Oaxaca en 2 días: qué ver,
Monte Albán y rutas por los Valles Centrales
Oaxaca, la ciudad donde México conserva su alma
indígena
Comparaba
Oaxaca con un mantel arrugado que forma montañas, valles y volcanes.
Y pocas
definiciones describen mejor este estado.
Porque
Oaxaca es un territorio montañoso, complejo y fascinante donde conviven decenas
de pueblos indígenas, lenguas, tradiciones, mercados, gastronomías y artesanías
únicas.
Su capital
posee uno de los centros históricos más bellos de México, declarado Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO, y basta alejarse apenas unos kilómetros para
descubrir pequeños pueblos donde el tiempo parece haberse detenido.
Dedicamos dos jornadas completas a conocer
la ciudad y parte de los Valles Centrales.
Qué encontrarás en esta guía
- Qué ver en Oaxaca
- Cómo llegar
- Dónde alojarse
- Qué visitar en el centro
histórico
- Mercado 20 de Noviembre
- Calle Alcalá
- Iglesia de Santo Domingo
- Excursión por los Valles
Centrales
- Mercado indígena de Ocotlán
- Alebrijes de San Martín
Tilcajete
- Cerámica negra de San Bartolo
Coyotepec
- Monte Albán
- Gastronomía típica
- Consejos prácticos
Nuestro itinerario de 2 días
Día 1
- Zócalo
- Catedral
- Palacio de Gobierno
- Mercado 20 de Noviembre
- Calle Alcalá
- Iglesia de Santo Domingo
- Quinta Real
- Basílica de la Soledad
Día 2
- Mercado indígena de Ocotlán
- San Martín Tilcajete
- San Bartolo Coyotepec
- Mercado 20 de Noviembre
- Procesión tradicional
- Guelaguetza
Cómo llegar a Oaxaca
Oaxaca está
perfectamente comunicada con las principales ciudades mexicanas mediante
autobús y avión.
Nosotros
llegamos desde Puebla.
Autobús ADO
- 422 pesos (25€)
- 4 horas y media
- Partimos a 10´45h. Llegamos a 15´15h
El recorrido
atraviesa una bonita garganta, abundan los cactus.
En la televisión pusieron “el padrecito” de Cantinflas.
Cuando el autobús comenzó a descender apareció Oaxaca desde lo alto. La imagen de la ciudad, dominada por las torres de su catedral, fue una magnífica carta de presentación.
Dónde alojarse en Oaxaca
Nos alojamos
en el Hostal Paulina, situado en la calle Trujano, apenas dos calles al
sur del Zócalo.
- Excelente ubicación
- Habitación amplia
- Baño privado
- WiFi
- Desayuno incluido
- Patios interiores muy
agradables
- Ambiente tranquilo
Precio: 10,5 € por persona.
Otros
alojamientos recomendables:
- Posada del Centro
- Don Nino
- Los chapulines
- Pochon
- Quinta Real
Qué ver en Oaxaca
LAS DISTANCIAS SON PEQUEÑAS.
ES PERFECTA PARA RECORRER A PIE.
El Zócalo
Es el mejor lugar para comenzar la visita.
Aquí se encuentra la Catedral de Oaxaca.
| catedral |
Muy cerca
del Zócalo encontramos el Palacio de Gobierno.
Además de
albergar diversas exposiciones temporales, merece la pena entrar para
contemplar los magníficos murales realizados por Arturo García Bustos,
discípulo de Diego Rivera.
Durante
nuestra visita había varias exposiciones muy interesantes:
- cartografía histórica;
- mapas coloniales;
- trajes regionales de Oaxaca;
- una curiosa representación de la mayor torta del mundo.
| murales en el palacio gobierno |
Es uno de los lugares con más ambiente de toda la ciudad.
Aquí se
mezclan los olores del mole, el chocolate, las carnes asadas y las tortillas
recién hechas.
Dentro se encuentra el Pasillo de las Carnes Asadas, donde numerosos puestos cocinan al momento todo tipo de carnes, chorizos y longanizas: la BOTANA OAXAQUEÑA
Es un auténtico espectáculo gastronómico.
Peatonal, llena de edificios históricos, concentra:
- galerías de arte;
- cafeterías;
- tiendas de diseño;
- restaurantes;
- artesanías.
| C/Alcalá |
Al final de
Alcalá aparece uno de los grandes monumentos de México.
La iglesia de Santo Domingo impresiona tanto por fuera, con su fachada barroca, como por dentro.
Paralela a
Alcalá discurre otra calle llena de encanto.
Aquí abundan
las galerías de arte, talleres de diseño y tiendas de artesanía.
Precisamente fue en una de ellas donde encontramos el texto de Fernando Gálvez de Aguinaga comparando Oaxaca con un mantel arrugado.
Este
elegante hotel ocupa el antiguo convento de Santa Catalina.
Aunque no te alojes allí, merece la pena entrar para contemplar sus patios coloniales; los antiguos lavaderos; sus jardines.
Por las
noches suele organizar espectáculos de la Guelaguetza y cenas buffet.
Basílica de Nuestra Señora de la Soledad
Al caer la
tarde nos acercamos hasta este importante santuario.
Casualmente
estaban ensayando varios grupos de danza tradicional de la Guelaguetza.
Fue nuestro
primer contacto con el folclore oaxaqueño.
La música,
los vestidos regionales y el ambiente hacían difícil marcharse de allí.
Descubrimos
dos bares muy recomendables:
- La Chopería
- La Condesa
Especialmente
este último, decorado con muebles antiguos y salones de otra época.
Los precios, además, eran sorprendentemente bajos. Una cerveza costaba apenas 15 pesos. Un margarita 30$. (1´8€)
Terminamos
el día con unas hamburguesas al estilo mexicano compradas en un puesto
callejero.
Después, ya
en el hotel, acompañamos la cena con varios pasteles típicos:
- pay de queso;
- pay de nuez;
- rosca de nuez;
- el curioso "niño envuelto", parecido a un brazo de gitano.
DIA 2: Excursión por los Valles Centrales de Oaxaca
En apenas 50 kilómetros alrededor de la ciudad se concentran algunos de los mayores tesoros culturales del estado: antiguas ciudades zapotecas, mercados indígenas, talleres, (de cerámica negra, de alebrijes)
Los tres
grandes valles que confluyen en Oaxaca son:
- Valle de Etla, conocido por Atzompa y San
José el Mogote.
- Valle de Tlacolula, donde se encuentran El Tule,
Mitla y Teotitlán del Valle.
- Valle de Zimatlán, famoso por Monte Albán, San
Bartolo Coyotepec, San Martín Tilcajete y Ocotlán.
Nosotros elegimos este último porque era viernes, el día en que se celebra el mercado indígena de Ocotlán.
Ocotlán de Morelos: uno de los mercados indígenas más auténticos de Oaxaca
Desde la
pequeña estación de autobuses situada en las calles Bustamante y Arista parten
continuamente los autobuses hacia Ocotlán.
- Distancia: 30 km.
- Precio: 15 pesos.
- Duración: unos 40 minutos.
Nada más bajar del autobús comprendimos que habíamos acertado.
Todo el pueblo gira alrededor del mercado semanal.
Es un mercado donde compran los propios habitantes de la comarca. Y precisamente ahí reside su encanto.
Mujeres con
vestidos tradicionales, campesinos llegados desde pequeñas aldeas.
Había
herramientas agrícolas, sombreros de palma, frutas, nopales, cal,
hierbas medicinales, animales vivos, artesanía de madera, montones de chiles secos.
Nos llamó la atención la gran cantidad de molinillos de madera para
batir el chocolate, una auténtica institución en Oaxaca.
También
vimos cómo preparaban el pozol, una bebida energética elaborada con
masa de maíz mezclada con agua y que, según la zona, puede incorporar azúcar,
cacao o chile.
Entre los puestos apareció incluso un adivino que utilizaba un pequeño pájaro para sacar con el pico una papeleta con el supuesto futuro del cliente.
| lencería |
| mercado de Ocotlán |
La iglesia de Ocotlán
En pleno
mercado se levanta la iglesia de Ocotlán.
Su fachada barroca destaca sobre el continuo ir y venir de vendedores y compradores.
A pocos
kilómetros de Ocotlán otro pueblo interesante es San Martín Tilcajete.
Autobús local 10 pesos-0´6€
Es un pueblo pequeño, apenas unas pocas calles, conocido internacionalmente por sus alebrijes.
¿Qué son los alebrijes?
Son figuras fantásticas talladas en madera y decoradas con colores
vivos y complejos dibujos geométricos.
Representan
animales imposibles surgidos de la imaginación de los artesanos.
Dragones con cabeza de conejo. Coyotes con alas. Jaguares con cuernos.
Aunque hoy se han convertido en uno de los grandes símbolos artesanales de México, en San Martín Tilcajete cada familia desarrolla su propio estilo y transmite el oficio de generación en generación.
Entramos en varios talleres. El que más nos gustó fue el de Vicente Hernández.
Con enorme
amabilidad nos explicó cómo seleccionaban la madera, el tiempo de secado, el
tallado y el paciente proceso de pintura.
Nos habló
orgulloso de su padre, de su abuelo y de su bisabuelo, todos ellos dedicados al
mismo oficio.
Y todavía nos esperaba una sorpresa.
Los alebrijes que brillan en la oscuridad
De pronto apagó todas las luces.
Comenzaron a aparecer figuras fluorescentes que brillaban con intensidad.
Los dibujos pintados sobre los alebrijes parecían cobrar vida. Un efecto espectacular.
Los habian pintado con pintura fluorescente.
Vicente Hernández
|
Antes de
marcharnos hicimos una pausa en la plaza del pueblo.
Frente a la
iglesia probamos unos excelentes helados artesanales.
Especialmente recomendables los de leche quemada y nuez.
San Bartolo Coyotepec y la
cerámica negra
Desde San
Martín tomamos un taxi hasta San Bartolo Coyotepec, otro de los
pueblos artesanos imprescindibles de Oaxaca.
Su fama se
debe a una técnica única: la cerámica negra.
El origen de la cerámica negra
Durante
siglos los alfareros elaboraban piezas de barro gris mate.
Todo cambió
cuando Doña Rosa Real descubrió que, puliendo cuidadosamente el barro
antes de la cocción, las piezas adquirían un espectacular brillo metálico
completamente natural.
Aquella
innovación revolucionó la artesanía local y convirtió a San Bartolo en uno de
los pueblos más conocidos de Oaxaca.
Qué visitar en San Bartolo Coyotepec
Recorrimos
el mercado artesanal y visitamos el taller de Doña Rosa, donde todavía hoy se
explica el proceso tradicional de elaboración.
También
merece la pena entrar en el pequeño Museo Estatal de Arte Popular.
Aunque no es
muy grande, ayuda a comprender la enorme riqueza artesanal del estado de
Oaxaca.
Después regresamos en autobús a la ciudad.
Comer en el Mercado 20 de
Noviembre
De vuelta en
Oaxaca regresamos al Mercado 20 de Noviembre.
Probamos algunos de los platos más representativos de la gastronomía oaxaqueña:
- Mole negro.
- Mole rojo.
- Amarillo de res.
- Tlayuda, considerada por muchos
la "pizza mexicana".
Los moles
merecen un capítulo aparte.
En Oaxaca
existen numerosas variedades:
- mole negro;
- mole rojo;
- mole amarillo;
- mole verde;
- coloradito;
- manchamanteles.
Cada uno posee ingredientes y sabores completamente distintos.
Situada a apenas 10 kilómetros del centro, fue la capital del poderoso pueblo zapoteca y uno de los asentamientos más importantes de toda Mesoamérica.
Su historia
comenzó alrededor del 500 a. C. y llegó a convertirse en un importante
centro político, religioso y científico.
Los
zapotecas fueron una civilización extraordinariamente avanzada. Fueron pioneros
en el uso de la escritura jeroglífica y desarrollaron uno de los calendarios
más antiguos de América.
Hoy, Monte
Albán está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y
constituye uno de los yacimientos arqueológicos imprescindibles de México.
En el
recinto pueden visitarse:
- La Gran Plaza.
- Varias pirámides ceremoniales.
- El Juego de Pelota.
- Palacios.
- Tumbas.
- Los relieves de los
"Danzantes", una de las manifestaciones escultóricas más
antiguas de Mesoamérica.
Desde Oaxaca
parten autobuses y furgonetas prácticamente cada hora.
- Distancia: 10 km.
- Precio aproximado: 40 pesos.
- Último regreso: alrededor de las 18:00.
Aunque
teníamos previsto dedicar la tarde a Monte Albán, ocurrió algo completamente
inesperado.
Al regresar
de los pueblos del Valle Central nos encontramos con que el centro histórico estaba
tomado por una gran procesión popular.
Y decidimos
cambiar los planes.
Fue una de
las mejores decisiones del viaje.
Una tarde de Guelaguetza
inesperada
Las calles
comenzaron a llenarse de grupos vestidos con los trajes tradicionales de las
distintas regiones de Oaxaca.
Cada
comparsa iba acompañada por su propia banda de música.
Sonaban
trompetas, tambores, cornetas y cohetes.
Las mujeres
lucían enormes faldas bordadas de vivos colores.
Los hombres
vestían pantalón blanco, pañuelo rojo al cuello y sombrero.
Las comparsas avanzaban lentamente entre bailes, sonrisas y ofrendas florales hasta concentrarse en torno a la iglesia de Santo Domingo.
El ambiente
era extraordinario.
Dos realidades en una misma
plaza
Aquella
tarde vivimos también uno de los momentos más emotivos del viaje.
Frente a la
plaza de Santo Domingo se había instalado un escenario donde una escuela
privada ofrecía una exhibición de ballet infantil.
Las niñas aparecían impecablemente vestidas con sus tutús. Sus padres las grababan orgullosos desde las primeras filas. Todo transmitía ilusión.
Mientras contemplábamos el espectáculo apareció una niña de unos ocho o nueve años. Llevaba colgada al cuello una pequeña caja de cartón llena de golosinas que intentaba vender por las calles.
Vestía un chándal gastado. Iba descalza.
No pidió dinero. No molestó a nadie. Simplemente se quedó inmóvil frente al escenario.
Durante toda la actuación no apartó la mirada de aquellas niñas que bailaban. Ese mundo tan ajeno a ella. Parecía hipnotizada.
Cuando
terminó la función, los padres corrieron a abrazar a sus hijas, les pusieron un
abrigo para que no pasaran frío y comenzaron a marcharse.
La pequeña
vendedora siguió allí unos segundos más. No hubo atenciones para ella.
Después
desapareció entre la multitud exactamente igual que había llegado.
Sin hacer
ruido.
Fue una
imagen que resume dos realidades que conviven en muchas ciudades mexicanas.
Y una de esas escenas que quedan grabadas.
Por las calles de Oaxaca vi otros chavales con su cajetín, pillos, espabilados,
¡10 pesitos, señor; no más por un paquete de chocolatinas. 10 pesitos!
| espectaculo en el zocalo |
Para
terminar el día asistimos a otra actuación en la calle Alcalá.
Un grupo
interpretaba "fado mexicano".
Después
cenamos en una pequeña taquería cercana al centro.
Y terminamos la jornada en el histórico Café El Jardín, situado frente al Zócalo. Allí pedimos una taza del famoso chocolate oaxaqueño, una bebida espesa y aromática que constituye otra de las grandes señas de identidad gastronómicas del estado.
Nuestra valoración de Oaxaca
Oaxaca fue
una de las ciudades que más nos sorprendió durante nuestro recorrido por
México.
Su magnífico
centro histórico, la belleza de Santo Domingo, la animación de sus mercados, la
riqueza gastronómica, los pueblos artesanos de los Valles Centrales y el fuerte
peso de las tradiciones indígenas la convierten en un destino imprescindible.
Pero, por
encima de todo, nos quedamos con su ambiente.
Con las
calles llenas de música.
Con la
Guelaguetza.
Con los
talleres donde varias generaciones continúan elaborando alebrijes y cerámica
negra.
Y con
aquella pequeña vendedora de golosinas que, durante unos minutos, soñó frente a
un escenario de ballet.


No hay comentarios:
Publicar un comentario