muy próximos entre sí y el recorrido resulta cómodo y agradable.


¿Vale la pena visitar el Hospicio Cabañas?

Sí.

Para nosotros fue la visita más impresionante de Guadalajara y uno de los mejores museos de todo México.

Eso sí, recomendamos realizar la visita guiada para comprender el extraordinario simbolismo de los murales de José Clemente Orozco.


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