Samarcanda, Uzbekistán: qué
ver y hacer en la ciudad de la Ruta de la Seda
Samarcanda.
Afrasiab, Marakanda, Samarkanda, САМАРКАНД.
Una ciudad
con muchos nombres y una historia todavía mayor.
Samarcanda es una de las grandes protagonistas de la Ruta de la Seda, una auténtica encrucijada de culturas situada en el corazón de Asia Central.
Su historia se
pierde en la Antigüedad y está ligada a persas, griegos, árabes, mongoles y,
sobre todo, a Amir Timur, Tamerlán, que en 1370 convirtió la ciudad en
la capital de su poderoso imperio.
Fue entonces
cuando Samarcanda comenzó a adquirir esa imagen monumental que hoy la ha
convertido en uno de los grandes destinos turísticos de Uzbekistán: enormes
madrasas, mezquitas, mausoleos, cúpulas turquesas, minaretes y los
característicos pishtak, las grandes fachadas monumentales que preceden
a muchos de sus edificios.
El Registán,
la mezquita Bibi Khanum, la necrópolis de Shah-i-Zinda o el mausoleo Gur-e-Emir
son algunos de los lugares imprescindibles que explican por qué Samarcanda
ocupa un lugar tan especial en la historia de la Ruta de la Seda.
Índice
- Información práctica de Samarcanda
- 1.1. Unas pinceladas de historia
- Cómo llegar a Samarcanda
- 2.1En tren desde Tashkent
- Dónde dormir en Samarcanda
- 3.1. Karavan Serail Hotel
- Qué ver en Samarcanda
- 4.1. Mezquita Bibi Khanum
- 4.2. Mezquita Hazrat y la
antigua Afrasiab
- 4.3. Shah-i-Zinda, la
necrópolis timúrida
- 4.4. El Registán
- 4.5. Gur-e-Emir, el mausoleo
de Tamerlán
- 4.6. Mausoleo de Ruhabad
- 4.7. Afrasiab. Museo. Tumba de Daniel. Observatorio de Ulugh Beg
- Consejos para visitar Samarcanda
- Nuestra impresión
- Shakhrisabz, la ciudad natal de
Tamerlán
- Palacio Ak-Saray
- Los mercados de
Shakhrisabz
- Complejo Dorut Tilavat
- La tumba de Tamerlán
- Dónde comer durante la ruta
- 6.1. Restaurante Labi Gor
- 6.2. Restaurante Mo'jiza
Samarcanda
se encuentra en el centro de Uzbekistán y es uno de los grandes destinos de la
antigua Ruta de la Seda.
La ciudad
histórica se articula alrededor de algunos de sus grandes monumentos, que
permiten organizar fácilmente una visita a pie: la mezquita Bibi Khanum,
Shah-i-Zinda, el Registán y Gur-e-Emir.
Acercarse también a la antigua Afrasiab.
Un poco de historia
Los orígenes
de Samarcanda se remontan a la Antigüedad. La antigua Afrasiab se
encontraba al norte de la ciudad actual, sobre una colina, y constituye el
origen histórico de la actual Samarcanda.
Los persas
aqueménidas incorporaron la ciudad a su imperio hasta que, en el año 329 a. C.,
Alejandro Magno conquistó Maracanda, nombre con el que era conocida
entonces.
Durante los
siglos posteriores pasaron por ella diferentes pueblos y poderes, hasta que los
árabes incorporaron la ciudad al mundo islámico.
En el siglo
XIII, Gengis Khan destruyó Samarcanda, aunque la ciudad consiguió
resurgir posteriormente y volver a ocupar una posición destacada en las rutas
comerciales de Asia Central.
El gran
momento de esplendor llegó en 1370, cuando Amir Timur, Tamerlán,
eligió Samarcanda como capital de su imperio.
La ciudad se
transformó entonces en un enorme proyecto monumental. Tamerlán reunió a
arquitectos, artesanos y artistas procedentes de diferentes territorios
conquistados para levantar mezquitas, madrasas, palacios y mausoleos.
Sus
sucesores continuaron aquella labor, especialmente su nieto Ulugh Beg,
gran gobernante, astrónomo y científico.
El resultado
fue una arquitectura monumental que hoy constituye uno de los mayores
atractivos de Uzbekistán: el Registán, Bibi Khanum, Shah-i-Zinda y Gur-e-Emir.
El viajero
español Ruy González de Clavijo, que visitó Samarcanda en 1404 como
embajador ante Tamerlán, quedó impresionado por el esplendor de la ciudad y
dejó constancia de ello en sus crónicas.
Junto con Bukhara
y Khiva, Samarcanda forma parte de ese extraordinario trío de ciudades
históricas que mejor representan la Ruta de la Seda en Uzbekistán.
2. Cómo llegar a Samarcanda
2.1. En tren desde Tashkent
En aquella época existían diferentes servicios entre Tashkent y Samarcanda.
- Tren rápido (Ave): unas 2 h 10 min, 52.000 som.
- Tren convencional: unas 3 h 30 min, 32.000 som.
El tren rápido estaba completo, por lo que finalmente tomamos el tren convencional de las 8:30. Cómodo. Puntual.
Llegamos a Samarcanda alrededor de las 12:00.
La estación quedaba entonces algo alejada de la zona monumental. Para llegar al hotel utilizamos dos taxis. 10.000 som por taxi.
| el tren normal y el ave |
3. Dónde dormir en Samarcanda
3.1. Karavan Serail Hotel
Situado a unos
cinco minutos a pie del Registán.
La elección
tenía además un punto simbólico: estando en plena Ruta de la Seda, ¿qué mejor
que dormir en un lugar cuyo nombre recuerda a los antiguos caravasares que
acogían a comerciantes y viajeros?
El hotel contaba con un patio de entrada y una decoración de inspiración tradicional.
Las habitaciones eran dobles, con baño, wifi y televisión, e incluían el
desayuno.
14 € por persona. (2014)
Su personal fue de lo más atento.
La ubicación era uno de sus principales atractivos: permitía llegar caminando en pocos minutos a algunos de los lugares fundamentales de Samarcanda.
4. Qué ver en Samarcanda
4.1. Mezquita Bibi Khanum
La primera
gran visita fue la mezquita Bibi Khanum.
Sus grandes
cúpulas azules y su monumental fachada constituyen una de las imágenes más
reconocibles de Samarcanda.
La
construcción fue iniciada por Tamerlán en 1399, después de su campaña en la
India, con la intención de dotar a su capital de una mezquita acorde con el
poder y la magnificencia de su imperio.
Para
levantarla se recurrió a arquitectos y artesanos procedentes de diferentes
territorios.
Entrada 10.000 som, 2,60 € (2014)
La leyenda del beso
Bibi Khanum era una de las esposas de Tamerlán. Quiso sorprender al conquistador a su regreso de una de sus campañas con la construcción de la más grande y vistosa mezquita.
El
arquitecto encargado de la obra se habría enamorado de ella y habría exigido un
beso como condición para terminarla a tiempo.
Frente a la mezquita se encuentra el pequeño mausoleo asociado a Bibi Khanum.
La mezquita quedaba equidistante entre Afrosiab al norte y el Registán al sur, ambas a 10-15min a pie. Una gran avenida peatonal las unía.
Nos dirigimos a la mezquita
Hazrat, en la zona arqueológica de la antigua Afrasiab.
Aquí se encuentra el origen histórico de Samarcanda: la ciudad antigua que ocupaba una posición estratégica mucho antes del esplendor timúrida.
| mezquita Hazrat |
4.3. Shah-i-Zinda, la necrópolis timúrida
A unos 300
metros de la mezquita Hazrat se encuentra Shah-i-Zinda, una de las
visitas imprescindibles de Samarcanda.
El nombre
suele traducirse como “Rey viviente” y el conjunto está formado por una
sucesión de mausoleos, muchos de ellos pertenecientes a miembros de la élite y
de las familias relacionadas con la dinastía timúrida.
La entrada
costaba 7.000 som en 2014.
Tras
atravesar el monumental pishtak de entrada comienza una escalera que conduce
hacia el núcleo de la necrópolis.
A ambos lados de un estrecho corredor aparecen los diferentes mausoleos, revestidos con una extraordinaria decoración de azulejos. Cada uno posee su propia composición, pero todos comparten una característica: una decoración extraordinariamente rica en tonos azules, turquesas y verdes.
En el interior, justo bajo la cúpula, se encontraban las tumbas que eran unos sarcófagos puramente blancos. Contrastaba su simpleza con la abigarrada decoración de paredes y cúpulas.
Entre ellos destacan los mausoleos de Shirin Beka y Turkan Oko, relacionados con la familia de Tamerlán.
Los juegos de luz, los reflejos, aquella piel de geometrías, todo se conjuntaba para hacer aquello mágico, abrumador.
Es uno de los espacios más impresionantes de todo Uzbekistán.
4.4. El Registán
Desde
Shah-i-Zinda continuamos el recorrido por la gran avenida peatonal que conduce
hacia el corazón monumental de Samarcanda: el Registán.
Aquí se
encuentra uno de los conjuntos arquitectónicos más espectaculares de toda la
Ruta de la Seda.
El Registán
está formado por tres grandes madrasas dispuestas en forma de U:
- Ulugh Beg, construida en 1420.
- Sher-Dor, terminada en 1636.
- Tilla-Kari, terminada en 1660.
El conjunto
fue desarrollándose a lo largo de varios siglos, comenzando durante el gobierno
de Ulugh Beg, nieto de Tamerlán, y alcanzando su configuración
definitiva dos siglos después.
El término madrasa
hace referencia a una institución educativa islámica. En ellas se estudiaban
materias religiosas, pero también disciplinas como astronomía, filosofía,
medicina o matemáticas.
La primera
impresión al situarse frente a la plaza resulta difícil de describir. Las
enormes fachadas, los minaretes y las cúpulas crean un espacio monumental que
parece pensado para sobrecoger al visitante.
Entrada 16.500 som por persona. (5€. 2014)
Tilla-Kari
Entre las
tres madrasas destaca especialmente Tilla-Kari, cuyo nombre significa
“decorada de oro”.
Sher-Dor
La madrasa Sher-Dor
significa literalmente “la que tiene leones”.
Su fachada
resulta especialmente llamativa por las representaciones de dos grandes
felinos, acompañados por motivos solares y otros elementos decorativos.
Se han convertido en una de las imágenes más conocidas del Registán. Tanto que está en los billetes de 200som
Fue fascinante ver el Registán a distintas horas del día
4.5. Gur-e-Emir, el mausoleo de Tamerlán
Desde el
Registán se continúa el paseo hasta Gur-e-Emir, el mausoleo de Tamerlán.
El edificio
aparece aislado en medio de un espacio ajardinado y presenta la combinación
arquitectónica que caracteriza buena parte de la Samarcanda timúrida: gran
pishtak, cúpula y minaretes.
En su interior se encuentran las tumbas de Tamerlán y de varios miembros de su familia y personas relevantes de su entorno.
4.6. Mausoleo de Ruhabad
En las
proximidades de Gur-e-Emir se encuentra también el mausoleo de Ruhabad,
de dimensiones más modestas.
Partimos a 9h en un moderno monovolumen. Nuestro chófer se llamaba... ¡Chocolat!
El museo de Afrasiab
En esta zona se han encontrado restos arqueológicos que permiten reconstruir la evolución de la ciudad desde la Antigüedad. El museo de Afrasiab reúne materiales y explicaciones sobre aquel pasado, anterior a la Samarcanda monumental que hoy atrae a la mayoría de los viajeros.
La tumba atribuida al profeta Daniel
A la salida
de Samarcanda, en la zona arqueológica de Afrasiab y junto al río, hicimos una parada en este mausoleo que la tradición local atribuye al profeta
Daniel.
El interior alberga un sarcófago extraordinariamente largo, cubierto por una tela verde con inscripciones de caligrafía árabe.
Según una leyenda, su tamaño se explica
porque el profeta continuó creciendo incluso después de muerto.
La historia
resulta tan singular como el propio sepulcro, convertido en lugar de
peregrinación para visitantes de distintas tradiciones religiosas.
| tumba profeta Daniel |
El observatorio de Ulugh Beg
A unos diez
minutos por carretera se encuentra el observatorio de Ulugh Beg, nieto de
Tamerlán y uno de los grandes impulsores de la astronomía en el mundo islámico
medieval.
Ulugh Beg
fue mucho más que un gobernante: dedicó buena parte de su actividad al estudio
de los astros y promovió investigaciones que alcanzaron una notable precisión
para su época.
Del
observatorio se conserva parte del enorme instrumento astronómico utilizado
para calcular la posición de las estrellas. El museo permite completar la
visita con información sobre sus trabajos, instrumentos y contribuciones
científicas.
5. Consejos para visitar Samarcanda
- Dedicar tiempo a Samarcanda. Sus grandes monumentos merecen
una visita pausada. No conviene reducir la ciudad únicamente a una
sucesión de fotografías frente al Registán.
- No olvidar Afrasiab. La zona arqueológica y su
museo ayudan a comprender el pasado más antiguo de Samarcanda, anterior a
la etapa timúrida.
- Valorar una excursión a
Shakhrisabz. Es una
buena opción para quienes desean profundizar en la historia de Tamerlán.
- Considerar el transporte
privado si se continúa hacia Bujará. En nuestro caso permitió enlazar la visita de
Shakhrisabz con el viaje a Bujará e incluir varias paradas.
- Llevar dinero para entradas y pequeños gastos. Los precios anotados en este artículo son los de nuestro viaje de 2014; hay que comprobar las tarifas actuales antes de desplazarse.
- Aprovechar los mercados. Son una oportunidad para
descubrir productos locales, observar las costumbres y acercarse a la vida
cotidiana más allá de los monumentos.
- Disfrutar de las paradas en
carretera. Los
restaurantes frecuentados por la población local pueden ofrecer una
experiencia tan interesante como una visita turística, además de permitir
probar platos y panes tradicionales.
6. Nuestra impresión de Samarcanda
Samarcanda es uno de esos lugares que justifican por sí solos un viaje. Pocas ciudades consiguen transmitir con tanta fuerza la grandeza de la antigua Ruta de la Seda, cuando caravanas cargadas de mercancías, comerciantes y viajeros atravesaban Asia Central conectando Oriente y Occidente.
La ciudad sorprende por la monumentalidad de sus edificios, la riqueza de sus mosaicos y la intensidad de sus colores.
El Registán, con sus tres madrasas enfrentadas, es una de esas imágenes que permanecen en la memoria mucho después de abandonar el lugar.
Pero Samarcanda no se limita a esta plaza extraordinaria: el mausoleo Gur-e Amir, la necrópolis de Shah-i-Zinda y la mezquita Bibi Khanum permiten descubrir diferentes facetas de un pasado marcado por el poder, la religión y la ambición arquitectónica de los grandes gobernantes timúridas.
Pasear por sus monumentos es acercarse a una época en la que Samarcanda ocupaba una posición privilegiada en las rutas comerciales y culturales de Asia.
Samarcanda invita a detenerse y observar. Los detalles de la cerámica, las cúpulas azules, los patios de las antiguas madrasas y la vida cotidiana que continúa alrededor de estos espacios históricos.
Una ciudad que convierte la historia en algo visible y tangible.
Basta con recorrerla para comprender por qué su nombre ha despertado fascinación durante siglos.
1. Shakhrisabz, la ciudad natal de Tamerlán, camino de Bukhara (Uzbekistán)
A noventa kilómetros de Samarcanda, al otro lado de las montañas, se encuentra Shakhrisabz, la ciudad natal de Amir Timur, conocido en Occidente como Tamerlán.
Aunque menos monumental y turística que Samarcanda, esta histórica localidad ocupa un lugar destacado en la historia del país por su estrecha vinculación con uno de los conquistadores más poderosos de Asia Central.
Sus ruinas monumentales, los restos del imponente palacio Ak-Saray y los complejos religiosos y funerarios evocan la grandeza del Imperio timúrida.
Visitar Shakhrisabz permite descubrir otra faceta del legado de Tamerlán y completar el recorrido por una región donde la historia de la Ruta de la Seda sigue muy presente.
Índice
- Shakhrisabz, la ciudad natal de Tamerlán
- Cómo llegar a Shakhrisabz
- Qué ver en Shakhrisabz
- 2.1. Palacio Ak-Saray, el
palacio de Tamerlán
- 2.2. Un paseo por la avenida
monumental
- 2.3. Los mercados de
Shakhrisabz
- 2.4. Complejo Dorut Tilavat
- 2.5. La cripta vinculada a
Tamerlán
- De Shakhrisabz a Bujará: una
parada en Qasi
- Dónde comer durante la ruta
- 4.1. Restaurante Mo'jiza, en
Qasi
- Nuestra impresión
2. Cómo llegar a Shakhrisabz
Bien comunicada con otras ciudades uzbecas, sobre todo con Samarcanda, a 90km.
Nosotros lo hicimos mediante transporte privado, incluyendo:
- la visita de Afrasiab, a las afueras de Samarcanda (museo, tumba de Daniel, observatorio de Ulugh Beg)
- visita de Shakhrisabz
- traslado a Bukhara.
Partimos a 9h en un moderno monovolumen. Nuestro chófer se llamaba... ¡Chocolat!
Desde Samarcanda salimos a una carretera que atravesaba aldeas y paisajes rurales.
Por el camino vimos casas humildes de adobe y numerosas personas con vestimenta tradicional uzbeka. Nos llamaron especialmente la atención los largos caftanes de vivos colores que llevaban muchas mujeres.
3. Qué ver en Shakhrisabz
Shakhrisabz
fue una de las ciudades importantes del poder timúrida y es conocida, sobre
todo, por ser el lugar de nacimiento de Tamerlán.
Entre medias se situaban otras mezquitas, el museo y, sobre todo, ¡unos mercados llenos de vida!
En 2014 varios
tramos estaban en obras, por lo que tuvimos que caminar por zonas levantadas y
embarradas. Pese a las molestias, el recorrido nos permitió descubrir una
ciudad impresionante.
3.1. Palacio Ak-Saray, el palacio de Tamerlán
La primera
parada fue el palacio de Ak-Saray, cuyo nombre suele traducirse como «Palacio
Blanco».
El conjunto
original debió de ser colosal, pero de él solo se conservan partes de las
grandes torres que flanqueaban la entrada. Aun así, sus dimensiones permiten
imaginar la ambición arquitectónica de Tamerlán y la importancia que quiso
conceder a su ciudad natal.
Frente a los restos del palacio encontramos una estatua del conquistador.
Desde
Ak-Saray seguimos a pie por la avenida principal, donde se concentraban varios
de los monumentos de la ciudad.
En nuestro viaje, el recorrido estaba condicionado por las obras de acondicionamiento. El terreno aparecía levantado y embarrado, y algunos edificios también se encontraban en restauración.
Vimos varias mezquitas de ladrillo visto y el museo.
Si los
monumentos nos parecieron interesantes, el mercado fue uno de los lugares que
más disfrutamos.
Había puestos cubiertos y, sobre todo, un mercado al aire libre que se extendía a lo largo de la avenida hasta las inmediaciones de la gran mezquita.
La actividad era constante y los productos se sucedían de un puesto a otro. Encontramos frutos secos, garbanzos que se vendían todavía unidos a sus plantas, melones, sandías y carnes expuestas sobre carretillas. Los panes se apilaban en expositores muy originales: ¡algunos eran carritos de bebé reutilizados como mostradores!
También nos
llamaron la atención unas cunas de madera pintadas con colores vivos y con un
agujero circular en la base, además de los puestos de telas y los hornos de
adobe donde se preparaban empanadas de carne.
Uno de los
rincones más curiosos era el de las joyeras. Varias mujeres se sentaban
formando un corro y exhibían sobre sus rodillas pequeños estuches abiertos con
pendientes, anillos, pulseras y otras piezas. En lugar de las vitrinas de una
joyería convencional, cada vendedora llevaba consigo su propio muestrario.
Aquel
mercado nos permitió acercarnos a una faceta cotidiana de Uzbekistán que
complementaba muy bien la visita monumental. Fue, sin duda, uno de los
recuerdos más vivos de nuestra estancia en Shakhrisabz.
3.4. Complejo Dorut Tilavat
Siguiendo
los puestos del mercado llegamos al conjunto monumental de Dorut Tilavat, uno
de los principales lugares históricos de Shakhrisabz.
El complejo
reúne edificios religiosos y funerarios vinculados a la tradición timúrida.
Entre sus elementos destacan las mezquitas, las cúpulas y los mausoleos, con
las grandes puertas monumentales —los pishtak—.
En el entorno del complejo se encuentra una cripta subterránea tradicionalmente asociada a Tamerlán.
Desde el exterior, la entrada resulta discreta; una
pequeña escalera desciende aproximadamente un metro hasta una sala de planta
octogonal, en cuyo centro se encuentra un sarcófago de piedra.
La tradición
cuenta que Tamerlán deseaba ser enterrado en su ciudad natal, pero finalmente
sus restos reposan en el mausoleo de Gur-e-Emir, en Samarcanda.
| tumba de Tamerlán |
A pesar de las obras, Shakhrisabz nos encantó. Tanto sus monumentos, como su gente. Sobre todo, recordamos aquel mercado lleno de vida situado a lo largo de la avenida principal.
4. De Shakhrisabz a Bujará: una parada en Qasi
A las 14:15
nos despedimos de Shakhrisabz y continuamos hacia Bujará. Por delante quedaba
un trayecto largo, a través de un paisaje cada vez más plano, gris y monótono.
Hicimos una parada en Qasi, en un restaurante de
carretera llamado Mo'jiza, muy frecuentado por la población local.
El
establecimiento contaba con varias zonas: una terraza al aire libre, un espacio
dedicado a la barbacoa, comedores interiores y una panadería propia.
Pedimos una
selección de ensaladas, sopas y pollo, además de cerveza y un delicioso té de
limón al que terminaríamos aficionándonos durante el viaje. La cuenta fue de
104.000 som para seis personas, unos 4,70 € por persona según el cambio de
entonces, e incluía también la invitación que hicimos a nuestro chófer,
Chocolat.
Como ocurre
tantas veces en los viajes por carretera, aquella comida fue mucho más que una
pausa para recuperar fuerzas: nos permitió conocer un restaurante cotidiano,
alejado de los circuitos turísticos, donde la vida local seguía su propio
ritmo.
Finalmente,
llegamos a Bujará a las 19:45, después de una jornada intensa que había
comenzado en Samarcanda y nos había llevado por la historia de Tamerlán hasta
su ciudad natal.
5.Nuestra impresión de Shakhrisabz
Shakhrisabz es una visita interesante para comprender mejor la historia de Uzbekistán y la figura de Tamerlán.
Frente a la monumentalidad de Samarcanda, aquí el atractivo reside especialmente en descubrir los vestigios de la ciudad que vio nacer al conquistador y que él quiso convertir en una capital digna de su imperio.
Las ruinas del palacio Ak-Saray evocan la ambición de aquel proyecto. Aunque apenas se conservan restos de lo que debió de ser una construcción extraordinaria.
No es una ciudad que necesite competir con Samarcanda, sino un complemento para comprenderla mejor. Una parada recomendable para quienes desean profundizar en la historia de Uzbekistán y seguir las huellas de uno de los grandes protagonistas de la Ruta de la Seda.

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